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Amigos de la Tierra presenta su nuevo informe "Cultivos modificados genéticamente, una década de fracasos"
Recibida de Amigos de la Tierra el 26-03-2004 a las 09:03

Los diez primeros años de cultivos transgénicos en el mundo han sido un rotundo fracaso.

Hace 10 años que los cultivos modificados genéticamente empezaron a sembrarse. Desde entonces 3 paí­ses "“ Estados Unidos, Argentina y Canadá "“ los están cultivando a gran escala y otra decena de paí­ses han tenido alguna experiencia con este tipo de cultivos. Los resultados de esta primera década demuestran que no se cumplen en absoluto las promesas de la industria biotecnológica de beneficios para el medio ambiente, el consumidor y el agricultor y de remediar el hambre en el mundo:

– Los cultivos transgénicos crean graves y alarmantes problemas ambientales, como la contaminación genética de especies silvestres o el aumento del uso de productos quí­micos con los consiguientes impactos sobre el entorno, en particular la pérdida de biodiversidad;

– Los OMG comercializados en la actualidad no aportan ningún beneficio al consumidor y en cambio se han producido graves incidentes que pusieron en entredicho su seguridad sanitaria;

– Los rendimientos de la variedades modificadas genéticamente no son mayores que los de las variedades convencionales, incluso en algunos casos se han mostrado muy inferiores, como por ejemplo con el algodón Bt en India e Indonesia;

– Por otro lado, se ha originado toda una serie de problemas para el mundo rural a raí­z de la introducción de los OMG en la agricultura, como la contaminación de cultivos no transgénicos y la desaparición en algunas regiones del mundo de semillas libres de transgénicos, las disputas legales entre agricultores o entre agricultores y empresas de semillas y la dependencia de los agricultores hací­a un puñado de grandes multinacionales biotecnológicas que monopolizan la venta de semillas transgénicas;

– El caso de Argentina es una buena prueba de que los cultivos transgénicos no son la solución para alimentar el mundo. Argentina es el segundo mayor productor de cultivos transgénicos del mundo y sin embargo millones de argentinos sufren de hambre y desnutrición. Además de generar pobreza para los pequeños agricultores, el modelo de monocultivo destinado a la exportación que se ha impuesto con la soja transgénica en la última década ha dado el control absoluto de un sector de la economí­a a la empresa multinacional Monsanto.

Todas estas experiencias están recogidas en el reciente informe de Amigos de la Tierra Internacional Cultivos modificados genéticamente: una década de fracasos (1) donde un análisis pormenorizado de las experiencias en todo el mundo pone en evidencia el contraste entre las numerosas consecuencias negativas y la carencia de beneficios de los OMG. Queda patente que el modelo industrial de agricultura fomentado por la introducción de los OMG no contribuye a la sostenibilidad, sino que refuerza el control de unas pocas multinacionales sobre la producción agrí­cola y la alimentación mundial. Modelo sin duda no válido para resolver el problema del hambre que se origina en la mala repartición de los recursos y no en la falta de alimentos.

Estos datos contrastan frontalmente con la visión que la industria biotecnológica intenta difundir, plasmada en los informes anuales del Servicio Internacional para la Adquisición de Aplicaciones Agrobiotecnolológicas (ISAAA). Esta entidad es la única que proporciona una estadí­stica sobre cultivos modificados genéticamente en el mundo y sus datos suelen servir de referencia. Sin embargo, por sus ví­nculos muy estrechos con las cinco mayores multinacionales del sector agroquí­mico y biotecnológico, sus datos son muy cuestionables y se deben considerar como propaganda de los grandes grupos de interés económico en la biotecnologí­a (2).

A la vista de los resultados muy poco alentadores de los diez primeros años de cultivos transgénicos en el mundo, Amigos de la Tierra cree que España no deberí­a seguir los pasos de Estados Unidos, Canadá y Argentina. Las incógnitas sobre los efectos para la salud humana, los impactos cada vez más evidentes para el medio ambiente y las graves repercusiones sociales justifican ampliamente la aplicación del principio de precaución y una drástica regulación del empleo de los OMG tanto en la agricultura como en la alimentación. En las condiciones actuales, no se respetan los derechos del agricultor ni del consumidor a elegir libremente y es posible que, con la entrada paulatina de los transgénicos en el mercado español a la que estamos asistiendo, toda la cadena alimentaria esté contaminada a corto plazo sin posibilidad de marcha atrás.




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