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La violencia sexual como arma de guerra
Recibida de Médicos Sin Fronteras el 27-04-2004 a las 01:04

Es totalmente erróneo pensar en la violencia sexual como una mera consecuencia o accidente de la guerra y el desplazamiento. La violencia sexual es también un arma de guerra.

Las mujeres, las jóvenes, e incluso niñas, son a menudo violadas, secuestradas y forzadas a la esclavitud sexual en momentos en los que las estructuras sociales y económicas se desmoronan y se pierden los lí­mites normales de todo tipo de violencia. Ellas son el objetivo porque pertenecen a un cierto grupo, y porque el daño y la humillación ejercidos sobre ellas daña y humilla profundamente a sus comunidades.

A principios de los noventa, la violación como arma de guerra se empezó a utilizar de manera sistemática, primero en Bosnia y después en Ruanda. MSF estaba trabajando en ambas crisis y es entonces cuando la organización empezó a darse cuenta de la problemática. Al mismo tiempo, con la pandemia de SIDA totalmente encima, la violación y la atención médica inmediata a las ví­ctimas se convirtieron en cuestiones de vida o muerte. Las consecuencias de la violación se
– medicalizaron-.

Consecuencias médicas
Las consecuencias de la violencia sexual desde el punto de vista médico son devastadoras. Las heridas fí­sicas pueden llegar a causar la muerte y muchas ví­ctimas de violaciones corren el riesgo de contraer enfermedades de transmisión sexual, incluyendo el VIH/SIDA. Este riesgo aumenta significativamente en el caso de las violaciones porque el acto sexual forzado infringe heridas y hemorragias y, por consiguiente, facilita la transmisión del virus.

Los embarazos no deseados como consecuencia de violaciones pueden abocar a las mujeres a someterse a abortos en malas condiciones. MSF ha visto casos de infecciones inflamatorias de la pelvis y septicemias resultantes de tales prácticas. Otros problemas de salud reproductiva son interrupciones o anomalí­as en el ciclo menstrual o dificultades para quedarse embarazadas.

Consecuencias psicológicas
Las mujeres violadas padecen durante mucho tiempo sufrimiento y trauma. A veces, esto se traduce en trastornos de salud mental mientras que otras veces se manifiesta de formas menos obvias como vergí¼enza, culpa, problemas de sueño, dificultades en el funcionamiento de la vida diaria y retraimiento. Muchas mujeres hablan de miedo constante, ansiedad, recuerdos perturbadores, y -flashbacks-, que tienen sus raí­ces en su experiencia, con el consiguiente miedo a ser asesinadas o mutiladas. Otras pacientes se quejan de una constante sensación de sentirse enfermas, pérdida de apetito, y desaparición del deseo sexual. La disminución del deseo sexual o el dolor durante el acto sexual son frecuentes y muy perjudiciales para la vida familiar y las relaciones de pareja.

Palpitaciones cardí­acas agudas son sí­ntoma de ansiedad y la vida cotidiana puede verse trastornada por la fatiga a consecuencia de pesadillas y otros trastornos del sueño.

Consecuencias socio-económicas
Además del trauma fí­sico y psicológico provocados por la violencia sexual, las mujeres violadas con frecuencia se ven rechazadas por la comunidad e incluso por sus propios maridos. Estas mujeres, aisladas y avergonzadas, se ven obligadas a sobrevivir como pueden en la pobreza. El estigma de la violación debe desaparecer para que las ví­ctimas puedan recobrar sus medios de subsistencia y su lugar en la sociedad.

La respuesta de MSF
La atención médica a ví­ctimas de la violencia sexual incluye el tratamiento de las heridas y lesiones fí­sicas. A las pacientes se les realizan análisis, se las trata contra enfermedades de transmisión sexual, incluido el VIH, y se les administra tratamiento antirretroviral para prevenir la infección por VIH después de la violación (que se debe tomar dentro de las 72 horas siguientes, una de las razones por las que es importante la asistencia médica a la ví­ctima de una violación). MSF también ofrece anticonceptivos de emergencia, asesoramiento y referencia para abortar. La atención médica se complementa con la asistencia psicológica, bien sea por parte de MSF directamente, o por otra organización.

Además, MSF educa y forma a personal para identificar los casos de violencia sexual y darles una respuesta. Cada vez en más proyectos se realiza una formación especial para atender a las ví­ctimas de este tipo de violencia: cómo hablar a las pacientes, qué protocolo médico seguir, preparación de certificados médico-legales así­ como la referencia de las pacientes a los cuidados de seguimiento y apoyo adecuados. La formación también enfatiza la importancia de escuchar con empatí­a a las ví­ctimas. La confidencialidad es de extrema importancia.




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