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Las cuentas no se pueden maquillar
Recibida de Mujeres en Red el 19-02-2004 a las 10:02

Por Malé Chillida

Sr. Aznar,

Me dirijo a usted porque de todos ustedes, los hombres y las mujeres del PP, usted y los que emulan su estilo, están siendo los más sordos, ciegos y mudos ante los crí­menes cometidos cada dí­a contra las mujeres en este nuestro, y no sólo suyo, paí­s, y quiero aclararle que cuando digo nuestro digo de todas las personas que vivimos en él, y cuando digo suyo me estoy refiriendo precisamente a ustedes, los que justifican los asesinatos, las violaciones, los abusos y las invasiones si son por una, según ustedes, -buena causa-. Así­ nos va.

Una cree que las personas que un dí­a deciden
– dedicarse- a la polí­tica son o al menos deberí­an ser, personas altruistas y generosas, que están dispuestas a poner su capacidad intelectual y personal al servicio de la totalidad -grosso
modo-. Las formas de abordar los problemas y las soluciones a estos pueden variar, y en eso estriban fundamentalmente las diferencias entre las opciones polí­ticas. En un estado democrático como el nuestro, hay un acuerdo tácito entre la ciudadaní­a, la cual está de acuerdo en jugar, siempre y cuando se respeten los mí­nimos. En nuestro caso, el de nuestro paí­s Sr. Aznar, nuestro y no sólo suyos, los mí­nimos están recogidos en la Constitución y eso Sr. Aznar es incuestionable. Eso no es negociable ni interpretable se ubique uno donde se ubique. La Constitución nos ampara Sr. Aznar, por eso, aceptamos resultados no coincidentes con nuestros deseos en las elecciones, por eso Sr. Aznar, nos resignamos a vivir pací­ficamente bajo la dirección de un determinado Gobierno que no nos gusta ni nos representa, porque cada noche al acostarnos podemos pensar que a pesar de estar en manos de personas que no son de nuestra confianza, la Constitución vela por nuestros derechos fundamentales y quienes nos gobiernan están obligados a cumplirla. Como parte de ese mismo juego democrático, las personas que alcanzan la máxima representación polí­tica y constituyen Gobierno, están obligadas a rendir cuentas de su gestión. Es el acuerdo tácito de la ciudadaní­a Sr. Aznar, hasta aquí­ nada nuevo bajo el sol. Y es aquí­ precisamente Sr. Aznar, donde a usted y a los suyos, no les salen las cuentas. Y cuando las cuentas no cuadran, algo no está bien. Algo ha fallado en la gestión y alguien debe dar explicaciones y en su caso, renunciar voluntariamente a seguir dirigiendo un -negocio- público - de la ciudadaní­a y no propio - que bajo su mandato no ha cumplido lo que solemnemente se prometió. Usted y los suyos Sr. Aznar, no han sabido garantizar, como se comprometieron a hacerlo, los mí­nimos recogidos en la Constitución, bajo su dirección Sr. Aznar las mujeres empezamos a correr peligro de ser extinguidas ante la más absoluta impunidad, de quienes nos ejecutan y de quienes deberí­an garantizar nuestros derechos. Y esto, desde mi humilde opinión, es un delito muy grave. El desamparo civil en un estado democrático se convierte en un grave delito para quienes obligados a garantizarlo, lo amparan y fomentan. Estoy segura de que lo sabe.

Nosotras Sr. Aznar, las mujeres que vivimos en este, nuestro paí­s también, que le recuerdo somos más del cincuenta por ciento de la totalidad, también tenemos derechos, aunque a usted y a los suyos parece que les cuesta aceptarlo. Uno de esos derechos, amparado por nuestra Constitución, es el derecho a la integridad fí­sica, moral y psicológica. Y es precisamente ahí­, donde a ustedes no solo no les cuadran las cuentas, lo de ustedes es una ruina.

Creo yo, que a cualquier persona decente - de eso que a usted se le llena la boca cuando se refiere a sí­ mismo y los suyos - y con responsabilidades polí­ticas voluntariamente aceptadas, deberí­a quitarle el sueño cada noche, saber que justo en el momento en el que se dispone a descansar de la intensa jornada laboral, alguna mujer de las que usted está obligado a defender y proteger en sus derechos constitucionales, puede estar siendo sometida a cualquier tipo de abuso, vejación, intimidación, golpes e incluso le pueden estar quitando la vida por su desidia y desinterés. Esto no se puede maquillar. Las cifras cantan. Cerca de 100 mujeres asesinadas en el año 2003, habitualmente en su domicilio, en presencia de menores y de mano de su compañero sentimental. ¿No le dice nada esto a usted? ... ¿no le tiembla el bigote de pensar qué parte de responsabilidad pueda llegar a tener usted con sus agresivas e insultantes formas de hacer polí­tica? .. ¿con su negativa permanente a regular el problema y legislar definitivamente y sin ambages? .. ¿con su falta de rigor en la designación institucional, permitiendo asociar el órgano de representación por excelencia de los derechos violados de las mujeres con panfletos apologistas de violación? ... ¿con su ausencia y negativa expresa a condenar los asesinatos de las mujeres? ... ¿fomentando la desestructuración de los recursos gestionados por Asociaciones especializadas en el trabajo con mujeres para el apoyo de aquellas que se han visto especialmente golpeadas por la violencia de género? ... ¿apoyando el fortalecimiento de estructuras religiosas que mientras abusan de menores niegan el derecho de las personas a gestionar su propia vida? ... Una de las conductas asociadas y exigidas a la representación polí­tica es la de dar ejemplo ...... me temo que usted se lo sabe demasiado bien.

Sr. Aznar, usted ha cometido fraude y es culpable. Y nuevamente le recuerdo que el fraude, máxime si es público, es un delito. Y es un delito que inhabilita para la representación polí­tica.

Sr. Aznar, ustedes no son un buen ejemplo para nada. Hagan lo que predican, hagan examen de conciencia como dice esa religión que usted tanto exhibe, defiende y apoya, y si usted hace bien sus deberes, no tardará en reconocer donde se encuentra la causa del incremento de asesinatos de mujeres durante los años en los que usted ha dirigido los destinos de este paí­s. Nuestras casas, y la suya también, están manchadas de sangre, de mucha sangre ... de demasiada sangre .... y de demasiada traición.

Si tiene algún problema para reconocerlo, pregúnteles a ellas ......... las tiene muy cerca .... están justo sobre su conciencia.




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