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La cifra de víctimas del hambre alcanza ya los 963 millones
Recibida de Oficina de Información de la FAO para España y Andorra el 09-12-2008 a las 10:12

La culpa es de la subida de precios de los alimentos, y la crisis económica puede agravar la situación.

Otros 40 millones de personas han sido abocadas al hambre este año debido principalmente al alza de los precios alimentarios, según las cifras preliminares dadas a conocer hoy por la FAO. Con ello la cifra total de desnutridos en el mundo se eleva ya a 963 millones, comparada con los 923 millones de 2007, mientras que la actual crisis económica y financiera puede conducir todaví­a a más gente hacia el hambre y la pobreza, según alertó hoy la Organización de la ONU.

"Los precios de los alimentos han bajado a nivel mundial desde principios de 2008, pero este descenso no ha solucionado la crisis alimentaria en muchos paí­ses pobres", dijo el Director General Adjunto de la FAO Hafez Ghanem, al presentar la última edición del informe de la FAO sobre el hambre: El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo (SOFI 2008).

"Para millones de personas en los paí­ses en desarrollo, contar a diario con una cantidad mí­nima de alimentos para llevar una vida sana y activa es un sueño lejano. Las causas estructurales del hambre, como la falta de acceso a la tierra, crédito o empleo, combinados con los altos precios de los alimentos, continúan siendo una triste realidad", aseguró.

Los precios de los principales cereales han caí­do más del 50 por ciento desde sus máximos a principios de 2008, pero permanecen altos comparados con los años precedentes. A pesar del fuerte descenso en los últimos meses, el Índice de Precios de la FAO era todaví­a un 28 por ciento más alto en octubre de 2008 comparado con octubre de 2006.

Con precios de semillas y fertilizantes (y de otros insumos) a más del doble de su nivel de 2006, los campesinos pobres no han podido aumentar su producción. Pero los agricultores pudientes, en particular los de los paí­ses desarrollados, han podido hacer frente al alza de precios de los insumos y aumentar sus plantaciones. Como consecuencia, se espera que la producción de cereales en los paí­ses desarrollados crezca al menos un 10 por ciento en 2008. Por su parte, el incremento en los paí­ses en desarrollo no pasará del uno por ciento.

"Si el descenso de precios y la restricción del crédito asociada con la crisis económica fuerza a los campesinos a producir menos alimentos, el año próximo podrí­amos asistir a otro brusco alza de los precios", subrayó Ghanem. "El objetivo -añadió- de la Cumbre Mundial sobre la Alimentación (CMA) de 1996, de reducir a la mitad la cifra de hambrientos en 2015, requiere un fuerte compromiso polí­tico e inversiones en los paí­ses pobres de al menos 30.000 millones de dólares anuales para la agricultura y cobertura social para los pobres".

El mapa del hambre
La gran mayorí­a de las personas desnutridas en el mundo -907 millones- vive en paí­ses en desarrollo, según los datos de 2007 que ofrece El estado de la inseguridad alimentaria en el mundo. De ellas, el 65 por ciento se concentra en siete paí­ses: India, China, la República Democrática del Congo, Bangladesh, Indonesia, Pakistán y Etiopí­a. Los progresos en los paí­ses de mayor población tendrán un importante impacto en la reducción del hambre a nivel mundial.

Casi dos tercios (583 millones en 2007) de los hambrientos del mundo viven en Asia, continente con una nutrida población y progresos relativamente lentos en la reducción del hambre. Como dato positivo, algunos paí­ses del Sudeste asiático, como Tailandia y Viet Nam han realizado avances notables hacia los objetivos de la CMA, mientras que Asia meridional y central han experimentado retrocesos en la lucha contra el hambre.

En África subsahariana, una de cada tres personas (236 millones en 2007) sufre de desnutrición crónica, el porcentaje más alto de personas desnutridas sobre el total de la población, según el informe. La mayor parte del incremento de hambrientos ha tenido lugar en un único paí­s: la República Democrática del Congo, como resultado de un conflicto generalizado y persistente. El paí­s africano ha pasado de 11 millones de desnutridos (en 2003-05) a 43 millones, con una proporción sobre la población total del 29 al 76 por ciento.

En conjunto, África subsahariana ha realizado algunos progresos en reducir la proporción de ví­ctimas del hambre crónica, que ha bajado del 34 (1995-97) al 30 por ciento (2003-2005). Ghana, Congo, Nigeria, Mozambique y Malawi han conseguido las mayores reducciones en este sentido. Ghana es el único paí­s africano que ha alcanzado los niveles de reducción del hambre marcados por la CMA y los Objetivos de Desarrollo del Milenio. El crecimiento de su producción agrí­cola ha sido la clave del éxito.

Latinoamérica y el Caribe alcanzaron su mayor éxito en la reducción del hambre antes del alza de los precios. Pero las subidas han incrementado el número de personas hambrientas en la región, que se situó en 51 millones en 2007.

Los paí­ses de Oriente Próximo y el Norte de África experimentan por lo general niveles reducidos de desnutrición. Pero los conflictos (en Afganistán e Iraq) y el alza de precios alimentarios han elevado la cifra, desde 15 millones de desnutridos en 1990-92 a 37 millones en 2007.

Objetivo difí­cil de alcanzar
Algunos paí­ses se encontraban bien encarrilados para alcanzar los objetivos de la CMA, antes de que los precios de los alimentos se disparasen. "Incluso estos paí­ses han sufrido retrocesos: parte de los progresos alcanzados se han cancelado debido al alza de precios. La crisis ha afectado principalmente a los más pobres, los campesinos sin tierra y las familias encabezadas por mujeres", afirmó Ghanem. "Será necesario -añadió- un esfuerzo global enorme y decidido, junto a acciones concretas, para reducir el número de hambrientos a 500 millones en 2015".

Exportaciones amenazadas
La situación del hambre en el mundo puede deteriorarse todaví­a más si la crisis financiera golpea la economí­a real de cada vez más paí­ses. La reducción de la demanda en los paí­ses desarrollados amenaza los ingresos que los paí­ses en desarrollo obtienen a través de las exportaciones. Las remesas de los emigrantes, las inversiones y otros flujos de capital -incluyendo la ayuda al desarrollo-, se encuentran también amenazados. Las economí­as emergentes en particular son susceptibles del impacto duradero de la restricción de créditos, incluso si la crisis es de corta duración.

Para acceder al informe:
http://www.fao.org/docrep/011/i0291s/i0291s00.htm




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