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El sentido de las movilizaciones: í‚ ¡Huelga General! í‚ ¡Gobierno dimisión!.
Recibida de Octubre el 28-03-2003 a las 10:03

Las movilizaciones contra la guerra no pueden quedarse en el mero derecho a la pataleta, sino que han de conseguir sus objetivos. Para ello, es necesario tener en cuenta las condiciones concretas de nuestro país, armonizar los elementos tácticos y estratégicos, y plantearse en cada etapa objetivos alcanzables.

Cientos de miles de ciudadanos estamos saliendo a la calle, contra la guerra y contra el gobierno de la monarquí­a, que, una vez más, nos ha metido en ella y nos ha atado al carro del imperialismo yanqui.

De lo que se trata es de que las movilizaciones consigan su objetivo, y no sean meros actos de protesta, el derecho a la pataleta. Para ello, es preciso elegir cada paso a dar en cada momento de manera que podamos avanzar a paso firme.

La única manera que tenemos de presionar a los imperialistas yanquis para que detengan su guerra terrorista, o al menos ponerles en dificultades, es haciendo que el déspota Borbón y su Gobierno, actualmente presidido por Aznar, Caudillo del Chapapote, detengan su apoyo y cancelen el uso de las bases militares españolas por los nazi-americanos. En resumen, que la monarquí­a y sus diversas instituciones dejen de actuar al margen de la ley (española e internacional). Por otra parte, esta es nuestra principal responsabilidad hacia el mundo, en tanto que pueblo español.

Y a estas alturas, está claro que Aznar no va a dar marcha atrás. Por tanto, debe dimitir. Este debe ser, ahora, el objetivo de las movilizaciones. Y para conseguir ese objetivo, es preciso que se convoque ya una Huelga General. Los dirigentes sindicales deben cumplir con su responsabilidad para con el pueblo español y para con todos los pueblos del mundo.

Otro instrumento es seguir acorralando a la monarquí­a, que el régimen se dé cuenta de que, o cambia de polí­tica, haciendo dimitir a su Gobierno como primer paso, o se está jugando más de lo que pueden permitirse, al poner en evidencia su institución central: la monarquí­a.

Porque esta situación ha puesto en evidencia muchas cosas: que el rey está para que lo que Franco ató siga atado (como es la subordinación de nuestro paí­s al imperialismo yanqui); que el gobierno de Su Majestad responde ante el rey y no ante el pueblo; y que en esta "democracia" la voz del pueblo es lo que menos importa.

Si queremos que esto no se repita, si queremos democracia y que la voz del pueblo español sea la que decida, si queremos que no nos vuelvan a involucrar en actos criminales, terroristas y genocidas como la actual agresión a Iraq, es claro que necesitamos un marco polí­tico que lo haga posible, que necesitamos democracia, y por ello, la República. En España, la lucha por la democracia y el progreso social ha ido siempre de la mano de la lucha por la República. No es de extrañar, pues, la insistencia del Gobierno del PP y ahora que por fin ha hablado, del propio rey, en que el pueblo no exprese libremente su opinión sino que todo se encauce a través de las instituciones del régimen, uniéndonos -pretenden ellos- todos en torno a dichas instituciones.

Porque supuestamente, según ellos, la democracia es estas instituciones, y no la opinión del pueblo; para ellos, la democracia es la voluntad de las instituciones del régimen monárquico, y no la voluntad popular.

No debemos olvidar que la forma del Estado de una sociedad no existe de forma aislada, en un mundo ideal, sino que existe en sociedades concretas, con una historia determinada y sirviendo a intereses especí­ficos. Es por eso que la cuestión de la forma del Estado tiene tanto que ver con la implicación de nuestro paí­s en la guerra, y con el que no se tenga en cuenta la opinión de los ciudadanos.

En resumen, los objetivos inmediatos a conseguir son la dimisión del Gobierno, y una Huelga General como instrumento esencial para lograrlo. Y, para que estos objetivos se puedan conseguir, no pueden perder de vista, sino que se deben combatir igualmente las causas de la actual situación, a saber: el régimen monárquico, garante del sometimiento de nuestro paí­s al imperialismo yanqui, y de que la voz del pueblo no se sobreponga a sus intereses.

Pues bien, para conseguir todo esto, hemos de organizarnos mejor. Los ciudadanos hemos de reforzar las organizaciones de izquierda, la unidad de acción entre ellas, y llenarlas de contenido polí­tico progresista, lo que hoy es lo mismo que decir republicano.

Pero también hemos de abandonar los métodos de organización espontáneos y descoordinados, que eran válidos en los años 90, cuando el pueblo estaba abatido soportando golpe tras golpe, pero no en la actual situación de lucha, en la que hemos de pasar a la ofensiva polí­tica si no queremos que nuestra lucha no sirva para nada.




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