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Ecologistas en Acción denuncia que la zona de Palomares continua contaminada
Recibida de Ecologistas en Acción el 23-05-2002 a las 07:05

Según ha podido saber Ecologistas en Acción, la situación radiológica de Palomares (Almería) es mucho peor de lo que se suponía. Las bombas que cayeron en 1966 han dejado una huella que perdura hasta nuestros días. De toda la extensión contaminada, hay dos zonas de unas siete hectáreas que están severamente contaminadas de plutonio y, en menor medida, de americio, elemento que se produce por la desintegración del plutonio.

La contaminación existente en la actualidad es difusa, por lo que no es fácil eliminarla y es lo bastante grave para impedir que el terreno se dedique a aquellos usos que suponen liberación de polvo. Esto se debe a que tanto el plutonio como el americio se desintegran emitiendo partí­culas alfa. Por eso su mayor peligro estriba en que sean ingeridos o respirados. Esto supone que aquellas zonas contaminadas no se pueden dedicar a la agricultura o a la construcción.

El plutonio tiene un periodo de semidesintegración muy largo, habrán de pasar 24.400 años para que su cantidad se reduzca a la mitad, lo que supone que el suelo será eternamente inútil para cualquier actividad.

Fue en enero de 1966, cuando en Palomares cayeron accidentalmente cuatro bombas nucleares de un avión militar de los EE UU. Una de las bombas impacto en el mar y otra vio su caí­da amortiguada por su paracaí­das. Las otras dos se estrellaron en tierra, sin paracaí­das, desperdigando su contenido radiactivo. Las bombas contení­an plutonio, el mayor biotóxico creado artificialmente, y que, por el choque, ardió y formó aerosoles que se dispersaron.

Tras intensos y costosos trabajos se trasladó lo contaminado (tierra, plantas...) a cementerios nucleares, pero no se consiguió retirar todo el plutonio de 200 hectáreas. Por este suceso, unas 700 personas que viví­an en la zona pasan anualmente una revisión médica y radiológica en el CIEMAT, que en aquella época era la Junta de Energí­a Nuclear.

Ecologistas en Acción quiere denunciar el silencio que todaví­a se cierne sobre las consecuencias de este grave incidente. La contaminación que se produjo entonces, al igual que los sucesos en torno a la reparación del submarino Tireless, son consecuencias indeseables de la proliferación en el área mediterránea de aviones y barcos con carga nuclear, que ocasionan un peligroso riesgo para la salud y el medio ambiente.




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