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No debemos renunciar a los derechos humanos a cambio de la seguridad
Recibida de Amnistia Internacional el 28-05-2002 a las 04:05

Amnistía Internacional resume las violaciones de derechos humanos que se cometen en 152 países.

Londres.- No cabe duda de que el mundo ha cambiado radicalmente desde el 11 de septiembre.

Pero muchas cosas continúan siendo iguales, como el desprecio por la vida y la dignidad humanas y por los derechos económicos, culturales y sociales, así­ como el agravamiento de situaciones enconadas que vienen de antiguo, como las de Oriente Medio, Afganistán y Colombia, ha manifestado Amnistí­a Internacional en la presentación de su Informe 2002 sobre la situación de los derechos humanos en el mundo durante el año 2001.

El Informe 2002 de Amnistí­a Internacional (que se ocupa de los acontecimientos sucedidos en el año 2001), documenta ejecuciones extrajudiciales en 47 paí­ses, ejecuciones judiciales en 27, "desapariciones" en 35, casos de tortura y malos tratos en 111 y presos de conciencia al menos en 56 paí­ses. Sin embargo, la organización cree que las verdaderas cifras son mucho más altas.

Los terribles sucesos del 11 de septiembre fueron un crimen contra la humanidad que conmocionó y cambió al mundo. Sin embargo, varios gobiernos se subieron al tren del "antiterrorismo" y aprovecharon el momento para incrementar la represión, socavar la protección a los derechos humanos y reprimir la disidencia polí­tica.

"La universalidad de los derechos humanos se enfrenta con su mayor reto. El doble rasero y el enfoque selectivo se están convirtiendo en norma", ha declarado Irene Khan, secretaria general de Amnistí­a Internacional.

En nombre de la seguridad, varios gobiernos se apresuraron a aprobar leyes y otras medidas "antiterroristas", como la detención indefinida sin juicio, los tribunales especiales que se basan en pruebas secretas o las restricciones culturales y religiosas, creando algunas veces sistemas de justicia penal en la sombra. Asimismo, aumentó la renuencia de los gobiernos a criticar la polí­tica interna de los demás.

"La seguridad no puede ni debe tener preferencia sobre los derechos humanos. El mayor peligro para éstos se produce cuando se permite que los intereses polí­ticos y económicos guí­en el programa de trabajo sobre derechos humanos", afirmó Irene Khan.

Estimulada por polí­ticos más preocupados por la popularidad que por el respeto a sus obligaciones internacionales de derechos humanos, la reacción racista ha generado un clima de sospecha y desconfianza, exagerada por la forma en que se describe a los extranjeros como fuente de "terrorismo".

Como secuela de la crisis de Oriente Medio, surgieron ataques racistas y antisemitas contra árabes y judí­os, provocados por la intolerancia hacia las diferencias religiosas, raciales, culturales y nacionales.

"No debemos dejar que venza el miedo. No debemos permitir que las libertades fundamentales salgan perjudicadas o deterioradas y que prevalezca la intolerancia", ha declarado Irene Khan. "No pueden subordinarse los derechos humanos a la seguridad, ni la justicia a la impunidad.", añadió.

En Israel y los Territorios Ocupados, continuaron los homicidios ilegí­timos -cometidos tanto por la Fuerza de Defensa Israelí­ como por los grupos armados palestinos-, la tortura de los detenidos y los juicios sin garantí­as, y durante el año 2001 siguieron las demoliciones de edificios y las restricciones a la libertad de circulación.

A pesar de que en todo el mundo se celebró el 50 aniversario de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de las Naciones Unidas, en el 2001 siguieron cuestionándose los principios básicos de la protección a los refugiados. A cientos de miles de refugiados que huí­an de conflictos y de abusos contra los derechos humanos se les negó la entrada a paí­ses vecinos. Al mismo tiempo, el derecho de los solicitantes de asilo a que su caso se examine fue gravemente vulnerado durante el año. Los miembros de Amnistí­a Internacional en todo el mundo siguieron trabajando contra las interpretaciones limitadas de la Convención de los Refugiados.

En el año 2001 las normas de derechos humanos aceptadas desde hace largo tiempo fueron directamente cuestionadas por los propios gobiernos que lucharon por su adopción. Normas legales internacionales que han estado en vigor durante décadas, como los Convenios de Ginebra, se pusieron en tela de juicio durante el conflicto de Afganistán. El trato recibido por los detenidos en Guantánamo parece haber inducido a algunos gobiernos a creer que tratar de forma inhumana a los presos es aceptable.

Amnistí­a Internacional recalcó que el respeto hacia los derechos humanos abarca no sólo su universalidad, sino la indivisibilidad de todos ellos, económicos, sociales y culturales, así­ como civiles y polí­ticos. A medida que se va expandiendo la globalización, aumentando la riqueza de unos y la miseria y la desesperación de otros, los activistas de derechos humanos no sólo deben promover la justicia legal, sino también la social.

"Un enfoque ético de la globalización debe consistir como mí­nimo en un planteamiento del desarrollo basado en los derechos", señaló Irene Khan.

"Cuando Amnistí­a Internacional habla de un mundo de libertad y justicia, nos referimos a un mundo en el que cada persona disfrute de todos los derechos humanos consagrados en la Declaración Universal de Derechos Humanos y en otros instrumentos internacionales de derechos humanos."

En agosto de 2001, Amnistí­a Internacional amplió su programa de trabajo para incluir en él las nuevas exigencias que plantea un mundo en cambio constante. En el futuro, la organización no sólo se ocupará de los derechos civiles y polí­ticos, que han sido el centro de su acción durante 40 años, sino que también se movilizará para asegurarse de que se respetan los derechos económicos, sociales y culturales.

"La protección de los derechos humanos es para los mejores y los peores de entre nosotros", señaló Khan.

"El reto al que nos enfrentamos, y la responsabilidad que todos compartimos es conseguir que los derechos humanos se conviertan en una realidad para todos, con independencia de orí­genes o creencias".




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