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Día Mundial de la Libertad de Prensa
Recibida de ASOPGE el 03-05-2002 a las 12:05

Guinea Ecuatorial: periódicos y periodistas .... en la insidiosa cárcel

Desde 1982, el régimen ha venido manteniendo que Guinea Ecuatorial está en un proceso de "žensayo democrático". Creo que cabrí­a que escribir esta democracia con k (demokracia) y no con c. Según la concepción universal, para que un régimen sea considerado democrático deben reunir ciertas caracterí­sticas, entre ellas, las libertades de expresión, de asociación, fuentes alternativas de información; es decir, que los ciudadanos pueden obtener información y opiniones en fuentes alternativas. Estas y otras tantas caracterí­sticas como la difusión del poder, las elecciones libres y transparentes, son las que, según destacados autores sobre polí­tica y democracia, hacen considerar a un régimen como democrático. Si en un paí­s no están dadas estas condiciones, será gobernado por un régimen no democrático.

En el caso que nos ocupa, es decir, en el caso concreto de la libertad de prensa, en que posición se situarí­a a Guinea Ecuatorial cuando desde 1992 su Constitución consagra en el artí­culo 13 que todo ciudadano goza, entre otros, de los siguientes derechos: a la libre expresión de pensamientos, ideas y opiniones; a la libre asociación, reunión y manifestación; a no ser privado de libertad sino en virtud del orden judicial, etc.

En torno a media década, los guineanos tienen acceso a leer prensa extranjera, de conectarse por ví­a satélite a canales de televisión internacional, de poder expresar "žlibremente" [en momentos bien calculados], según determinados incisos "žlegales". Los que pueden tienen acceso a Internet... y también de poder utilizar los recursos del petróleo para fines extra estatales, así­ como ahondar la excesiva diferencia entre pobres y ricos... "žTodo gracias a la paz reinante".
Demos una mirada retrospectiva y preguntémonos. ¿Libertad de prensa, de expresión y de opinión? Sí­. ¿La aprobación de una ley supone el respeto a su contenido? Sí­. Pero unos sí­ contradictorios e inverosí­miles. De hecho, en mi paí­s, de 1982 a 1991 (ensayo democrático), de 1991 a 1996 (transición democrática), y en nuestros dí­as, consolidación de la democracia pluralista, y por tanto, democracia plena, según mantienen el régimen de Malabo, los gangsters de la "žoposición democrática", el enigmático "žinstituto norteamericano para las estrategias democráticas"... Dios ha visto nuestros sufrimientos y valorado nuestros esfuerzos...

En términos de libertad de la prensa creo que el proceso relatado es propicio para la existencia de una prensa libre, independiente y pluralista, porque si no, serí­a fantasmagórico. Y efectivamente lo es. Como profesional nativo y residente en el paí­s, estoy en condiciones de enjuiciar esta situación como una verdadera insidiosa cárcel, que tiene como reos a periódicos y periodistas de todas las tendencias, que incluso pone en tela de juicio la decena de publicaciones que están en la nomina que el ministerio de Información no cesó de proveer a los relatores de derechos humanos para justificar que el paí­s goza de una amplia libertad de prensa. El Gobierno puede felicitarse de lo que ha hecho. Pero, en mi opinión, lo más importante es que haya hombres libres haciendo un periodismo libre. Que cualquier ciudadano, persona fí­sica o jurí­dica pueda libremente participar en el fomento y promoción de la prensa libre e independiente.

Desde una perspectiva totalmente independiente e imparcial, este debate se torna muy fácil de concluir, porque en el barómetro de la libertad de prensa de nuestro paí­s la prensa periódica y los profesionales aún no disponen de medios ni posibilidades para llevar a cabo su tarea. No hay garantí­as jurí­dicas ni sociales para el ejercicio libre del periodismo: acceso libre a las fuentes de información oficial, independencia redaccional de los medios de comunicación de titularidad estatal, no existe una ley de prensa flexible. Y para la mayor desgracia, los detentores del poder económico, incluidas las multinacionales que ahora proliferan en el paí­s, no se atreven a participar en la promoción y desarrollo de una incipiente prensa que tiene como actores a ciudadanos - si no pobres, sino económicamente limitados -, por ser un sector de dudosa aprobación gubernamental.

Si es tal y como se mantiene, que ya se ha consolidado la democracia hasta el extremo de que la Comisión de Derechos Humanos de Ginebra [ante la atenta mirada de los paí­ses de la Unión Europea] ha aprobado que Guinea Ecuatorial no requiere ya la asistencia de un relator o representante de Naciones Unidas en materia de violación de derechos humanos, ¿qué piensa, por ejemplo, un ciudadano occidental que de visita al paí­s durante más de dos meses no pudo leer prensa, porque hace seis meses que las imperceptibles y rudimentales publicaciones están en crisis porque no pudieron hacer frente al coste de papel, que además se importa de la vecina ciudad camerunesa de Douala? O, ¿qué piensan los guineanos o no guineanos, cuando una empresa multinacional suspende el contrato de publicidad que firmó con un periódico independiente porque su director recibió un telefononafo de algún que otro miembro de Gobierno o porque se le ha advertido que la lí­nea editora de tal o cual periódico independiente no gusta al régimen? ¿Quién puede creer que para obtener anuncios publicitarios de las empresas petroleras se requiere una "žpreceptiva" autorización del ministerio correspondiente?

Son cuestiones muy leves ante las que cualquiera pudiera justificar la desvergí¼enza que atraviesa la prensa guineana. Sin embargo, la evidente realidad, de la que difí­cilmente puede escaparse el poder público consiste en su desinterés de promocionar a la prensa oficial. Y como prueba, los parlamentarios del partido gobernante increparon, hace unas semanas, a los responsables del ministerio de Información sobre la mala calidad de locución, redacción y falta de una programación coherente. La prensa escrita tiene casi los mismos problemas, evidenciando así­ cualquier comentario sobre buena voluntad polí­tica.

Cuando hago públicas estas ideas con ocasión del 3 de mayo, Dí­a Mundial de la Libertad de Prensa, no es tanto para criticar que para recordar y exigir de los poderes públicos de Guinea Ecuatorial la adopción de una polí­tica favorable a la promoción de una prensa libre y el ejercicio libre del periodismo, porque ahora más que nuca, nuestro paí­s necesita una prensa regular y dinámica, capaz de fomentar el cambio de mentalidad, contribuir al desarrollo y regenerar los principios democráticos. Es de sobra conocido que la prensa libre es el signo de un pueblo libre, que sin ella los pueblos están obligados a vivir oprimidos.

La Declaración de Windhoek, sobre el Fomento de unos Medios de Comunicación Independientes y Pluralistas, que hoy nos sirve de obligada referencia, establece en su artí­culo cinco que "žla tendencia mundial hacia la democracia y la libertad de información y de expresión es una contribución fundamental a la realización de las aspiraciones de la humanidad". También, destacados personalidades de la vida polí­tica africana, como el antiguo Secretario General de la Commonweal, Emeka Anyouku, se han referido a la libertad de prensa como algo imprescindible para el desarrollo socio-económico y polí­tico, al señalar que "žla construcción de un marco polí­tico estable que permite a los ciudadanos gozar, sobre todo, de las libertades, de un gobierno justo y honesto, de los mejoramientos, de la gracia del desarrollo económico y social, de la calidad de vida, es hoy en dí­a las grandes prioridades de África empobrecida (...)". Subraya que "žpara alcanzar esos objetivos es indispensable que los africanos se esfuerzan en disponer de una prensa independiente, libre, dinámica y crí­tica".

El ambiente que orea al ejercicio del periodismo en Guinea Ecuatorial tiene tintes fundamentalmente polí­ticos, aunque algunos dirigentes intentan justificar que la misma prensa independiente es el responsable de su fracaso, una opinión que considero erróneo en todos los sentidos, porque aquí­, como en gran parte de los paí­ses africanos, el nacimiento de una prensa libre e independiente es uno de los valores democráticos muy dolorosos. Esto, sencillamente, se justifica por el trato y la consideración que los poderes públicos dispensan a los profesionales de la prensa privada. Se les niega el acceso a los actos y a las fuentes de información oficiales. Se les reprocha de opositores al régimen, y están condenados a sufrir una exclusión social, interpelaciones intempestivas, y menos precio absoluto por parte de los que detentan el poder polí­tico y económico.

Incluso algunos, como el autor de este artí­culo, ya no tienen parientes, porque han huido de él para conservar sus pequeños puestos de trabajo en la administración o en las empresas privadas.
Sin embargo, a pesar de los pesares, quiero insistir, como lo he hecho en reiteradas ocasiones, que no hay razón para el pesimismo, porque la nomenklatura polí­tika no podrá retener la relativa libertad de prensa que hasta ahora ha conseguido el pequeño grupo de profesiones de la prensa independiente guineana, si bien hay que prever que en los próximos años, aun sin el apoyo de nadie, la prensa escrita guineana se pondrá al dí­a y se beneficiará de los avances tecnológicos necesarios para llevar a cabo su tarea, aunque en un ambiente difí­cil.

Vayan mis reconocimientos a todos los compañeros de la prensa que han contribuido y expuesto sus cabezas para que se pudiera hablar de prensa libre e independiente en nuestro paí­s. Iguales reconocimientos dirijo a los profesionales de todo el mundo y a las asociaciones y organizaciones internacionales en materia de promoción y defensa de la libertad de prensa, porque su contribución ha venido y sigue agujereando el camino por el que transitamos.

Pedro Nolasco Ndong Obama Nkara, es periodista independiente y presidente de la Asociación de la Prensa de Guinea Ecuatorial.

PEDRO NOLASCO. MALABO, JUEVES 02/5/2002




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