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El BCE no puede gobernar en solitario la política económica de la UE. Recibida de UGT-Confederal el 05-06-2003 a las 06:06
La bajada de tipos es positiva, pero llega tarde y mal. UGT valora positivamente la bajada de tipos de interés en medio punto pero critica que esta reducción llegue tarde y que el BCE haya permitido que la economía de la zona euro se hunda en la depresión, ignorando las señales de alarma durante los dos últimos años. Para el sindicato, es preciso que las instituciones europeas reflexionen sobre la capacidad del BCE para gobernar en solitario la política monetaria y acometan una reforma de esta institución para añadir entre sus finalidades objetivos como la estabilidad de precios, el crecimiento económico y el empleo. UGT considera que la UE precisa un Gobierno económico que permita avanzar en la mejora del Estado del Bienestar. La bajada ahora de medio punto de los tipos de interés, tal y como preveían los analistas, aún siendo positiva, viene forzada por las presiones que desde todos los ámbitos ha venido recibiendo el Banco Central Europeo (BCE), que parece más que nunca ajeno a los intereses y necesidades de las economías de la zona euro. Como ha venido siendo norma de comportamiento habitual desde su creación, ha vuelto a actuar tarde y obligado por las circunstancias, gobernando una política monetaria miope, que supone más un lastre que una ayuda para resolver los problemas que atraviesan las economías reales de los países de la eurozona. 1. En realidad, esta bajada no se inscribe en una verdadera estrategia de respuesta de la política monetaria a las condiciones económicas de la zona euro, de la que el BCE ha demostrado carecer. A este respecto el argumento defensivo del BCE, acerca de que su competencia es exclusivamente el control de la inflación, carece de validez y de consistencia intelectual. Primero, porque su estatuto no le impide (ni menos le prohíbe) tener en cuenta otros aspectos económicos fundamentales. Y segundo, porque es muy poco riguroso pretender que pueda gobernarse la política monetaria al margen de las condiciones macroeconómicas generales; tanto es así que simplemente no es cierto, como lo demuestra el hecho de que el BCE analice (como no puede ser de otra forma) las políticas fiscales (presupuestarias) y de rentas (evolución de los salarios), entre otras, a la hora de tomar decisiones. 2. La rigidez de la política monetaria practicada en los últimos 2 años es en buena medida culpable de la difícil situación que caracteriza a las economías del área euro, puesto que ha equivocado el objetivo, permitiendo que los países centrales de la zona depriman su actividad hasta bordear la recesión. La justificación de la bajada actual en base a que "las previsiones inflacionistas ha disminuido significativamente en los últimos meses", como ha hecho el presidente del BCE, Sr. Duisenberg, es una muestra más de la miopía política y económica antes apuntada, puesto que era evidente desde hace al menos un año y medio que la inflación no era ya el problema central de la economía del área euro, ya que ha permanecido tan sólo ligeramente por encima del 2% durante todo el período, cifra que en ningún caso puede suponer problema de gravedad alguna para la economía (en realidad, tasas en el entorno del 2% se suelen considerar a esos efectos incluso equivalentes a la estabilidad de precios) 3. Con su estrategia, el BCE ha logrado generar malestar en todos los sectores, y desconcierto en la inmensa mayoría de analistas, poniendo en evidencia que un Banco Central independiente, cuyos objetivos no coinciden con los de los ciudadanos de su área de responsabilidad, se convierte en un lastre decisivo para la mejora del bienestar. Mientras la inflación permanecía en niveles aceptables, la actividad de la eurozona se ralentizaba hasta el punto de que el PIB viene creciendo desde hace 2 años incluso por debajo del 1%; es decir, prácticamente la economía está estancada. En septiembre de 2001 (fecha de los atentados en EE.UU.) el diferencial de los tipos de interés entre la UEM y EEUU, era de 0,75 puntos. Desde entonces, las políticas monetarias han seguido estrategias muy diferentes. La Reserva Federal redujo en tan sólo cuatro meses sus tipos al 1,75%, dejando claro que su prioridad era la reactivación de su economía, fuertemente dañada y con una grave crisis de expectativas y confianza en ciernes, y así los mantuvo un año, volviéndolos a bajar en noviembre de 2002 para dejarlos en el nivel actual, el 1,25%. Por su parte, el BCE tan sólo reaccionó (tarde una vez más, en noviembre de 2001) con una reducción de medio punto, dejando los tipos en el 3,25% desde entonces hasta diciembre pasado; es decir, mantuvo un diferencial de 1,50 puntos, con los tipos inalterables, durante un año, diferencial que se ha mantenido prácticamente hasta día de hoy (sólo en marzo se ha reducido aunque se mantiene en un 1,25%). El BCE de forma irresponsable ha dejado que la economía de la zona euro se hunda en la depresión, ignorando reiteradamente los datos, las señales, las voces de alarma. Ha reforzado incluso factores que han deteriorado definitivamente la situación económica, como la apreciación de la moneda europea frente al dólar (al mantener en el tiempo el injustificado diferencial de tipos de interés: mientras la inflación de la zona euro durante el 2002 superaba a las de los EEUU en menos de un punto, los tipos de interés lo hacían en más de un punto y medio). En este momento el crecimiento económico en la Unión Monetaria es cero, y las principales economías que la componen están en recesión. ¿Para qué van a servir ahora, que la depresión y la desconfianza se ha instalado en los agentes económicos y en la sociedad europea, una bajada de tipos cuyos efectos, además, tardarán un tiempo en dar resultados? ¿Cuáles eran esas "poderosas" razones que han llevado al BCE a dejar pasar meses y meses sin tomar las medidas necesarias? En conclusión, para UGT, la bajada es positiva pero llega irresponsablemente tarde. El BCE debe dar explicaciones muy detalladas acerca de su poco justificable comportamiento durante los últimos dos años. Las instituciones europeas, al máximo nivel, deben abrir un proceso de reflexión sobre la capacidad del BCE para "gobernar" en solitario la política monetaria. Y en todo caso, la experiencia sirve para constatar la urgencia de dos grandes elementos de reforma en la Unión Monetaria: los objetivos y finalidades del BCE (para completarlos y equilibrarlos, añadiendo a la estabilidad de precios, el crecimiento económico y del empleo), y la necesidad de contar con un verdadero gobierno económico europeo, no sólo porque la UE no puede progresar careciendo de ello sino porque, además, su ausencia ocasiona desastres. |
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