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31 de Mayo. Dia Mundial sin Tabaco
Recibida de SEGG el 31-05-2002 a las 06:05

Los ancianos presentan un mayor riesgo ante las consecuancias nocivas del tabaco.

La Sociedad Española de Geriatrí­a y Gerontologí­a (SEGG) destaca que el abandono de este hábito por parte de las personas mayores no sólo aumenta su esperanza de vida, sino que reduce su dependencia tanto fí­sica como psí­quica.

Los profesionales médicos y el personal sanitario se convierten en el eje clave para lograr que el anciano fumador abandone el tabaco.

En el Dí­a Mundial sin Tabaco la Sociedad Española de Geriatrí­a y Gerontologí­a (SEGG) quiere hacer especial hincapié en los beneficios que supone dejar de fumar en un grupo de población que, debido a sus caracterí­sticas, es especialmente sensible a los efectos nocivos del tabaco: los ancianos.

Todos los estudios apuntan a que existe un aumento tanto de la morbilidad como de la mortalidad en los ancianos fumadores con respecto a los no fumadores, siendo este riesgo más elevando en los hombres que en las mujeres.

El anciano, por las caracterí­sticas inherentes al propio envejecimiento (cambios fisiológicos, comorbilidad, fragilidad etc.) presenta un mayor riesgo de enfermar por el tabaco. De la mortalidad atribuible al tabaco, tres cuartas partes son debidas a cuatro enfermedades: cáncer de pulmón; EPOC, cardiopatí­a isquémica y enfermedad cardiovascular. Todas ellas tienen una gran prevalencia en el anciano, e incluso es en este grupo de edad dónde se van a diagnosticar o comienzan a identificarse como enfermedades agudas o bien como empeoramientos de enfermedades crónicas ya conocidas, pero ahora con limitaciones funcionales, haciéndoles dependientes de una segunda persona.

Dejar de fumar a cualquier edad produce beneficios muy significativos en la salud. En el caso especí­fico de los ancianos que llevan décadas fumando, el abandonar este hábito nocivo puede:

– Evitar o reducir el riesgo de diversas enfermedades como las cardiopatí­as, el cáncer o las enfermedades respiratorias
– Estabilizar enfermedades ya presentes como la enfermedad obstructiva crónica
– Prolongar la vida y permitir un funcionamiento independiente con menos restricciones. Este punto puede constituirse como uno de los principales argumentos para aconsejar al anciano fumador que abandone su hábito, buscando una mejor calidad de vida frente a la simple perspectiva de prolongación de la misma.

Ante todos estos datos parece lógico pensar que la solución es fácil: abandonar el tabaco. Pero ésto habitualmente no se realiza de un dí­a para otro; suele ser un proceso más largo por el que va pasando el fumador a lo largo de varios años antes de que realice el intento definitivo de abandono de sus cigarrillos, y en el cuál confluyen otros aspectos como los enormes intereses económicos de las tabaqueras, la adicción que produce la nicotina entre sus consumidores, la recaudación de impuestos y la escasa sensibilización polí­tica ante este problema.

Pero sobre todo, en la vejez, influyen aspectos socioculturales adquiridos durante toda la vida y profundamente arraigados en la persona, que siguen perdurando muchas veces por el pensamiento erróneo de la sociedad e incluso del personal sanitario que dice "a esta edad, ¿para que sirve quitárselo?. Mejor dejarle tranquilo y que el tiempo que tenga que vivir que lo viva feliz"

La SEGG resalta que el tabaco constituye un serio e importante problema a considerar como habitual en la práctica geriátrica, tanto por su prevalencia en el consumo (más grave que en otros grupos, ya que probablemente llevan fumando muchos años), pero sobre todo por las consecuencias aditivas de la enfermedad que han ido arrastrando por su consumo (la mayorí­a de los que mueren o enferman por el tabaco no son especialmente "grandes fumadores", pero han empezado a fumar muy jóvenes).

Dado que los pacientes mayores visitan al médico o algún marco sanitario varias veces al año y en un porcentaje mayor al del resto de la población, los médicos y los profesionales sanitarios constituyen piezas fundamentales para que el anciano deje el tabaco. Así­, debe proporcionarse y hacerse accesible un tratamiento para dejar de fumar a todos los fumadores en todas sus visitas a la consulta.

Cobra clara relevancia en este caso, el papel claro, inequí­voco y serio de los profesionales de salud (enfermerí­a, médicos etc.), en proporcionar información adecuada sobre el tabaco a sus pacientes y al mismo tiempo, si éstos son fumadores, tomar un papel activo en su decisión de dejar de fumar y animar a que se respeten los espacios en los que está prohibida esta práctica.




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