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98í‚° Conferencia Internacional del Trabajo
Recibida de Revista Economía Crítica y Crítica a la Economía el 03-07-2009 a las 10:07

Haría falta crear 300 millones de puestos de trabajo en el mundo sólo para alcanzar el nivel de empleo anterior a esta crisis. En la 98º Conferencia de la Organización Internacional del Trabajo se han apuntado medidas y soluciones a la Crisis del Empleo que, por ahora, son poco más que bonitas palabras.

98ª Cumbre de la OIT

Respeto y movilización para salir de la crisis

Palabras que se repiten mientras la crisis comienza a agravarse entre los sectores más desfavorecidos. La OIT estima que el desempleo podrí­a incrementarse en 59 millones a escala mundial para finales de 2009. Más de 200 millones de trabajadores y trabajadoras podrí­an entrar en la más extrema pobreza, sobre todo en paí­ses en desarrollo y emergentes donde las redes públicas de solidaridad son escasas o inexistentes, lo que implicará que el número de pobres que trabajan, pero ganan menos de dos dólares al dí­a, podrí­a ascender a 1.400 millones.

Crisis significa que "la situación de un asunto o un proceso está en duda de continuación, modificación o cese". El momento decisivo ha llegado. En crisis anteriores, la recuperación de los empleos sólo se logró después de volver a la senda del crecimiento económico. En esta ocasión, hay limitaciones estructurales que podrí­an hacer que las viejas recetas adaptativas del capitalismo no sirvan.

Palabras en defensa de los derechos

No sólo está en tela de juicio el sistema. Está en tela juicio prácticamente todo. Todo ha fallado. Por ello, el Pacto Mundial para el Empleo, que han aprobado los mandantes de la OIT (sindicatos, empleadores y gobiernos de todo el mundo) dictamina en su primera página la necesidad "de un mundo que funcione mejor" y de que "el mundo deberí­a ser diferente después de la crisis". Un mundo en el que según se afirma, "la movilización para afrontar esta situación debe formar parte de toda respuesta integral". De lo que se puede deducir que sin defensa de los derechos, sin acción y sin movilización no habrá avances sino regresión.

A miles de kilómetros de las que sólo tienen derecho a vivir, de las personas más vulnerables y oprimidas, se celebró, en la sede de Naciones Unidas de Ginebra, la Conferencia anual de la Organización Internacional del Trabajo, donde se levantó acta de las posibles respuestas pactadas contra la crisis. Más de 4.000 delegados de gobiernos, asociaciones de empleadores y sindicatos de gran parte del mundo contrastaron sus análisis y propuestas. La mayorí­a de ellos expresan su voluntad para impedir una degradación generalizada de la seguridad y el bienestar de los trabajadores y las clases populares. Jefes de Estado y de Gobierno, Ministros de Trabajo y dirigentes de organizaciones de empleadores y sindicales discutieron sobre las polí­ticas que están siendo implementadas a nivel nacional e internacional para frenar la crisis. Las discusiones alcanzaron temas como la coordinación regional y mundial, la cooperación para el desarrollo, la gestión de programas nacionales de empleo y derechos en el trabajo, el diálogo social y la supervivencia de las empresas.

Entre los principios para la recuperación y el desarrollo de la economí­a global que se plasmaron en la Conferencia, cabe recordar la creación del empleo por medio de empresas sostenibles, el apoyo a las personas ocupadas en la economí­a informal, el fortalecimiento de los servicios públicos, la igualdad de acceso al mundo laboral, evitar las soluciones proteccionistas o promover las normas fundamentales del trabajo"¦

¿Cuándo llegarán los hechos?

Para muchos asistentes quedó patente que la movilización de todos es lo único que logrará revitalizar la economí­a. Se busca una globalización más justa y sostenible. Lo que implica que sin movilizaciones en defensa del derecho al trabajo y al bienestar social no lograremos una salida progresiva de esta situación. El derecho a la huelga es un garante de la libertad que protege a los seres humanos de la tiraní­a. ¿Porqué no se utiliza esta herramienta?. ¿Por que no se han realizado acciones contundentes a nivel internacional o nacional en esta ocasión?

Todos deberí­amos encontrarnos no sólo en una etapa de reflexión sobre nuestro mundo, sino en una etapa de construcción de una economí­a alternativa más respetuosa. Ya que, la clave y base para solucionar la crisis es el RESPETO a uno mismo y a los demás y la MOVILIZACIÓN de uno mismo y por los demás. Si el mundo se hubiera movilizado frente a la especulación y la subyugación de los muchos por unos pocos no estarí­amos en este trance.

Pacto Mundial para el Empleo

¿Qué busca un Pacto Mundial para el Empleo? ¿Qué pretende? ¿Pone unas pautas reales para alcanzar el pleno empleo o el llamado trabajo decente que defiende la OIT? No hay que aspirar a poco en los momentos de crisis. Tampoco, nos dicen, hay que pedir en exceso. Hay un mí­nimo y un máximo en toda negociación colectiva. Todo pacto tiene un valor en sí­ mismo, diferentes partes (en este caso: empleadores, sindicatos y gobiernos) se han puesto de acuerdo. Al menos hay una base para comenzar a construir, dentro de un marco de respeto y movilización, las nuevas propuestas emergentes que buscan ir más allá de la lógica del beneficio.

Sólo el 20 por cierto de la población mundial tiene una adecuada cobertura de seguridad social y más de la mitad carece por completo de este derecho. Por ello, uno de los puntos más prometedores del Pacto Mundial para el Empleo es el establecimiento de sistemas de protección social para todas las personas. Esto quiere decir la promoción de medidas a corto plazo que ayuden a los más vulnerables, mediante el establecimiento de dispositivos de solidaridad hacia los desprotegidos, con el objeto de subvenir a sus necesidades inmediatas y de aliviar la pobreza. También se apuesta por la instauración de una protección social para todos ("piso social") que incluya el acceso a la atención sanitaria, la seguridad del ingreso para los ancianos y las personas con discapacidad, las prestaciones por hijos a cargo y la seguridad del ingreso combinada con sistemas públicos de garantí­a. Por último, cabe remarcar el compromiso de incrementar la cobertura de la prestación por desempleo y las actividades de desarrollo de las capacidades en dichos periodos.

Entre muchas otras palabras hay varias que destacan en el Pacto Mundial para el Empleo: formación profesional y técnica, reconocer el valor de la agricultura en la economí­a y un salario mí­nimo que permita reducir la pobreza. Según el Pacto Mundial para el Empleo los gobiernos deberí­an considerar las opciones, "como el salario mí­nimo, que permita reducir la pobreza y la desigualdad, incrementar la demanda y contribuir la estabilidad económica". El convenio sobre la fijación del salario mí­nimo, de 1970, puede proporcionar una idea a este respecto.

¿Pero todos estos temas emergen como prioridades para los dirigentes estatales y los actores sociales en el actual contexto? ¿Existe una voluntad real de la parte de los gobernantes para llevar a cabo una renovación del modelo de relaciones laborales en un sentido de mejorí­a generalizada?

Hablaron los gobernantes: ¿es la hora de la polí­tica?

Parece que a tenor de los acontecimientos que han sumido al ideario neoliberal en una profunda crisis estructural, todos los polí­ticos, de todos los colores y familias, han modificado sustancialmente sus discursos. Dónde se hablaba de libres mercados, ahora florecen las llamadas a la regulación y al multilateralismo. Los diversos mandatarios que acudieron a la Cumbre confluyen, a grandes rasgos, en las recetas y soluciones de consenso para los males de este mundo: Más producción y más empleo decente para que la creación de riqueza económica siga aumentando y genere el modelo de bienestar del que debe ser causa y efecto al mismo tiempo.

No obstante, quedan quienes se resisten a abrir los ojos. El presidente polaco Lech Kaczynski, ni corto ni perezoso, abrió el baile cuestionado los principios del tripartismo y la negociación colectiva. Su receta: "individualización de las relaciones laborales, que permita una mejor adaptación de las condiciones de contratación a cada caso especí­fico".

Lula da Silva, por su parte, defendió la protección social frente a la crisis, e hizo un llamamiento a la cooperación sur-sur con otros paí­ses latinoamericanos y africanos. El sindicalista, devenido presidente de Brasil desde el 2002, atacó en su discurso a "banqueros y especialistas que se han pasado la vida midiendo el riesgo de los paí­ses empobrecidos o emergentes, pero que han sido incapaces de anticipar sus propios riegos que les han llevado a la quiebra". Afirmó que en este momento "tan delicado como precioso", el mundo necesita de nuevas alternativas a base de aprendizaje, reflexión y propuestas para construir un Estado del Bienestar Social a nivel global.

El presidente francés Nicolas Sarkozy dio un discurso que sonaba socialdemócrata, pero con en el tono corriente de las élites conservadoras y colonialistas del paí­s galo. Arremetió contra los especuladores y la imposición de la rentabilidad a corto plazo como principio maestro de la economí­a, para apelar a la regulación global y la existencia de normas a cumplir por todos los gobiernos del mundo, especialmente por "los 50 paí­ses que aún no han ratificado las convenciones de derechos fundamentales del trabajo". Incluso se mostró dispuesto a discutir sobre la Tasa Tobin (propuesta histórica del movimiento altermundialista contra la especulación financiera) y sobre el establecimiento del impuesto del carbono para luchar contra el cambio climático.

Algunos jefes de estado de paí­ses periféricos acudieron también a la cita (Jamaica, Togo, Burkina Faso, Mozambique, Bangladesh) sin que sus palabras tuvieran la mayor relevancia en unas salas vací­as durante sus alocuciones.

Parole, parole parole... que decí­a la canción francesa. Bellos discursos para la galerí­a de un mundo que se degrada a pasos agigantados y en el que las clases gobernantes saben bien que los fuertes intereses contrapuestos no facilitan un avance progresivo y pactado frente a la crisis. Lo decí­an asesores y técnicos de la OIT entre pasillos: el consenso es irreal, todo el mundo sabe que lo que va a pasar es impredecible y es mejor aparentar un cierto entendimiento, a pesar de que las tensiones y divergencias se palpen en el ambiente.

Conclusión: Más acciones para superar las palabras

Cómo hemos visto la OIT se postula como nuevo actor global de la regulación y pacto multilateral entre gobiernos y agentes sociales. Mucho queda hasta que todas estas buenas palabras lleven a concesiones de la parte de los de arriba como fruto de las movilizaciones y conquistas de los de abajo. El tripartismo puede ser una ví­a de compromiso contra el ajuste y la regresión de derechos, pero también puede abocar a una incapacidad de respuesta de la parte de movimientos y clases populares para impulsar cambios de base en las estructuras económicas y en las relaciones globales entre personas, pueblos e instituciones.

Sin embrago, entre realidad e irrealidad, entre la brecha de lo real y lo soñado, la Organización Internacional del Trabajo se ha comprometido en su 98ª Conferencia a dedicar recursos humanos y financieros para apoyar la aplicación del Pacto Mundial para el Empleo en los diferentes paí­ses. Menos y más se puede pedir y se puede dar. Lula da Silva se comprometió durante la Conferencia a la regularización masiva de los inmigrantes. Empiezan a oí­rse palabras de compromiso. No en vano, entre tantas palabras, quizá se necesiten más acciones. En esta ocasión, menos y más todos podemos dar. Este mundo necesita más compromiso con un cambio impulsado a base de respeto y movilización.

Isabel PORRAS NOVALBOS y Jon Bernat ZUBIRI REY*
*Revista Economí­a Crí­tica y Crí­tica de la Economí­a,
Publicación digital mensual. www.economiacritica.net




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