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Desfile de pieles "benéfico"
Recibida de ATEA Asociación para un Trato Ético con los Animales el 17-10-2002 a las 07:10

Ante la celebración en Vitoria de un desfile "benéfico", en el que se exhibirán exclusivamente prendas confeccionadas con piel de lujo, y cuya recaudación será destinada a la Asociación de Ayuda Contra el Cáncer, la organización ATEA desea hacer llegar a la opinión pública una serie de reflexiones que consideramos imprescindibles en una sociedad éticamente avanzada.

A lo ya expresado con frecuencia desde colectivos como el nuestro en torno a la devastadora realidad de la industria de la piel, cabe añadir esta vez el hecho de que se conciba como un acto benéfico.

Parece incuestionable que cualquier iniciativa de carácter solidario debe ser bienvenida, máxime en una sociedad como la actual, en la que valores como el altruismo padecen una profunda crisis. Pero, aceptado esto, se impone como obligación moral aclarar de manera inequí­voca que en el campo de la solidaridad no todo vale. En primer lugar habrí­a que decir que el propio término benéfico queda en determinados contextos prostituido, en la medida que se pretende recaudar dinero con un reclamo estético resultado de una actividad cruel como pocas. En un plano estrictamente moral, no serí­a más rechazable organizar un acto "benéfico" en el que se subastaran objetos confeccionados por niños del tercer mundo bajo una severa explotación laboral, al objeto de recaudar fondos para una causa justa, sea cual sea, ayudar a superar el trauma de padecer cáncer, por ejemplo. Estarí­amos ante un mero intercambio de "sufrimiento por sufrimiento", algo difí­cil de legitimar.

En este sentido, debemos recordar una vez más que no existe un dolor especí­fico de los animales y otro de las personas. Simplemente existe el sufrimiento, que resulta tan indeseable para unos como para otros, sin que cuestiones como la especie biológica tengan aquí­ la menor importancia. No consta que padecer cáncer resulte más indeseable para el enfermo de lo que pueda resultar para el animal permanecer de por vida en condiciones de crueldad extrema. Y, ante una reflexión como ésta, no podemos obviar el hecho de que, mientras la dolencia mencionada deriva de la fatalidad del destino (o, en la mayorí­a de los casos, de unos hábitos de vida inadecuados), la agresión que inflige a los animales la industria de la peleterí­a es consciente, deliberada y superflua. En este sentido, no parece precisamente una idea afortunada la de un desfile de objetos de superlujo en un mundo en el que nueve de cada diez personas sufren pobreza severa. Las prendas protagonistas del evento constituyen la etapa final de grandes dosis de sufrimiento gratuito, y, por el exclusivo sector social al que van dirigidas, una ofensa moral para quienes ni siquiera llegan a cubrir sus necesidades básicas diarias.

En otro orden de cosas, y haciendo referencia a la asociación a la que irán dirigidos los beneficios, es desolador comprobar una vez más cómo las mismas personas que viven rodeadas de dolor y angustia, por sus familiares enfermos o por ellos mismos, se muestran incapaces de poner en práctica un elemental ejercicio de empatí­a ante el sufrimiento ajeno cuando éste no tiene forma humana. A lo que es en realidad un claro déficit ético, hay que añadir en este caso una notable falta de imaginación. La asociación referida parece olvidar que la mayor parte de iniciativas similares no incluyen elementos de crueldad, por lo que solo cabe achacar a una cierta torpeza estratégica, a una falta de reflexión, e incluso al egoí­smo, el hecho de que se haya aceptado por su parte ser destinatarios de los beneficios.

A estas reflexiones de carácter moral cabrí­a sumar la de que la promotora del acto es un conocido negocio privado de la ciudad, con lo que resulta muy difí­cil no vincular la idea en parte a un deseo de autopromoción barnizado de corrección polí­tica.

Quienes asistan a tan pomposo evento deben saber que su éxito no implicará, lamentablemente, un gran beneficio para los destinatarios, y sí­ perpetuará el infierno en el que viven millones de seres inocentes para los que el bienestar fí­sico y emocional es tan importante como para cualquiera de nosotros.

Por último, ATEA desea recordar que se identifica plenamente con todas aquellas organizaciones entre cuyos objetivos se encuentran los de paliar el sufrimiento ajeno, como es el caso de AACC, pero no con las fórmulas estratégicas que en ocasiones emplean.




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