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CECU, contraria a la sustitución de la cultura del ahorro por la cultura del crédito Recibida de CECU el 30-10-2006 a las 06:10
Desde la entrada del euro en 2001 se han encarecido los alimentos casi un 50%. CECU aprovecha la celebración mañana martes del Día Universal del Ahorro para hacer hincapié en la precaria situación de las economías domésticas que observan como día a día y sin que puedan evitarlo pierden poder adquisitivo. Entre un 50% y un 60% de la población española admite tener algún tipo de dificultad para llegar a fin de mes. Esto, sin duda, explica que la tasa de ahorro de los hogares españoles esté cayendo de forma paulatina desde hace tres años, cuando llegaba al 12%, quedando actualmente en el 9,4% de su renta disponible. Además, más del 60% de los hogares no pueden ni tan siquiera dedicar ese 9,4: declaran que no pueden ahorrar nada. Vistas las cifras, para buena parte de las economías domésticas resulta difícil hacer frente a cualquier imprevisto1. En esta coyuntura, no es de extrañar al auge del crédito en los últimos años. Bien para esos gastos inesperados, bien para algún extra, los ciudadanos recurren cada vez más a pedir dinero o a los pagos aplazados. El problema se agudiza cuando las fórmulas de contratación y de devolución del dinero se antojan para el usuario sencillas y cómodas: tarjetas de crédito, de fidelización, créditos rápidos de múltiples cantidades, hipotecas de hasta 50 años, préstamos personales flexibles"¦ Todas fórmulas válidas para hacer frente a algún problema puntual pero que usadas con asiduidad son la fuente del sobreendeudamiento actual del hogar español. Si tenemos en cuenta el aumento de los tipos de interés, con el consiguiente encarecimiento de buena parte de las hipotecas (el principal gasto de cualquier familia), que el uso de la tarjeta de crédito es ya algo habitual (y tienen intereses de hasta el 18%), que la solicitud de créditos rápidos está aumentando (un 25% en 2005 2 pese a operar con intereses de entre el 20% y el 30%) y que también está de moda la reunificación de préstamos (que no hace sino alargar el plazo de las deudas y crear gastos de tramitación) vemos que el panorama de futuro es el aumento de las deudas, la reducción del ahorro y la pérdida constante de poder adquisitivo. Un problema añadido es que el ahorro ofrece poco atractivo a los hogares que pueden contar con él: los bajos tipos de interés que se ofertan no ayudan, el hecho de que los bancos ofrecen más facilidades para endeudarse que para ahorrar y los actuales precios de la vivienda han hecho a los ahorradores decantarse por un producto inmobiliario que les ofrezca algo a cambio de su dinero, lo cual redunda en el aumento de precios y en las dificultades de acceso a la misma para buena parte de esa población que no puede ahorrar. Asimismo, es evidente que la llegada del euro no ha ayudado a que los ciudadanos nos equiparemos a Europa, al menos en cuanto al poder adquisitivo familiar. Pese a que España es el quinto país más rico del continente, según su PIB, sus habitantes ocupan el puesto 13 en lo que respecta a su poder de compra y todavía no llegan a la media europea en cuanto a su renta, estando aún a nueve puntos de converger en este apartado3. La explicación puede estar en una subida de precios enmascarada en la llegada del euro que no parece verse reflejada en el IPC (índice que suele tomarse como referencia para las subidas anuales de salarios y pensiones). Así, por ejemplo, tomando como referencia 30 alimentos habituales de la cesta de la compra y comparando sus precios entre 2001, año de entrada del euro, y 2006, vemos que su incremento medio ha sido del 48%, mientras que en ese mismo periodo el IPC señala un aumento del 20% en su índice general y del 24% en lo que respecta al apartado de Alimentos y Bebidas No Alcohólicas4. Por tanto, se aprecia que los precios de los alimentos se han incrementado el doble que los salarios en el mismo periodo. Planteada esta situación, CECU considera esencial que se emprendan actuaciones por parte de todos los sectores en base a este decálogo: 1. Solucionar los precios de la vivienda. Exigir a las diferentes administraciones soluciones eficaces al principal problema de sobreendeudamiento de las familias: la vivienda. Es loable y necesaria, aunque no suficiente, una ley hipotecaria que rebaje las comisiones o los gastos notariales, ya que hay que buscar una salida a viviendas que se ofrecen en el mercado con una sobrevaloración de un 20% ó 30% sobre el que debería ser su precio real. 2. Subidas de salarios y pensiones. Exigir a las administraciones, a los organismos estatales y a los diferentes agentes sociales que los índices que fijan las pensiones y los salarios coincidan, como mínimo, con una inflación real. 3. Congelar las subidas de tarifas. Exigir a las administraciones que no admitan subidas de precios y tarifas (en aquellas que tengan posibilidades por Ley) que estén por encima de esa inflación real. 4. Planificación. Los gastos fijos deben planificarse en relación a los ingresos fijos de las familias y sólo hacer gastos extraordinarios cuando haya ingresos extraordinarios. 5. Racionalizar los gastos fijos. Se debe hacer un uso racional de la energía y del agua, aprovechando iniciativas como las campañas Renove de electrodomésticos, ofertas reales de las compañías suministradoras"¦ 6. Estudiar con mucho cuidado los planes de endeudamiento que nos ofrecen diferentes empresas para reunificar los préstamos para no caer en aumentar la deuda alargándola en el tiempo. 7. Estudiar las ofertas bancarias. Algunas entidades financieras ofrecen posibilidades en caso de problemas de índole económico y teniendo obligaciones de pago por deudas (por ejemplo, la posibilidad de aplazar pagos si se produce una situación de paro). 8. Evitar el consumismo. No dejarse llevar por las tendencias de consumo actual provocadas por la publicidad y las grandes empresas. Cada uno debe comprar y consumir en base a sus posibilidades y los padres deben fomentar esta costumbre en sus hijos. En este sentido, sería interesante que las entidades financieras incentivaran el ahorro dirigido a menores abriendo ofertas de cartillas de ahorro bien remuneradas para fomentar una cultura del ahorro. 9. Evitar gastos innecesarios en alimentación. Se puede ahorrar evitando la compra de productos precocinados, que normalmente son más caros y buscando más la llamada "cocina tradicional", aunque, obviamente, esto significa invertir más tiempo en cocinar. También se debe aprovechar el consumo de ciertos productos según la temporada, ya que los productos que se compran fuera de su temporada pueden resultar más caros. 10. Si se puede invertir, hacerlo responsablemente. En caso de que podamos permitirnos hacer inversiones, cabe recordar que se pueden hacer en las llamadas Inversiones Socialmente Responsables (IRS), que nos ofrecen productos de inversión sobre los cuales se puede tener la certeza de que actúan bajo criterios de respeto a los derechos humanos, laborales y medioambientales. |
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