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Afganistán: vivencias del retorno
Recibida de ACNUR el 20-08-2002 a las 10:08

El ACNUR y la Sociedad para Derechos Humanos y ayuda a prisioneros (SHARP), la organización no gubernamental paquistaní que ayuda en el programa de repatriación voluntaria, gestionan en Attock dos centros donde los refugiados afganos pueden buscar ayuda para regresar a casa.

ATTOCK, Pakistán (ACNUR) "“ La familia de Sayed Yahya está lista para emprender el viaje de regreso a Afganistán. Las camas están perfectamente apiladas contra la pared de su casa de adobe. El telar de alfombras que continuará suministrándole su modo de subsistencia ha sido desmantelado y colocado en la tierra al lado del portón que da a la calle. Se percibe con intensidad la excitación entre los niños que observan a estos extraños que verifican el derecho de la familia a recibir asistencia para el viaje.

Visitar el hogar de Yahya es uno de los trabajos más fáciles para los equipos del ACNUR en la ciudad paquistaní­ de Attock, cerca del rí­o Indo. Los trabajadores humanitarios deben asegurarse que las miles de personas que piden ayuda al ACNUR para regresar a Afganistán, sean refugiados que realmente intentan reiniciar sus vidas en su tierra natal.

El ACNUR y la Sociedad para Derechos Humanos y ayuda a prisioneros (SHARP), la organización no gubernamental paquistaní­ que ayuda en el programa de repatriación voluntaria, gestionan en Attock dos centros donde los refugiados afganos pueden buscar ayuda para regresar a casa. La agencia de las Naciones Unidas para los refugiados paga la asistencia para el viaje a aquellos que califican, una vez que las familias llegan a los centros de pago en su lugar de destino en Afganistán.

Después de que el jefe de una familia solicita regresar bajo los auspicios del programa de repatriación del ACNUR, el personal de la agencia lo acompaña de regreso a su hogar. El equipo, que está formado por hombres y mujeres, de manera que todos los miembros de la familia pueden ser entrevistados, debe asegurarse de que la familia en realidad regresará y que no está compuesto por "recicladores" "“ gente que ya recibió ayuda pero que están de regreso en Pakistán esperando recibir un segundo pago-.

El equipo no duda de la sinceridad de Yahya. Esta familia uzbeca claramente está trasladando todas sus pertenencias al norte de Afganistán, zona que dejaron hace 10 años, cuando el paí­s comenzó otra destructiva guerra.

Yahya incluso muestra un contrato para un futuro trabajo en Afganistán, respaldado por la compañí­a en la que su familia ha estado trabajando, haciendo alfombras en Attock -10 metros cuadrados de alfombra meticulosamente tejidas a mano, por la cual recibirán el equivalente de 467 dóalres americanos.

No todo el trabajo del equipo es fácil. El mismo equipo acaba de llegar de un campamento en el poblado de Shakar Dara, en las afueras de Attock, donde visitaron el "hogar" de un hombre pashtún, que solicitó ayuda para trasladar a su familia a la capital afgana, Kabul. Las únicas pertenencias que la familia puede mostrar son unos pocos envoltorios sobre un estante. Incluso las relaciones entre al familia y campamento parecen obscuras.

El diálogo por separado entre el hombre que solicitó asistencia, una madre y un hombre que dice ser el arrendador, no hace más que producir contradicciones. Dependiendo de quien hable, la familia ha estado viviendo ahí­ entre dos y quince años.

"Son falsos", declara el oficial de repatriación del ACNUR Asif Malik. "Vamos a rechazarlos. Ninguna de las historias concuerda". Desde el inicio del programa de repatriación en marzo, la agencia para los refugiados ha reconocido que se debe tomar medidas para prevenir el "reciclaje", el cual podrí­a desviar los escasos fondos necesitados para ayudar a los legí­timos retornados.

Sin embargo, sin certificados de nacimiento u otros documentos para examinar, la distinción entre los solicitantes falsos y los reales debe realizarse a través de chequeos indirectos, como por ejemplo, hablar con los vecinos, comparar las historias relatadas por los miembros de la familia y viendo si su equipaje contiene equipo de cocina. Los experimentados equipos de SHARP a menudo pueden percibir que algo extraño sucede, en el momento que entran a uno de estos falsos "hogares" usados con la esperanza de obtener ayuda del ACNUR.

Hasta ahora, cerca de una quinta parte de los que solicitaron asistencia han sido rechazados, en total unas 60.000 familias. La proporción de rechazados ha aumentado a medida que los procedimientos se han tornado más estrictos, el personal adquiere más experiencia y los "recicladores" llegan a ser conocidos en los centros del ACNUR.

De mayor preocupación que el tema de los "recicladores" es el temor de que retornados legí­timos no puedan mejorar sus condiciones de vida en Afganistán.

El Dr. Habid-Ullah solí­a administrar una atareada fábrica de alfombras en Attock, que indirectamente empleaba a miles de refugiados afganos. La fuerza de trabajo regresó a Afganistán en mayo y hoy la fábrica está vací­a. Pero dice que algunas familias están retornando de nuevo a Pakistán, debido a las preocupaciones por la inseguridad reinante en el norte de Afganistán y la falta de oportunidades de trabajo. No son "recicladores", sino gente que ha intentado quedarse en Afganistán. Si la asistencia externa no logra mejorar las condiciones ahí­, dice Habid-Ullah, pronto podrí­a tener suficientes trabajadores de regreso en Attock para reabrir la fábrica.

Entre tanto, mientras Yahya prepara a sus familiares para regresar a la provincia de Faryab, es clara su intranquilidad por abandonar el paí­s en el cual creció. Ahora, con 22 años de edad, no ha estado en Afanistán desde hace una década. Vendí­a comida en las calles de Karachi hasta que la familia se trasladó a Attock hace dos años y, con la ayuda de sus hermanos y hermanas, volvió a elaborar alfombras.

Yahya quiere continuar en el negocio de las alfombras a su regreso a casa, pero espera hacerlo eventualmente en Kabul e iniciar un pequeño negocio. Su futuro estará determinado por las oportunidades económicas que encuentre cuando regrese a Afganistán.

"No tengo muchas ganas de regresar, he pasado mi vida en este lugar. Todos los paquistaní­es son mis amigos, nuestros vecinos nos están pidiendo que nos quedemos", dice. "Pero mis padres regresaron hace cuatro meses y escribieron diciendo que todo está bien para que regrese. Tengo que regresar. Es mi paí­s".




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