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El cambio climático amenaza la soberanía alimentaria mundial, en especial en los países pobres
Recibida de Greenpeace el 17-10-2008 a las 06:10

En la celebración del Día Mundial de la Alimentación, que se articula este año en torno al lema "Seguridad alimentaria mundial: los desafíos del cambio climático y la bioenergía", Greenpeace recuerda que el cambio climático amenaza gravemente a la capacidad de las poblaciones del planeta para alimentarse.

Esto afecta en mayor medida a los más pobres, quienes ven minada dí­a a dí­a su soberaní­a alimentaria. Según la FAO, actualmente hay 923 millones de personas afectadas por el hambre (1), 75 millones más que un año antes y, según el Banco Mundial, 33 paí­ses están en peligro de desestabilización y conflictos internos debido al aumento de los precios de los alimentos (2).

Cambio climático y hambre

Según la FAO, el cambio climático producirá un fuerte aumento de las personas hambrientas en los próximos años. China, el paí­s con más habitantes del mundo perderá su capacidad de alimentar a su población en 2030 debido a los efectos del cambio climático (3). Como resultado de una combinación de factores (aumento de temperaturas, pérdida de tierras cultivables, escasez de agua, condiciones meteorológicas extremas, enfermedades vegetales o aumento de plagas), la producción alimentaria china caerá un 23% en 2050 con respecto a los niveles de 2000. Una situación que también se dará en muchos otros paí­ses.

"Nuestras administraciones deben realizar un cambio de modelo para que la agricultura deje de ser una de las causas que contribuyen al cambio climático y pase a convertirse en parte de la solución", ha declarado Juan-Felipe Carrasco, portavoz de agricultura de Greenpeace. (4).

Agrocombustibles

En ausencia de criterios ambientales y sociales, el cultivo a gran escala de agrocombustibles, en lugar de ser una de las posibles soluciones al cambio climático, contribuye a aumentar sus efectos.

En 2007, EE.UU empleó 54 millones de toneladas de maí­z para producir bioetanol (5), mientras que la UE utilizó 2,85 millones de hectáreas (6) para cultivos agroenergéticos. Si esta tierra se hubiera utilizado para producir alimentos, se habrí­an generado unos 68 millones de toneladas de granos, suficiente como para alimentar a 373 millones de personas cada año (7). Esto equivale a la población de los 28 paí­ses menos desarrollados de África.

"Esta carrera por los mal llamados biocombustibles está contribuyendo a disparar los precios de los alimentos y a destruir los bosques primarios", añade Carrasco.

Transgénicos

El último informe de la Evaluación internacional del conocimiento, ciencia y tecnologí­a en el desarrollo agrí­cola (8), elaborado por cerca de 400 cientí­ficos y firmado por 60 paí­ses, afirma la urgencia de un cambio radical en el modelo de producción de alimentos. Cientí­ficos y representantes de los gobiernos han evidenciado la necesidad de una transición de la destructiva agricultura industrial hacia la adopción de métodos de cultivo basados en la biodiversidad y en los beneficios de las comunidades locales y no de las grandes empresas.

Este documento también concluye que técnicas como la ingenierí­a genética no son ninguna solución al alza de precios de los alimentos, la pobreza, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático (9). Los transgénicos no contribuirán a solucionar el hambre, "son una tecnologí­a monopolizada por un grupo de empresas que se comportan como \’dictadores de la alimentación\’, impiden ejercer el ancestral derecho a guardar e intercambiar semillas, socavan las bases de una agricultura social y medioambientalmente sostenible y concentran la riqueza", afirma Carrasco.

Pesca

El pescado es la principal fuente de proteí­nas animales para unos dos mil millones de personas en todo el mundo, particularmente en algunas de las zonas costeras más pobres de África, Asia o Latinoamérica. La sobreexplotación de los recursos pesqueros y el aumento del consumo de pescado en los grandes mercados de Europa, Japón y Estados Unidos, amenazan la subsistencia de comunidades pesqueras enteras, que se ven privadas del acceso a un alimento tan completo como el pescado, a la vez que pierden una fuente de empleo fundamental. Es imprescindible garantizar los derechos de las comunidades de pescadores y dar prioridad de acceso a los recursos a las flotas artesanales, para que el pescado siga contribuyendo en el futuro a la satisfacción de las necesidades básicas de estas poblaciones.

La confluencia de la crisis alimentaria y financiera global junto a los impactos del cambio climático, exigen la inmediata puesta en marcha de cambios significativos en las polí­ticas y los modelos productivos. Para que se garanticen la seguridad y la soberaní­a alimentaria mundial, Greenpeace exige a los gobiernos:

– El incremento de las inversiones públicas en investigación y desarrollo de modelos de producción agroecológicos que contribuyan a la lucha contra el cambio climático.

– La inmediata suspensión de la financiación a la industria de los transgénicos y una prohibición de las patentes sobre semillas.

– La eliminación de las subvenciones a la agricultura destructiva, quí­mico y petro-dependiente.

– El abandono de los objetivos de incorporación mí­nima obligatoria de agrocombustibles para el transporte. Al mismo tiempo, limitar el consumo y las emisiones de CO2 de los vehí­culos con medidas obligatorias de ahorro y eficiencia.

– La implementación de una legislación que garantice que los cultivos agroenergéticos no amenacen la soberaní­a alimentaria, especialmente en los paí­ses empobrecidos.

– La reducción de la capacidad de las flotas de pesca, particularmente en el sector más industrial y la restauración de los ecosistemas marinos degradados por décadas de sobrepesca.




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