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En la guerra contra el SIDA los refugiados quedan a menudo excluidos.
Recibida de ACNUR el 01-12-2003 a las 02:12

El trauma de la guerra, la violencia y la persecución, seguido por la miseria del exilio, es el triste destino de millones de refugiados. En lugares del mundo afectados por el VIH-SIDA la situación de los desarraigados es aún peor.

No sólo se acusa a los refugiados de expandir el VIH y otras enfermedades, si no que también, a menudo se les excluye de programas multimillonarios de VIH-SIDA diseñados para combatir este azote global.

Estigmatizar a los refugiados como portadores del VIH es moralmente repulsivo. También es ampliamente injusto. Estudios recientes muestran que en algunos paí­ses afectados por el SIDA, los refugiados presentan tasas de infección del VIH más bajas que las poblaciones locales de acogida.

Estos mismos estudios recomiendan que los refugiados sean siempre incluidos en los esfuerzos de los paí­ses de acogida para combatir el SIDA. Excluirlos de programas contra el VIH/SIDA es altamente discriminatorio y epidemiológicamente contraproducente.

De los 29 paí­ses en Africa que albergan a más de 10.000 refugiados, únicamente el 35% han establecido actividades para los refugiados en sus Planes Nacionales Estratégicos. El Fondo Global para luchar contra el SIDA, la tuberculosis y la Malaria (GFATM) y los programas de varios paí­ses contra el SIDA del Banco Mundial, han financiado proyectos contra el VIH-SIDA en 24 de estos 29 paí­ses, que entre ellos acogen a millones de refugiados. Pero menos de la mitad de sus propuestas incluyen en realidad a refugiados.

Lo que en la práctica significa que gran número de refugiados efectivamente son excluidos de las polí­ticas y programas que benefician a las poblaciones que los albergan. Esto es moralmente inaceptable y carece de sentido desde un punto de vista de salud pública, ya que uno no puede combatir con seriedad el contagio del VIH y al mismo tiempo ignorar un segmento de la población dentro del paí­s afectado.

En los últimos dos años, el ACNUR y sus socios han trabajado con los refugiados para mejorar los programas de VIH/SIDA para refugiados. Sin embargo, nuestros fondos son limitados. Por otra parte, son los paí­ses de acogida los que son responsables de la protección y el bienestar de los refugiados en su territorio. Esto incluye medidas efectivas para prevenir que el VIH se extienda entre los desarraigados. Atender únicamente las necesidades de los propios ciudadanos, mientras se ignora a los refugiados que a diario se relacionan con ellos, es una contradicción desde el punto de vista de la prevención del VIH-SIDA y sus estrategias de atención sanitaria.

Los programas de VIH/SIDA deben atender a ambos grupos y estar integrados y bien coordinados. Los gobiernos de acogida deben comenzar por asegurar que los programas especí­ficos para refugiados y las comunidades de acogida son incluidos en sus planes nacionales estratégicos contra el VIH-SIDA y en sus polí­ticas. También deben garantizar que estas polí­ticas sean ejecutadas en terreno.
Parte de la responsabilidad recae en la comunidad de donantes, que debe asegurarse que los refugiados no sean excluidos de los programas de VIH-SIDA. GFATM y el Banco Mundial deberán insistir en que los programas que ellos financian incluyan a grupos vulnerables, entre ellos los refugiados.

El desarrollo de estrategias integradas de VIH-SIDA avanzarí­a notablemente si los gobiernos donantes redujeran las restricciones actuales sobre el financiamiento, de manera que el dinero pudiera ser utilizado con más flexibilidad para suministrar programas de VIH-SIDA tanto para refugiados como para las comunidades locales. Esto se está llevando a cabo actualmente en Uganda, donde una estrategia autosostenible ha asegurado que muchas actividades de VIH-SIDA, incluyendo asesorí­a voluntaria y reconocimientos médicos, se encuentren disponibles tanto para los nacionales como para los refugiados.

La comunidad internacional debe adoptar un enfoque más amplio e innovador para combatir la epidemia del VIH/SIDA a lo largo de las fronteras internacionales. Los conflictos recientes en Liberia y Congo, por ejemplo, generaron movimientos de refugiados (y de soldados) trasladándose a lo largo de muchas fronteras en África Central y Occidental, respectivamente. El Banco Mundial se encuentra actualmente tratando de afrontar este tema mediante la financiación de un programa único en su tipo, en el que participan seis gobiernos africanos, llamado "Iniciativa de los Grandes Lagos sobre VIH/SIDA".

Los últimos años han experimentado importantes avances en los esfuerzos por detener el avance del VIH y tratar sus devastadores efectos. Las medidas de prevención tales como la sensibilización ante los mecanismos de transmisión y el cambio de comportamientos para protegerse de la infección, son comunes y se están haciendo más sofisticados. Los medicamentos antirretrovirales son ahora más accesibles en los paí­ses en desarrollo y se están haciendo esfuerzos para ampliar el tratamiento.

En la guerra contra el flagelo del VIH/SIDA, o cualquier otra enfermedad global, ningún grupo social deberí­a ser marginado, ciertamente no los 20 millones de refugiados que hay en el mundo. Su situación también merece ser recordada el 1 de diciembre del 2003, el Dí­a Mundial del SIDA."
*Ruud Lubbers es el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados y fue Primer Ministro de los Paí­ses Bajos de 1982 a 1994.

Por Ruud Lubbers, Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados




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