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ENLACE y APDH-A señalan que las prisiones cuentan con las tasas más altas de VIH/Sida y la peor atención sanitaria Recibida de ENLACE el 28-11-2007 a las 01:11
Ambas entidades exigen la integración de la sanidad penitenciaria en el SAS y reclaman medidas para atajar la pérdida de citas hospitalarias de los presos y la alarmante situación de la salud mental en prisión. Con motivo del 1 de diciembre, Día Mundial de Lucha contra el Sida, la Asociación Pro-Derechos Humanos de Andalucía y la Federación Andaluza de Drogodependencias y Sida ENLACE, llaman la atención sobre la grave situación sanitaria que se vive en las prisiones de todo el Estado, en particular, la situación en Andalucía. Las prisiones concentran las mayores tasas de enfermedades infecciosas graves, mucho más elevadas que en la calle. Un 4"™2% de las personas presas tienen SIDA; el 18"™6% está afectada por el VIH; un 41% tiene hepatitis y un 5%, tuberculosis. A este desolador panorama hay que unir la incidencia cada vez mayor de la enfermedad mental en prisión, junto al aumento de casos de patología dual (enfermedad mental y drogodependencias). Un 25"™7% de los presos sufre trastornos psicopatológicos. Sin embargo, la asistencia sanitaria que reciben las personas presas enfermas es inadecuada e insuficiente, en un medio caracterizado, además, por el hacinamiento. Para empezar, en un medio con una incidencia altísima de enfermedades infecciosas y enfermedades mentales, el personal sanitario de las prisiones es de atención primaria y no está preparado para tratar estas patologías. Además, depende jerárquicamente de Instituciones Penitenciarias, lo que interfiere en su labor médica, y es a todas luces insuficiente (1 funcionario de seguridad por cada 5 presos, pero tan sólo 1 médico por cada 162 presos y 1 enfermero por cada 127 reclusos). Igualmente, en prisión no existen programas específicos para las personas con problemas mentales ni especialistas que les realicen un seguimiento adecuado. Lo más grave es que las personas presas tampoco tienen acceso adecuado a una atención médica especializada. Una situación que se produce, lamentablemente, con demasiada frecuencia es la pérdida de citas programadas para consultas con especialistas externos en hospitales o incluso para intervenciones quirúrgicas, por la falta de policías para las conducciones o problemas en los traslados en ambulancia. Por otro lado, tampoco se garantiza el desplazamiento de especialistas a las prisiones. El Reglamento Penitenciario establece que las prisiones contarán, de forma periódica, con un psiquiatra y un médico estomatólogo u odontólogo, pero esta asistencia no se produce ni con la frecuencia necesaria ni en todas las prisiones. Tampoco se cumple, a este respecto, el Convenio Marco de Colaboración en materia penitenciaria entre la Junta de Andalucía y la Administración central (23 de marzo de 1992) y el Convenio en materia de Asistencia Sanitaria entre la Consejería de Salud-SAS y la Secretaría de Estado de Asuntos Penitenciarios (1995), que recogen el compromiso del SAS de ofertar a sus médicos especialistas la posibilidad de pasar consulta en el interior de los establecimientos penitenciarios. La situación de las personas con problemas mentales en prisión ha llegado a ser tan alarmante, que en mayo de 2006 se aprobaron una serie de compromisos recogidos en un Acuerdo sectorial suscrito entre el Ministerio de Interior y la Consejería para la Igualdad y Bienestar Social. Entre otras medidas, se acordó estudiar la situación actual de los programas de atención a necesidades de salud mental de la población reclusa; diseñar, realizar y analizar los resultados de un proyecto de investigación sobre las necesidades de la población reclusa con enfermedad mental y alternativa de atención; y analizar la situación de cada persona con discapacidad y, en su caso, preparar su salida del centro penitenciario. Hasta el momento, se han creado las Comisiones de Seguimiento andaluza y casi todas las provinciales previstas en el Acuerdo. En las prisiones siguen existiendo muchas personas con problemas de salud mental en una situación de abandono. Desde ENLACE y APDHA denunciamos que el Derecho a la Salud no está garantizado en las prisiones y, ante esta grave situación, demandamos: – Asegurar los medios adecuados para que las personas presas enfermas reciban una asistencia sanitaria adecuada y especializada y, en particular, recursos terapéuticos, sanitarios y sociales suficientes para que las personas enfermas sean excarceladas, incluyendo las que sufren enfermedades mentales y alguna patología dual. Por ejemplo, no existen casas de acogida suficientes para las personas con enfermedades graves que son excarceladas por su delicada salud y no tienen un lugar donde ir y ser atendidas. – La inmediata transferencia de la sanidad penitenciaria al Servicio Andaluz de Salud. Esta transferencia, que tenía que haberse hecho efectiva antes del 1 de diciembre de 2004, tal y como establece la Ley de Cohesión y Calidad del Sistema Nacional de Salud, sigue sin ser realidad. Y, entre tanto se produzca dicha transferencia, solicitamos: o El cumplimiento del Convenio Marco de Colaboración en materia penitenciaria entre la Junta de Andalucía y la Administración central (1992) y del Convenio en materia de Asistencia Sanitaria entre la Consejería de Salud-SAS y la Secretaría de Estado de Asuntos Penitenciarios del entonces Ministerio de Justicia e Interior (1995), especialmente en lo relativo a la presencia ambulatoria de especialistas médicos en las prisiones y la especial atención a los problemas de salud mental. o El cumplimiento del Acuerdo sectorial entre el Ministerio de Interior y la Consejería para la Igualdad y Bienestar Social de la Junta de Andalucía en materia de servicios sociales para personas con discapacidad internadas en establecimientos penitenciarios de Andalucía (2006), especialmente en lo relativo a la adecuada atención a las personas presas con enfermedad mental. En definitiva, defendemos que de forma inmediata se aborde la situación de las personas gravemente enfermas privadas de libertad y las duras condiciones en las que se produce en general el encarcelamiento, entre ellas, un desmesurado hacinamiento, que están en la base de conflictos como el último motín acaecido en el centro penitenciario de Picassent. |
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