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Militares agreden a activistas tras la acción noviolenta en Bilbao
Recibida de Infopaz el 19-06-2006 a las 10:06

Tras la puesta en libertad de l@s 8 antimilitaristas detenid@s este fin de semana , se ha podido saber que militares, tanto uniformados como de paisano, agredieron, amenazaron e insultaron a l@s activistas que habían realizado, momentos antes, una acción de denuncia no violenta en un cuartel de Bilbao.

Las personas agredidas (hay que señalar que el edificio en el que se encontraban es sede de la propia Delegación de Defensa de Vizcaya) fueron después retenidas innecesariamente, dado que podí­an haber sido entregadas de inmediato a la Ertzantza, que habí­a llegado al lugar de los
hechos al poco tiempo de comenzar la protesta, para que efectuara la detención, retardando con ello el procedimiento sin justificación alguna.
Por ello, hasta 8 horas después no fue inciada la toma de declaraciones reglamentaria en el cuartel de la Guardia Civil de Baracaldo.

Adjuntamos el texto de una de las 8 denuncias presentadas con posterioridad por l@s antimilitaristas contra sus agresores en el Juzgado de guardia, de las que se puede deducir el alto grado de formación del que disponen actualmente los integrantes de las Fuerzas Armadas para la asistencia de la población civil inerme en situaciones de crisis humanitaria.

AL JUZGADO DE GUARDIA DE BILBAO

XXXXXXXXXXXXXXXX, mayor de edad, con DNI XXXXXXXX y domicilio en XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX, por medio del presente escrito interpone DENUNCIA por AMENAZAS, ABUSO DE AUTORIDAD y LESIONES sobre la base de los siguientes HECHOS:

PRIMERO.- Que, el sábado 17 de junio de 2006, participé en la celebración de un acto lúdico de protesta no violenta en el edificio de la Delegación de Defensa de Vizcaya, ubicado en la calle Urizar nº 13 de Bilbao (antiguo Gobierno Militar). Bajo el lema -La sociedad gana el partido al ejercito por goleada- y simulando los mundiales de Alemania, permanecí­ en la garita de
vigilancia que dicho centro militar tiene situada en la esquina de la Calle Urizar, disfrazado con ropa deportiva como mis compañeros.

SEGUNDO.- Mientras el resto de participantes animaba desde fuera, coreando himnos futbolí­sticos y pacifistas y la prensa grababa y fotografiaba el desarrollo de la protesta, esperé la previsible intervención de la autoridad
competente.

TERCERO.- A pesar de que la actitud de todo nuestro colectivo fue absolutamente respetuosa y dialogante, los militares encargados de la
seguridad de las instalaciones respondieron de forma violenta, amenazante y desproporcionada. Cuando me disponí­a a descender por voluntad propia de la garita de vigilancia, fui rodeado por cuatro Policí­as Militares, todos ellos
hombres, 1,70 a 1,80 m., pelo corto, uno de ellos de uniforme y banda identificativa de la PM y tres de paisano, uno con la tez clara, el pelo liso y castaño, claro, vestido con vaqueros y un polo de color blanco; otro vestido, con camiseta amarilla y pantalones vaqueros y un tercero de paisano con polo blanco.

CUARTO.- Inmediatamente me tiraron al suelo y recibí­ un mí­nimo de dos patadas en la espalda. Al intentar bajar por mi propio pie fui agarrado por los brazos y el cuello y tuve que bajar a trompicones.También comenzaron a amenazarme e insultarme, a pesar de mi insistencia en dejar clara mi intención de andar por mí­ mismo sin intentar huir ni agredir a nadie. Una vez en el suelo, al bajar las escaleras, me retorcieron las muñecas y me agarraron el cuello, obligándome a bajar la cabeza y amenazándome si no cerraba los ojos o los miraba. Fui trasladado al hall de entrada de una de las dependencias del Gobierno Militar y allí­ se incrementaron las patadas, puñetazos e insultos a voz en grito(-eres una mierda-, -hijo de puta-, -te vamos a matar-, etc.), por parte de las mismas personas que me habí­an bajado de la garita y me habí­an llevado hasta allí­. En un momento dado uno de
ellos me rodeo con un brazo el torso y el cuello y me empujó hacia atrás, mientras otro de ellos me trababa las piernas con la suya para tirarme al suelo, todo esto en medio de los insultos y amenazas citados y a voz en grito, más golpes, patadas y puñetazos, pero con las puertas cerradas. Esta situación duró unos minutos, hasta que me pusieron boca abajo y me ataron
las manos a la espalda con unas cuerdas o bridas y me apretaban la cabeza contra el suelo. Uno de ellos me sacó el carnet de la zapatilla en la que lo llevaba, siguieron insultándome ya en voz más baja y me llevaron a otra sala en donde estaban los otros siete compañeros detenidos, de pie, con la cabeza agachada, contra la pared y las manos atadas o esposadas a la espalda.

QUINTO.- El resto del tiempo estuve en esta misma sala con mis compañeros, sufriendo los mismos insultos, amenazas y faltas de respeto. En un momento dado, volví­ a ser trasladado a una sala contigua, distinta de la que me habí­an llevado al principio. Se pusieron frente a mí­ dos militares de paisano, obligándome a bajar la cabeza. Pude distinguir al de la camiseta
amarilla que he citado antes, que me interrogó acerca de un supuesto spray que yo habrí­a utilizado para inutilizar una de las cámaras de
videovigilancia del recinto; decí­an disponer del video en el que aparecí­a la imagen; dicha cuestión iba acompañada de nuevas amenazas acerca de una -somanta de palos- que iba a recibir si no contestaba la verdad. Negué
taxativamente la existencia de tal spray y que presentaran ese supuesto video al juez, pero que yo no habí­a hecho nada con ningún spray. Esta
especie de interrogatorio ilegal finalizó con nuevas amenazas y me anunciaron que iba a ser trasladado a Madrid a la Audiencia Nacional. Fui
devuelto al mismo lugar que mis compañeros.

SEXTO.- Permanecí­ en esta sala en la misma situación que mis compañeros. En mi caso, se me recordaba especialmente, verbalmente o con un gesto con la mano que bajara la cabeza y la apoyara contra la pared. También uno de los
militares me preguntó por mi edad. Finalmente fui trasladado ante la Guardia Civil, que me leyó mis derechos, para después ser introducido en un coche, acompañado por tres guardias civiles y con las manos atadas a la espalda, hasta el Cuartel de la Guardia Civil de Baracaldo.

A pesar de no conocer la identidad exacta de dichas personas soy capaz de reconocerlas e identificarlas con exactitud. De todo cuanto refiero son testigos las personas que estaban en ese momento en el Gobierno Militar, aparte de los propios detenidos. Además, existen pruebas fotográficas y audiovisuales del desarrollo de la protesta, hasta el momento en que nos
introducen en el edificio.

SÉPTIMO.- Adjunto a este escrito un parte oficial emitido por el Dr. D.XXXXXXXXXXXX, con número de colegiatura XX/XXXX-X, en el P.A.C. de XXXX (Bilbao) el dí­a siguiente a los hechos en el que constan las lesiones producidas por las patadas, puñetazos y golpes referidos en este escrito.

En su virtud,
SUPLICO AL JUZGADO que, teniendo por interpuesta la presente DENUNCIA por los hechos referidos, se sirva admitirla y proceda, de acuerdo con lo
dispuesto en la LECr., a abrir sumario encaminado a averiguar y hacer constar todas las circunstancias que puedan influir en su calificación, y la culpabilidad de las personas responsables. Por ser de Justicia que pido en
Bilbao, a 18 de junio de 2006.




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