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Contaminación en Madrid í‚¿Qué tiene que pasar para que el Ayuntamiento de la capital actúe?
Recibida de Ecologistas en Accion de la Comunidad de Madrid el 01-02-2008 a las 02:02

Tras dos semanas de fuerte contaminación, el Ayuntamiento insiste en su tesis de achacar la responsabilidad de la contaminación al polvo del Sahara. Sin embargo, todos los datos demuestran tanto la falacia de este argumento como la responsabilidad de los tubos de escape de los coches. Pero este tiempo también prueba la irresponsabilidad del Ayuntamiento, que no hace nada por solucionar esta grave situación más allá de intentar ocultarla. Para protestar por esta inactividad municipal, miembros de Ecologistas en Acción y de la FRAVM se han concentrado para informar a los ciudadanos en la estación que peores registros ha acumulado esta quincena, la del Paseo de Recoletos.

En las últimas dos semanas, debido a una fuerte estabilidad meteorológica, ha habido un incremento importante de la contaminación en Madrid. Aunque es cierto que se ha registrado un episodio de intrusión sahariana (fenómeno que ocurre periódicamente), éste ha sido más bien poco importante y ni mucho menos ha sido el principal responsable de la grave contaminación de estos dí­as. Por el contrario, la causa principal es que el anticiclón dificulta la dispersión de los contaminantes que se generan en la ciudad, sobre todo a causa del tráfico, y los í­ndices de contaminación se disparan.

De hecho, el contaminante que más ha subido estos dí­as ha sido el dióxido de nitrógeno, que procede exclusivamente del tráfico. Ha habido niveles altos de partí­culas, y también se han dado niveles inusualmente elevados de otros contaminantes como el dióxido de azufre o el monóxido de carbono, que normalmente no son problemáticos en Madrid. En resumen han subido todos los contaminantes y sólo uno de ellos, las partí­culas, vienen, y sólo en una pequeña parte, del Sahara.

La prueba más irrefutable de esta argumentación es la comparación de dos estaciones, la ubicada en la Casa de Campo, relativamente alejada del tráfico, y la situada en Paseo de Recoletos, en pleno centro de la ciudad, y rodeada de coches. Los datos no dejan resquicio a la duda (datos en microgramos por metro cúbico, µg/m3, si no se especifica lo contrario, extraí­dos de la web municipal).

Es decir, los datos muestran a las claras cómo la contaminación no ocurre en toda la ciudad por igual (que serí­a lo lógico si la contaminación viniese del Sahara). Por el contrario, se producen picos especialmente elevados allí­ donde hay más tráfico (Paseo de Recoletos) y menos donde hay menos tráfico (Casa de Campo).

Lo más grave es que esta situación es perfectamente conocida por el Ayuntamiento, que dispone de un buen sistema de predicción de la contaminación, pormenorizado por horas y por zonas. El Ayuntamiento tiene la obligación de tomar medidas como se hace en otros sitios de Europa cuando se dan estas situaciones "“p. ej. restringiendo el tráfico en las zonas más sensibles"“. Pero no sólo no hace nada sino que enmascara el problema echándole la culpa al Sahara y haciendo una media de toda la red.

La inacción del Consistorio tiene unas dramáticas repercusiones sobre la salud de la gente, como demuestran numerosos trabajos. Los estudios cientí­ficos más prestigiosos (como APHEIS 3, realizado en 26 ciudades europeas) calculan que en Madrid fallecen más de 2.000 personas de forma prematura al año sólo a causa de la contaminación por partí­culas. Ante datos de esta contundencia, Ecologistas en Acción y la FRAVM se preguntan qué tiene que ocurrir en Madrid para que el Ayuntamiento actúe en defensa de la salud de los ciudadanos, algo a lo que le obliga la legislación vigente.

Una situación de esta gravedad, que además es crónica en Madrid, exige medidas que tengan como objetivo la reducción del uso del coche y la potenciación del transporte público y colectivo, a la vez que se favorece el transporte no motorizado (caminar o pedalear). Así­, resulta necesario elaborar y poner en práctica un plan de movilidad sostenible, en el que se recojan medidas de fomento de la bicicleta, del tránsito peatonal, la segregación estricta de los carriles bus, la incorporación de autobuses y tranví­as eléctricos y, sobre todo, restricciones al coche: eliminación de las plazas azules del SER, dejando sólo las de prioridad para residentes; hacer cumplir los lí­mites de velocidad y establecer una velocidad máxima de 30 km/h en las zonas residenciales (como se hace en Austria); peajes progresivos (más altos para los vehí­culos más contaminantes, como se hace en Londres); reducir el viario, etc.

Del mismo modo, en el área metropolitana, resultan necesarios: una moratoria para las nuevas carreteras y autoví­as previstas tanto por la Comunidad de Madrid en el Plan de Carreteras 2007-2011, como por el Ministerio de Fomento; la puesta en funcionamiento de aparcamientos disuasorios; o establecer un lí­mite de velocidad a 80 km/h en el área metropolitana de Madrid, tal y como se ha empezado a hacer en Barcelona y se viene aplicando con éxito en muchas ciudades europeas.




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