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Republica Democrática del Congo: Los desafíos que debe afrontar el nuevo despliegue de la MONUC.
Recibida de Amnistia Internacional el 31-08-2003 a las 09:08

Es absolutamente necesario que el nuevo despliegue de la MONUC haga olvidar la incapacidad demostrada en el pasado para proteger a las poblaciones civiles de la violencia y los ataques que les amenazan.

Con motivo del relevo de tropas de la MONUC que se hará efectivo a partir del 1 de septiembre próximo, con un nuevo mandato del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para imponer la paz en la región de Ituri (RDC), Amnistí­a Internacional afirma que esta nueva fuerza "debe demostrar su determinación y eficacia para devolver la esperanza a una población desolada por la intensificaci ón de la violencia desmedida".

Situación insostenible

Después de tres meses de presencia de la Fuerza Multinacional de Intervención Rápida en Bunia, la ciudad continúa dividida en dos partes diferenciadas según la etnia a la que pertenecen sus residentes. Esta separación pone de relieve el alcance y la persistencia de las tensiones étnicas, avivadas por una élite polí­tica y militar que saca provecho de la situación. La periferia del sur de la ciudad, sobre todo los barrios mayoritariamente ocupados por poblaciones Lendu, fieles al FNI, son prácticamente inaccesibles para los Hema, mientras que la periferia norte y una parte del centro de la ciudad que incluye Mudzipela, Lembabo, Saio, y Nyakasanza, con mayoria Hema, son inaccesibles para los Lendu. Los civiles son linchados en plena calle y ante los ojos de la propia MONUC por el simple hecho de pertenecer, presumiblemente, a una etnia o a otra.

Como ejemplo, el pasado 1 de agosto, cuatro hombres Nande, vendedores de cebollas en Bunia, fueron secuestrados en la avenida Kilo-moto, en el barrio Nguezi, por miembros del UPC. Tras ser conducidos a Miala, fueron ejecutados.

El terror y las masacres continúan provocando un éxodo masivo de las distintas poblaciones, desde los pueblos no protegidos por la Fuerza Multinacional hacia la ciudad de Bunia y otros lugares considerados menos peligrosos. Un número importante de desplazados procedentes de Medu, Lipri y Zumbe, tres localidades situadas a las afueras de la ciudad de Bunia, continúan viviendo en el campo de refugiados del aeropuerto, sin atreverse a volver a sus casas por miedo a ser asesinados durante la noche; la ayuda humanitaria distribuida en los distintos barrios de la ciudad no ha servido para convencer a los habitantes de Bunia de que abandonen los campos de desplazados y vuelvan a sus casas.

"Para afrontar el desafí­o que representa la falta de seguridad en Bunia, y en general en toda la región de Ituri, la nueva fuerza de la MONUC deberá, en primer lugar, ganarse la confianza de la población civil que actualmente vive sumida en la más absoluta incertidumbre en cuanto al futuro y que reclama desesperadamente protección y que se haga justicia", señala Amnistia Internacional.

Aparte de Bunia, la ciudad de Bogoro, antes un centro de atracción turí­stica con una importante actividad económica en el territorio de Irumu, en el camino hacia Kasenyi-Tchomia, ha sido también arrasada. En un mes de violencia ciega, ha sido prácticamente borrada del mapa, sin que ninguna Fuerza haya sido capaz de ofrecer protección a los civiles. La propia ciudad de Tchomia se encuentra prácticamente vací­a de habitantes, mientras que la mitad de los territorios de Jugu e Irumu han sido saqueados e incendiados por grupos armados de todas las tendencias. En cuanto a Aru y sus alrededores, han sufrido las atrocidades de los miembros del FAPC del comandante Jérí´me Kakwasu, quien todaví­a cuenta con el apoyo de Uganda, a pesar del establecimiento del Gobierno de transición en Kinshasa.

Recomendaciones de Amnistí­a Internacional

La respuesta a la crisis es necesaria para asegurar la protección de las poblaciones civiles, pero debe ir acompañada de un proceso polí­tico encaminado a crear un marco estable que permita el diálogo nacional y la realización de la justicia nacional por los crí­menes de derecho común cometidos, así­ como la actuación de la justicia internacional por los crí­menes de guerra y otros crí­menes contra la humanidad. Eso es lo que claramente establece el mandato del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas a la MONUC en su última resolución 1493 de 28 de julio de 2003.

En este contexto, Amnistia Internacional:

"¢ Hace un llamamiento a la MONUC para que suscite y acompañe ese proceso polí­tico, tratando de lograr las reuniones del Comité de Concertación de todos los grupos armados, creando un contexto favorable al respeto de los derechos humanos, especialmente los derechos de las mujeres y los niños.

"¢ Expresa su satisfacción por la adopción por el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas de la resolución 1501, de 26 de agosto de 2003, autorizando a la Fuerza Multinacional a apoyar el despliegue de tropas de la MONUC hasta el 15 de septiembre, y desea que este apoyo dure al menos hasta que finalice el despliegue total y efectivo de las tropas.

"¢ Manifiesta su deseo de que el nuevo mandato de la MONUC se aplique no solamente mediante el despliegue rápido de las tropas de seguridad en Bunia y otros lugares, sino también en otros territorios en los que no tiene presencia en la actualidad.

"¢ Reclama el establecimiento efectivo de la policí­a civil gestionada por la MONUC en Bunia y, progresivamente en toda la región de Ituri, tanto para prevenir los ataques contra la integridad fí­sica de los civiles no armados como los robos y las extorsiones de los bienes privados. La policí­a deberá favorecer la libre circulación de personas y bienes, todaví­a inexistente en Ituri, y mantener el orden publico.

"¢ Solicita la puesta en marcha de un mecanismo judicial que permita investigar las violaciones de los derechos civiles y polí­ticos, y que los responsables de esas violaciones sean llevados ante la justicia.

Información General

En junio de 2003 se desplegó en Bunia la Fuerza Multinacional de Intervención Rápida bajo mando francés, con mandato del Consejo de seguridad de Naciones Unidas y enviada por la Unión Europea, cuando la ciudad fue tomada por los grupos armados tras la repentina retirada de las fuerzas ugandesas de ocupación el 5 de mayo de 2003. Compuesta fundamentalmente por efectivos franceses y por algunos miembros de otros paí­ses de la Unión Europea y de Sudáfrica, esta Fuerza tiene un mandato limitado tanto en el tiempo como en el espacio. Este mandato no se extiende mas allá de la ciudad de Bunia, donde los enfrentamiento interétnicos, esencialmente entre los Hema y los Lendu, dos comunidades que son minoritarias en Ituri, se han acentuado con el resultado de más de 50.000 muertos desde 1999 y cientos de miles de desplazados.

Numerosos núcleos de resistencia organizados entorno a miembros armados del UPC, continúan siendo hostiles a las tropas de la Fuerza Multinacional, en general aceptada por las distintas poblaciones. Tras el despliegue de esta Fuerza y, sobre todo, tras el establecimiento de la operación "Bunia ciudad sin armas visibles", los ataques de ciertos grupos armados contra el contingente son habituales.

El 18 de agosto, a plena luz del dí­a y mientras realizaban a pie una patrulla de seguridad en Miala, en la zona norte de Bunia, las tropas francesas fueron tiroteadas por miembros de la milicia Hema. La respuesta de la tropas francesas resultó en la muerte de tres personas. Este incidente, ocurrido a tan solo dos semanas del fin del mandato de la Fuerza Multinacional, es una muestra de la precariedad de la seguridad en Bunia y sus alrededores, y pone de manifiesto, además, el gran desafí­o al que debe enfrentarse la nueva fuerza de sustitución de la MONUC.




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