Vídeo del rescate
http://www.vimeo.com/8385284
Galería fotográfica:
http://www.flickr.com/photos/igualdadanimal/sets/72157622437140403/
Varios activistas del Equipo de Rescates Abiertos de Igualdad Animal
acudimos de noche a una granja de explotación de ovejas y corderos para
carne, leche y lana de Cataluña con el objetivo de rescatar a tres animales
de entre todos los que vivían allí explotados con una sentencia de muerte
sobre ellos.
Tras haber inspeccionado la granja varios días antes —aquella misma
mañana habíamos presenciado cómo un camión se llevaba a decenas de
corderos al matadero— y contando ya con un lugar adecuado para los
animales que serían rescatados, esa noche arriesgamos nuestra libertad para
ayudar a otros animales, porque pensamos que la solidaridad y la justicia no
deberían entender de especies.
Decidimos rescatar a una madre que se encontraba encerrada junto con sus dos hijos recién nacidos y que todavía tenían el cordón umbilical colgando.
Aprovechando que estaban separadas del resto, nos resultó sencillo coger a
la madre y llevarla hasta la furgoneta que habíamos aparcado al lado.
Aunque inicialmente estaba intranquila —quizás temiendo que le fuésemos
a hacer daño a ella o a sus hijos—, una vez en nuestros brazos,
permaneció inmóvil y nos dejó trasladarla sin problemas. Sus hijos,
llevados en los brazos de Sonia e Iván, se reunieron con ella instantes
después. Horas más tarde se encontraban ya en un lugar seguro para ellos
donde nadie volvería a hacerles daño. Le quitamos a la madre el crotal o
etiqueta con que la identificaban como propiedad de un humano y observamos
cómo se adaptaban a su nuevo hogar.
Como no es de extrañar, el consumo de carne de cordero, leche de oveja y su
pelo para vestimenta tiene terribles consecuencias para las ovejas y los
corderos que son obligados a vivir privados de libertad, sometidos a
diversas mutilaciones, separaciones y condiciones para finalmente ser
degollados en cualquier matadero. Es por ello que desde Igualdad Animal te
animamos a prescindir del consumo de productos animales, adoptando una
alimentación vegana y vistiendo con prendas confeccionadas sin la piel o el
pelo de otros animales. Si crees que esto resulta complicado —no dudes en
pedirnos ayuda para dar el paso—, echémosle un vistazo a lo que supone
para las ovejas y corderos que no lo hagamos. Empecemos por la madre…
Nana, la oveja madre que hemos rescatado, había tenido que padecer, como
"hembra reproductora", la terrible experiencia de verse separada una y otra
vez de sus hijos. Los sucesivos embarazos a los que había sido sometida
siempre eran acompañados de la casi inmediata separación de aquellos seres
a quienes ella quería y trataba de proteger desde que nacieron.
Aunque no solemos pensar en ello, los humanos no son los únicos animales
que sufren cuando son separados forzadamente de sus crías. Las ovejas son
animales sociales que forman vínculos afectivos entre sí y para quienes
sus vidas, así como las relaciones que establecen, son tan importantes como
para nosotros la nuestra. Al sufrimiento y angustia que ha tenido que
padecer por esto, tenemos que añadirle lo que supone ser mutilada —por
supuesto sin anestesia— cuando le cortaron el rabo —y de paso varias
vértebras del mismo— y, con el propósito de facilitar su
identificación, le cortaron la oreja longitudinalmente con una tijera tal y
como podrás ver en las fotografías.
Sus hijos no iban a correr mejor suerte. A la cordera quizás le tocase
experimentar el conjunto de horrores que un humano había preparado para
ella como "hembra reproductora" de la que pretendía obtener más víctimas.
Su hermano, una vez alcanzase los 22 kilos de peso, sería separado de su
familia y metido en un camión que le llevaría en unas horas al matadero
comarcal. Una vez allí, y rodeado de otros corderos asustados que balan
llamando a sus madres en busca de su protección —tal y como hemos
presenciado nosotros mismos y así hemos grabado— sería recibido a
patadas y empujones para obligarle a avanzar con el resto hacia su verdugo.
En todo ese tiempo podría ver ante sus ojos cómo se iban llevando uno a
uno al resto de su grupo. Podría verles luchando por su vida y y
escucharles balar mientras cuelgan boca abajo y la sangre, de fuerte olor,
empezaría a cubrirlo todo.
El matarife, cansado ya de matar durante horas, no se tomaría la molestia
de atinar con el aturdidor y le colgaría de una de sus extremidades con una
cadena que le llevaría hasta quien, mecánicamente, le clavaría un
cuchillo en el cuello y le dejaría desangrándose durante varios minutos.
Afortunadamente, ni Nana ni sus dos hijos, tendrán que padecer todo eso.
Ahora viven en un refugio a cargo de personas responsables que les cuidan y
procuran que tengan una vida plena y feliz.
Nana es una madre en todos sus sentidos. Vive preocupada por sus dos hijos
(un cordero y una cordera), observando sus movimientos y llamándoles cuando
se alejan demasiado. Ellos no pueden refrenar las ganas de explorar este
mundo al que han llegado hace poco. Se encuentran en esa situación en la
que su interés por sentirse protegidos al lado de su madre empieza a ser
superado por la curiosidad que tienen por todo lo que les rodea y llama su
atención. Si imitamos sus balidos —cosa que nos gusta hacer
especialmente— y a pesar de nuestro aspecto tan diferente al suyo, no
pueden evitar acercarse intrigados por la llamada, eso sí, siempre bajo la
atenta mirada de su madre que ya ha empezado a confiar en nosotros.
Ahora que ya han transcurrido los momentos más intensos para todos, nos
satisface verles tranquilos, ajenos a todo el horror que les aguardaba —y
que su madre ya había tenido que experimentar—. Desgraciadamente muchas
otras ovejas, carneros y corderos no tendrán esta oportunidad. Si pensamos
que, según el Ministerio de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino, solamente
en España se matan anualmente a más de 13 millones de ovejas y corderos
—sin contar quienes fallecieron antes de llegar al matadero—, puede
parecernos que rescatar a dos corderos y una oveja es algo simbólico que no
cambia nada al fin y al cabo. Aunque hay motivos para no ignorar la trágica
realidad, desde Igualdad Animal pensamos que no debemos olvidar que cada
animal es un individuo, alguien que quiere disfrutar de su vida sin ser
utilizado ni matado. Para ese animal, el cambio que supone en su vida ser
rescatado del centro de explotación en que vivía preso es absoluto. Para
él o ella, se trata, literalmente, de la diferencia entre la vida y muerte.