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TLCAN: 10 años del paradigma del nuevo orden mundial.
Recibida de ADITAL. el 02-01-2004 a las 10:01

el Tratado de Libre Comercio de América do Norte (TLCAN), entre EE.UU., Canadá y México, el día 1º de Enero de 2004 cumplió 10 años.

Las discusiones sobre el Área de Libre Comercio de las Américas (Alca), la negociación de tratados bilaterales para la liberación de aranceles en los cambios comerciales de los paí­ses, la creación de mercados comunes como el Mercosur, que se constituyen las principales pautas de los ministerios de Relaciones Exteriores no sólo en América Latina como en todo el mundo es resultante de un modelo económico mundial instituido a través de dos marcos: la Unión Europea (UE) y el Tratado de Libre Comercio de América do Norte (TLCAN), entre EE.UU., Canadá y México, que el dí­a 1º de Enero de 2004 cumplió 10 años.

Hasta el final de la década de 1980 todaví­a vigoraba la división de todas las naciones del planeta entre paí­ses de economí­a de mercado y paí­ses de economí­a planificada, siendo la distinción mantenida por el conflicto latente y la lucha indirecta entre Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), que comandaban cada grupo, respectivamente. Simbólicamente, la bipolarización del mundo era representada por el muro que dividí­a al medio la ciudad Berlí­n y a la vez Alemania.

Esta estructura geopolí­tica se fue desmontando en olas sucesivas: 1989, cae el muro de Berlí­n; 1990, ocurre la reunificación de Alemania; y en 1991 entra en colapso la URSS y se desagrega la cortina de hierro tanto de manera pací­fica, como la revolución de veludo que separa la República Checa de Eslovaquia, como de forma cruenta, como en la guerra que ha esfacelado Yugoslavia o como en Rumania, en donde los dirigentes comunistas han sido ahorcados por la población.

Sobre los escombros del mundo socialista (con las graves excepciones de Cuba y China), se ha engendrado la nueva dinámica mundial conocida como globalización. Impulsada por los desarrollos en la comunicación y en el sistema de transportes, no se concebí­a más fronteras cerradas para el flujo comercial internacional. Entonces se inicia no sólo en los ex paí­ses de economí­a estatal, como así­ también en los capitalistas actualmente tildados de "en desarrollo", entre ellos la mayorí­a de los latinoamericanos, lo que se ha convenido llamar de liberalización: apertura para las importaciones y privatización de los negocios y empresas.

Para mejor actuar en este nuevo escenario, los paí­ses pasan a integrarse en bloques. Con Japón y UE despuntando como fuerzas económicas competitivas, Estados Unidos resuelve negociar con Canadá y México la adopción de un tratado de libre comercio entre los tres paí­ses, firmado por Ottawa, Washington y México D.F. en diciembre de 1992, el TLCAN, que empieza a funcionar en enero de 1994. La integración completa es esperada para 2008.

Según el artí­culo 102 del Tratado, los principales objetivos del TLCAN son "eliminar obstáculos al comercio y facilitar la circulación transfronteriza de bienes y de servicios entre los territorios de las partes", lo que es hecho a través de la eliminación de aranceles pagos por las mercancí­as provenientes de uno de los paí­ses firmantes que van a ingresar en un mercado integrante del bloque, y "aumentar sustancialmente las oportunidades de inversión en los territorios de las partes", lo que implica en incentivos y compromisos por parte del gobierno para que las empresas se establezcan en el paí­s contemplado con las inversiones.

El dumping de maí­z estadounidense: Todaví­a hay una meta del TLCAN que es ignorada y en la práctica hace con que Canadá, y principalmente México, se conviertan en ampliaciones del mercado estadounidense, y no asociados comerciales. En el artí­culo citado, se prescribe además que el TLCAN debe -promover condiciones de competencia leal en la zona de libre comercio-. Lo que no ocurre principalmente por cuenta de los subsidios o subvenciones suministradas por el gobierno de EE.UU. a sus productores agrí­colas a través de préstamos a tasas preferenciales, ayudas e incentivos fiscales, entre otros.

El maí­z, por ejemplo, es uno de los productos agrí­colas más protegidos por el gobierno americano. Un bushel de maí­z (medida que equivale a 35, 2381 libras, o aproximadamente 16 quilos) que tiene, según valores de agosto de 2003, el costo de producción de 2,66 dólares, puede ser vendido a 1,74 por cuenta de los subsidios. Con eso para México ha resultado más barato comprar el maí­z americano que aprovechar la producción nacional, caracterizando la situación de dumping (término que literalmente significa despejo): el mercado mexicano ha sido invadido por maí­z estadounidense "artificialmente" más barato que el producido en el paí­s.

Ocurre que el maí­z es el alimento ancestral de la población mexicana y base de la economí­a de subsistencia (45% de las unidades de producción de maí­z en México es de subsistencia) de los campesinos pobres desproveí­dos de las condiciones técnicas de siembra y almacenaje, además de acceso al crédito y a canales de mercado que mantienen el producto competitivo. A estas limitaciones estructurales se le ha sumado el valor a bajo de mercado de maí­z americano.

Como resultado, esparciéndose para otros productos agrí­colas, 40% de los pequeños productores rurales mexicanos perdieron sus empleos o tuvieron que vender sus propiedades. Con ello se ha ampliado la emigración: sólo en 1998, 130.661 mexicanos que se tiene conocimiento emigraron para Estados Unidos.

Sin embargo, según las reglas del propio TLCAN, el gobierno de México podrí­a empezar a cobrar impuestos sobre el maí­z estadounidense a partir de un determinado nivel de descompensación. No sólo ese lí­mite viene tornándose más amplio desde el establecimiento del Tratado como el gobierno mexicano se ha recusado a usar de esta prerrogativa, por cuenta de las presiones del gobierno de EE.UU. (principal importador de los productos agrí­colas mejicanos) y de las industrias alimenticias estadounidenses procesadoras del maí­z que se han implantado e invierten en México para que éste mantenga la importación del producto.

Con esta abdicación de derechos comerciales, México ha perdido 2 mil millones de dólares en impuestos no cobrados. Son datos como éstos que hacen del TLCAN un paradigma de la nueva orden económica mundial.

* Con informaciones de la ONG Institute for Food and Development Policy.




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