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í‚¿Otoño en agosto? Los bosques dan la alarma sobre el cambio climático
Recibida de WWF-Adena el 02-09-2003 a las 09:09

En el Pirineo, en los Montes de Toledo, en la Cordillera Cantábrica, desde principios de agosto, muchos rodales de hayas y robles comenzaron a amarillear sus hojas y a perderlas poco después. A lo ancho de toda Europa, la caída de hojas otoñal se está produciendo entre 6 y 8 semanas antes de lo esperado. Este "simulacro" de otoño es consecuencia de la agresión que ha supuesto la ola de calor y la falta de lluvias en este verano. Los árboles se encuentran debilitados y podrían sufrir graves ataques de insectos, hongos y enfermedades ""a los que serán más susceptibles- el próximo año.

WWF/Adena advierte que este tipo de situaciones se repetirán cada vez con mayor frecuencia debido al cambio climático en curso producido por las actividades humanas y conmina a los gobiernos a que se empeñen más seriamente en la lucha contra esta amenaza y, con urgencia, adapten sus modelos de gestión forestal a la nueva, más dura y rápidamente cambiante situación climática.

Los bosques europeos han ardido este verano por los cuatro costados. Tan al norte como Suecia y tan al este como Rusia, el fuego nos ha robado nuestro tesoro forestal. En España, Portugal, Italia y Grecia la superficie calcinada total se ha cuadruplicado desde los años 60 del siglo XX ; y este año se ha batido el triste record. Sin perder de vista que en todo el Mediterráneo el 95% de los incendios forestales son provocados, la agresividad de los últimos incendios tiene parte de su explicación en una nueva amenaza: muchos suelos forestales europeos se están secando durante el verano. En gran parte de Europa, entre marzo y julio pasado habí­a llovido la mitad de lo usual y, mayoritariamente, en forma de chubascos torrenciales, muy intensos y cortos, de forma que la mayor parte del agua fluye como escorrentí­a sin infiltrarse en el suelo. Si se estudia un mapa de precipitaciones(*), se observa una gran mancha en el SW de España y una amplia zona de Portugal, donde entre marzo y julio ha llovido menos de la mitad de lo habitual. Congruentemente, esa zona coincide con algunos de los incendios más violentos de este año, en Portugal y Extremadura.

Extenuados por la sequí­a y el fuego, muchos árboles no pueden más, muestran graves sí­ntomas de stress y muchos de ellos pueden llegar a morir. La caí­da de las hojas es uno de esos sí­ntomas (constituye una reacción defensiva) y, como la fiebre en los humanos, delata una enfermedad mucho más seria. Muchos árboles están muy enfermos, especialmente los que se encuentran en exposiciones más desfavorables o aquellos que ocupan el lí­mite de su distribución y sobreviven sólo gracias al microclima que el bosque es capaz de originar, como ha ocurrido en las solanas más expuestas de muchos hayedos pirenaicos (Macizo del Cotiella, Huesca). WWF/Adena estima que los gobiernos deberí­an tomar medidas urgentes para ayudar a que los bosques puedan enfrentar este clima inédito.

Los sí­ntomas de la crisis resultan más aparentes en los árboles de hoja caduca, pero todas las especies resultan afectadas y sus consecuencias se harán patentes más adelante, en forma de aumento de enfermedades, plagas y mortalidad. Si este tipo se stress se repitiera con frecuencia, muchas especies comenzarí­an a desaparecer de los lí­mites de su distribución (geográfica y altitudinal) y de sus localidades extremas. En nuestro paí­s existen ya precedentes de episodios de "otoños" adelantados; así­, en 1995 en el Parque Nacional de Cabañeros (Ciudad Real), durante el mes de julio los quejigos perdieron completamente las hojas. Este año, los quejigos han vuelto a perder sus hojas en agosto.

A largo plazo, WWF/Adena pide a nuestro gobierno que, de una vez por todas, comience a cumplir sus compromisos adquiridos con el Protocolo de Kioto, que le obliga a contener sus emisiones de gases causantes del cambio climático, para lo cual debe aumentar de modo muy considerable la eficiencia y el ahorro energéticos, así­ como la fracción de energí­a producida por fuentes no contaminantes como la energí­a eólica. A escala mundial, WWF/Adena está presionando a todos los gobiernos y participando en todos los foros importantes donde se trata este problema. Como demuestra la acumulación cada vez más acelerada de un número creciente de sí­ntomas, el cambio climático no sólo se está produciendo ya, sino que está sucediendo a mucha mayor velocidad de la prevista. Los bosques, como otros ecosistemas terrestres y marinos y los recursos naturales que de ellos extraemos van a verse muy afectados. De este modo, los recursos hí­dricos se van a reducir condicionando la viabilidad de muchos sectores económicos de nuestro paí­s. El cambio climático no puede ya , pues, evitarse; pero una lucha decidida podrí­a paliar sus peores consecuencias. Nuestro paí­s "“como toda la región mediterránea- será gravemente afectado por este cambio y, consecuentemente, deberí­a ser uno de los más comprometidos en el proceso mundial de reducción de emisiones causantes del cambio climático.

Pero, también, a medio y corto plazo, los gobiernos han de aprender de los extremos observados este año (inundaciones, sequí­as, incendios forestales, extensión de las plagas forestales, etc.), evaluar los riesgos del cambio climático para nuestros bosques y aplicar estrategias defensivas para paliar las peores catástrofes. Los gobiernos han de inculcar en los gestores, selvicultores y empresas madereras la conciencia de los efectos del cambio climático en los bosques y exigirles que apliquen una gestión forestal defensiva. Esta nueva gestión deberí­a incluir entre otras medidas: 1) Aumentar la naturalidad de los bosques (los bosques naturales son más estables y regulan más efectivamente sus microclimas); 2) Aumentar la diversidad de los bosques (cuanto más diverso y natural es un bosque resulta más resistente ante el cambio climático); 3) Evitar stress añadidos (aliviar la presión de explotación, plagas, obras, sobreexplotación hí­drica); 4) Aplicar efectivamente una selvicultura preventiva de incendios, análisis de las causas y persecución de incendiarios e inductores; 5) Poner en práctica medidas de restauración de la cubierta vegetal adecuadas y efectivas tras los daños forestales causados por inundaciones y sequí­as; 6) Evaluar cuidadosamente la idoneidad de nuevas localizaciones de plantaciones madereras e incorporación demandas de aumento de biodiversidad; 7) Mantener suficiente número de árboles muertos y maduros que aumentan la biodiversidad y resistencia del bosque; y 8) Probar y evaluar de modo continuado las mejores estrategias de gestión forestal contra el cambio climático.




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