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CEACCU denuncia que el etiquetado de los alimentos funcionales no es ni veraz ni fiable
Recibida de CEACCU el 28-04-2004 a las 02:04

– Una sabrosa manera de cuidar tu colesterol-,
– cuida tus huesos-, -acción antioxidante-, -con fibra lipoactiva-, -salud integral-, -para cuidar tu cuerpo-, -Restan grasa, suman salud-, son reclamos cada vez más presentes en el etiquetado de los llamados alimentos funcionales o
– alimentos con- (con fibra, con bífidus, con calcio, con vitaminas...).

El problema surge cuando directa o indirectamente se vincula esa modificación del alimento con la prevención de enfermedades, a pesar de que la actual legislación prohí­be atribuir propiedades preventivas, terapéuticas o curativas de una enfermedad humana a los alimentos.

La Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios, CEACCU, ha realizado un estudio sobre el etiquetado de más de cien alimentos funcionales (aquellos que han sido modificados para actuar beneficiosamente sobre alguna función del organismo) de bollerí­a, leches, leches fermentadas, margarinas, grasas para untar, quesos, embutidos, bebidas, refrescos, huevos y aceites que concluye que la información que ofrecen estos productos es confusa, defectuosa e incompleta.

El estudio, -El etiquetado de los alimentos funcionales. Un análisis de mercado-, realizado por la veterinaria Carmen Arredondo Braña y que ha sido presentado hoy, realiza un análisis minucioso de la información que ofrecen en sus envases los alimentos de esos grupos, deteniéndose en los siguientes aspectos: ingrediente funcional incorporado, cómo se asocia el ingrediente a la marca comercial, alegación (reclamo) funcional empleada, explicación o no del efecto nutricional, estudios cientí­ficos que lo avalen, cantidad diaria recomendada, indicaciones a grupos de población, recomendaciones de vida sana, frases publicitarias presentes en el etiquetado, logotipos y promoción de otros productos de la misma marca.

Por grupos, estas son las conclusiones:

–  Pan tostado: La alegación más frecuente se refiere a la ausencia de colesterol y, por tanto, a la prevención de las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, el consumidor no tiene forma de saber qué cantidad de producto debe consumir para obtener los efectos deseados, ni si debe tener ciertas precauciones por pertenecer a los llamados grupos de riesgo. Tampoco se le informa de cómo actúa el ingrediente funcional, ni que estudios apoyan la tesis del fabricante.
–  Pan de molde: La mención funcional más importante es la referente a la ausencia de colesterol, quizá por la relación tradicional de estos productos con las grasas saturadas, tan perjudiciales para el sistema cardiovascular.
–  Galletas y bollerí­a : La mayorí­a de los productos de esta categorí­a intentan explicar el efecto de sus ingredientes, pero ninguno lo avala con estudios cientí­ficos. Tratan de convencer al consumidor de que los productos de bollerí­a pueden ser sanos, marcando la ausencia de azúcar y el incremento de fibra. La cantidad diaria recomendada de la mayorí­a de estos productos para considerar que el ingrediente funcional tenga algún efecto sobre nuestro organismo es completamente desproporcionada. En el caso de las Galletas de Cuétara deberí­amos ingerir diariamente más de una caja para que la L-Carnitina ejerciera su acción sobre las grasas, pero estarí­amos ingiriendo más de 115 gramos de grasa y más de 2600 Kcal. sólo con estas galletas, es decir, lo equivalente a la comida de todo el dí­a.
–  Leche: Más del 80% de los productos estudiados resaltaba en su etiquetado la presencia de vitaminas, si bien en este grupo es frecuente la aparición de múltiples alegaciones funcionales en el etiquetado de un mismo producto. Para distinguirse de otras marcas, los etiquetados hacen referencia a los estudios cientí­ficos que los avalan, pero sin llegar a concretar. La información sobre la composición nutricional y el efecto de los ingredientes funcionales es muy completa en toda esta categorí­a de alimentos, hecho relevante dado el gran consumo que se realiza de estos productos.
–  Leches fermentadas: El principal ingrediente funcional en esta categorí­a son los probióticos, tanto lactobacilos como bifidobacterias y así­ se demuestra en el etiquetado, siendo el Efecto Bí­fidus la mención funcional más frecuente. Sólo en el caso de Benecol (Kaiku) el consumidor obtiene toda la información necesaria sobre el producto, si bien no tiene acceso a esta información hasta que el producto ya ha sido adquirido. La presencia de logotipos o dibujos relacionados con la salud se reduce al mí­nimo en este grupo de alimentos, quizá por lo limitado del cartonaje.
–  Margarinas y grasas para untar: Los principales ingredientes nutricionales de esta categorí­a de alimentos son las vitaminas y el calcio. La presencia de frases publicitarias es masiva, refiriéndose muchas a la necesidad de controlar el colesterol. Es importante destacar el hecho de que se venden conjuntamente y sin diferenciación clara para el consumidor margarinas y grasas amarillas para untar. Esta confusión es propiciada por los propios fabricantes. Por ejemplo, Flora Proactiva, aprobada por la UE como grasa amarilla se anuncia como "Una nueva margarina vegetal ligera".
–  Quesos: "Con bí­fidus", "0% de materia grasa" y "Con fibra" son las alegaciones más usadas. En ningún caso puede hablarse de etiquetado completo.
–  Embutidos: la alegación reina se refiere al bajo contenido en grasa. El ingrediente funcional más frecuente son los prebióticos, lo que llega al nombre de la marca, encontrando una nomenclatura comercial de estos productos con el prefijo "Bio-".
–  Bebidas y refrescos: La presneica en el mercado de bebidas enriquecidas es abrumadora. Destaca principalmente la adición de de vitaminas, minerales, aunque la lista de ingredientes funcionales y menciones es amplí­sima. Es de resaltar por su pobreza el etiquetado de los refrescos Simon Life y Sunny Delight, a pesar de estar destinados fundamentalmente a la población infantil.
–  Huevos: "Rico en Omega 3" es la alegación presente en el 75% de estos productos, en lo que es un claro intento de luchar contra la "mala prensa" de este alimento por su alto contenido en colesterol. Sin embargo la información es insuficiente.
–  Aceites: La alegación más frecuente es, también, "Ricos en Omega 3".

Los derechos del consumidor.

CEACCU, a partir de este análisis, evalúa la incidencia de esta situación en los derechos del consumidor: a la información, a la protección de sus intereses económicos y a la salud. Sobre el impacto en el derecho a la información el estudio denuncia la presencia en el mercado de:

–  Etiquetado con información incompleta. Se refiere principalmente a las explicaciones sobre el efecto de los ingredientes funcionales y a la cantidad diaria a consumir para que dicho efecto se manifieste. Es el caso del etiquetado de los panes tostados, del queso o los huevos.
–  Etiquetados que inducen a error: productos que aseguran un efecto beneficioso, pero que para obtenerlo se deben consumir cantidades desproporcionadas del mismo. También se induce a error al consumidor mediante los dibujos empleados en el envase (logotipos con forma de corazón para evocar la prevención de enfermedades cardiovasculares) o con formas verbales ambiguas como "cuida tu corazón" o "cuida tu colesterol", sin dejar claro si es una recomendación para el consumidor o es una propiedad que se atribuye el producto.
–  Falta de información. Algo manifiesto en lo referente a efectos secundarios, por un consumo excesivo de determinados ingredientes funcionales, como podrí­a ser el caso de los antioxidantes o los ácidos Omega 3.

El precio de las promesas de salud

El estudio también incluye un aspecto que no es menor: el análisis comparativo de los precios de estos alimentos, donde se observan incrementos de hasta un 200% respecto al mismo alimento sin modificar.

En resumen, las conclusiones que este análisis comparativo arroja son:

–  Un aumento de precio, cercano al 190% en el grupo de las madalenas.
–  Un aumento de precio, que supera el 100% en los grupos: galletas, yogures naturales y yogures de sabores.

–  Un aumento de precio que ronda el 100% en los grupos:pan de molde, margarinas y huevos.

–  En varios grupos el incremento de precio se sitúan entre el 50% y el 80%: pan tostado, pan de leche y sobaos.

–  Aumentan el precio en menos de un 50%: croissants, leches, quesos, embutidos y zumos.

–  El conjunto de aceites sólo ve incrementado su precio en un 1%.

Recomendaciones

Dada la confusión constatada en este Informe, CEACCU recuerda a los consumidores que:

– Los alimentos funcionales no curan ni previenen por sí­ solos y no son indispensables en la dieta; una persona sana que sigue una dieta equilibrada ya ingiere todos los nutrientes que necesita, sin recurrir a esta nueva categorí­a de alimentos.

– Las comidas y bebidas que aseguran tener beneficios positivos para la salud han estado en el mercado Europeo desde hace mucho tiempo. Sin embargo, la efectividad bioquí­mica real de tales productos no ha sido siempre fácilmente probada y las pretensiones de la mayorí­a de estos alimentos han sido falsas o, al menos, no han estado respaldadas por ninguna evidencia cientí­fica seria.

– Un alimento se puede considerar funcional si se demuestra que, además de tener un efecto nutricional adecuado, afecta de forma beneficiosa a una o varias funciones del organismo de modo que contribuya a mejorar la salud y el bienestar o a reducir el riesgo de padecer enfermedades.

– Los alimentos funcionales no dejan de ser alimentos y deben demostrar sus efectos en las cantidades que se consideren normales para su consumo en la dieta.

– A pesar de que los productos funcionales representan sólo un pequeño porcentaje del consumo total de alimentos, las estadí­sticas demuestran que su consumo se está generalizando. Según datos recientes, la inclusión de los alimentos funcionales aumenta cada año en un 16%.

– Ante tal avalancha de nuevos productos el consumidor se ve ciertamente desprotegido. Sin embargo, no parece que el proyecto de Reglamento que actualmente prepara la Comisión y el Parlamento vaya a suponer mayores garantí­as para el consumidor.




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