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AENA y los trabajadores aéreos
Recibida de Trabajadores del Aéreo el 10-02-2010 a las 02:02

Desde el inicio del proceso democrático, ciertos servicios del Estado, bien por su componente estratégica, militar o policial, y/o bien por su componente corporativa, quedaron excluidos, por los poderes políticos dominantes, de la penetración de las ideas y prácticas democráticas, manteniéndose y fomentándose desde esos poderes una componente corporativa elitista y marginal, de difícil explicación en una sociedad democrática. Así ocurrió con los controladores aéreos, como ha ocurrido con los pilotos, con ciertos cuerpos de catedráticos, médicos, jurídicos, o con la policía y la Guardia Civil, etc.…

En el caso que nos atañe, los controladores aéreos, eran funcionarios del Estado, que pertenecían a Aviación Civil, muchos de ellos procedentes del ejército. Antes, con Aviación Civil, y después, con la creación de AENA en junio de 1990, no solo mantuvieron sus prebendas corporativas, sino que las distintas Direcciones del Ente Público no dejaron de fomentar y apoyar el amarillismo y corporativismo sindical de los controladores aéreos, separados del resto de los trabajadores del Ente, con convenio propio, y apoyando abiertamente al USCA (Unión Sindical de Controladores Aéreos), algunos de cuyos dirigentes eran declaradamente de extrema derecha.

Mientras, esas mismas Direcciones perseguían y marginaban a los trabajadores que intentaban crear otro tipo de sindicalismo, un sindicalismo de clase, unido al conjunto de los trabajadores de AENA, y basado en un modelo de relaciones laborales democráticas en el sector, en defensa de la seguridad aérea y de la calidad en el trabajo de los controladores, que pasaba necesariamente por una plantilla más formada y adecuada a necesidades reales del tráfico aéreo, y en contra de suplir la escasez de personal con horas extraordinarias, que atentan contra la seguridad aérea, la seguridad de los trabajadores, y contra la creación de empleo.

Desde la creación de AENA, va a hacer 20 años, por los Ministerios de Transportes y/o Fomento han pasado los Srs D. José Barrionuevo, José Borrell, Rafael Arias Salgado, Francisco Álvarez Cascos y Magdalena Álvarez, antes que su actual titular, D. José Blanco, y todos han propiciado y mantenido la misma política corporativa con respecto a los controladores aéreos.

Siendo Ministro D. Francisco Álvarez Cascos, conocido por su escaso talante democrático, se firmó en convenio abonar al 300% las horas extras para suplir la escasez de plantilla, y no contratar más personal ante el elevado aumento del tráfico aéreo en esa época.

Conviene destacar que cuando se habla de horas extras en el control aéreo, no se habla de prolongar la jornada una hora o dos, sino de hacer un turno completo, de mañana, tarde o noche, los días de libranzas por descanso del trabajador. O sea, es acortar el descanso del controlador aéreo, conseguido para garantizar la seguridad aérea, debido a los cambios de turnos y la intensidad del tráfico aéreo, que en los aeropuertos H24, llegan a ser muy penosos. Es decir, que se autorizó la ampliación de jornadas en detrimento del descanso del personal, poniendo en cuestión la seguridad aérea.

Por supuesto, que ese sistema de prima millonaria ha traído abusos de ciertos personajes, como determinados jefes de planta y/o instructores. Ya se sabe, como dice el dicho: “quien parte, reparte, y se lleva la mejor parte”.

Y lo que no es menos escandaloso, es que el actual conflicto camuflado de los controladores, es consecuencia de la negociación del convenio prorrogado y no negociado desde el 2004, fecha en que asumió el Ministerio de Fomento Dª Magdalena Álvarez, hasta el 2008. ¿Pero que fomentó esa impresentable Ministra durante su legislatura con respecto a los controladores aéreo?

Los trabajadores de las empresas de aviación y handling sabemos lo que hizo: además de mantener las prebendas a los controladores, fomentar la liberalización del sector, o sea más precarización y más salarios de miseria, cuando las empresas ganaban a sacos llenos, y continuar la construcción de mega-aeropuertos con dinero público, para luego privatizarlos.

Ahora, para solucionar el problema, el Ministro D. José Blanco, por decreto, va a recortar los salarios de los controladores, va a aumentar la jornada, sin aumentar la plantilla, y va a liberalizar el sector, o sea, a privatizarlo, abriendo la puerta a empresas privadas, que por cierto, no existen en el sector.

Que elimine las abusivas horas extras, es entendible y necesario, pero el Sr. Ministro no puede hacer lo del dicho de: “aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid”.

Aumentar por decreto la jornada laboral, sin tener en cuenta el descanso necesario para no poner en peligro la seguridad aérea, no es admisible. No es lo mismo los aeropuertos que tienen H24, a los que cierran a las 23h o 24h. O aquellos aeropuertos que tienen las mismas horas de funcionamiento, pero diferentes frecuencias de vuelo. La jornada y el descanso deberán ajustarse para compatibilizar el trabajo con la seguridad aérea. Y por supuesto, ajustar las plantillas al número necesario, sin camuflar su escasez, ni con las abusivas horas extras, ni con jornadas alargadas, como ocurre en la mayoría de las empresas actuales del sector aéreo.

Y por último, está el nudo gordiano de la propuesta ministerial, la privatización del servicio del control aéreo. El control aéreo es un servicio estratégico del Estado, que no puede, ni debe estar en manos privadas.

Los que trabajamos en el sector aéreo, llevamos años sufriendo las consecuencias de la liberalización, que no es otra cosa que la precarización al máximo de las relaciones laborales, con permanentes renovaciones contractuales para la realización de trabajos de actividad continuada, con contratos de hasta 12h semanales, aumentos de jornadas con horas “perentorias” (horas extras obligatorias), por falta de personal, y con ERE’s fraudulentos, etc.…

Lo que el transporte aéreo necesita es su democratización, impulsando la participación y control de los trabajadores en la gestión empresarial, a través de sus comités de empresa, para evitar los abusos de precariedad y salariales, tanto por abajo, como por arriba del abanico salarial. Adecuar las empresas, y el número de empresas, a las necesidades reales de actividad, para acabar con la brutal eventualidad y precariedad laboral. Que AENA dirija y controle el tráfico aéreo, en gran medida en manos de los tours operadores, velando por la seguridad y rentabilidad del transporte aéreo, y dejar de dedicarse a la construcción de mega-aeropuertos con dinero público, para luego regalarlos, malvenderlos, o cederlos a la explotación privada.

España necesita crear empleo estable, seguro, y con control del abanico salarial, para dignificar los salarios más bajos que permitan vivir a los trabajadores, y acabar con los salarios abusivos por arriba, así como eliminar los corporativismos de todo tipo. Y eso solo es realizable desde lo público.

Lo privado y especulativo nos ha llevado a la situación actual de profunda crisis sistémica.




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