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Una investigación del Museo Nacional de Ciencias Naturales aclara la evolución de los í‚"tigres con dientes de sableí‚"
Recibida de Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) el 25-04-2006 a las 03:04

Un equipo de paleontólogos del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) ha realizado el primer estudio en todo el mundo sobre la anatomía funcional de los macairodontinos, más conocidos como -tigres con dientes de sable-, que vivieron en el Mioceno superior y se extinguieron hace 10.000 años.

El Yacimiento de Batallones-1 (Madrid) ha proporcionado restos de al menos 24 individuos de <>, uno de los macairodontinos más primitivos. Su modo de caza especializado convirtió a los macairodontinos en los depredadores dominantes hace 9 millones de años, un factor que pudo ser la clave de su extinción hace 10.000 años. El estudio ha sido publicado en el último número de la Revista Española de Paleontologí­a.

El equipo del Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC) coordinado por Manuel Salesa ha realizado una importante investigación que explica cómo eran los antepasados de los smilodontes (tigres), a partir de los fósiles hallados desde 1992 en el Cerro de los Batallones, situado en Torrejón de Velasco (Madrid).

El análisis de los restos fósiles, que tienen 9 millones de años de antigí¼edad, demuestra que los miembros de la especie Paramachairodus ogygia, uno de los primeros macairodontinos, tení­an el tamaño de un puma y mataban a sus presas con gran rapidez debido al desarrollo de grandes caninos aplanados, y a ciertas modificaciones morfológicas en el cráneo, en la mandí­bula y en las cervicales.
Manuel Salesa explica que con estas innovaciones evolutivas, los llamados tigres con dientes de sable podí­an matar rápidamente a sus presas. "Una vez inmovilizadas mediante una fuerte flexión de la cabeza, clavaban los caninos de sable en la garganta, con lo que la muerte era casi inmediata por corte del riego sanguí­neo al cerebro. Así­ no habrí­a peligro de recibir una patada de la presa que dañara sus grandes caninos, relativamente frágiles, y mermara su capacidad cazadora". El investigador del Museo Nacional de Ciencias Naturales cuenta que esto convirtió a los macairodontinos en los cazadores dominantes de los ecosistemas del Mioceno al Pleistoceno. Las especies más recientes de este grupo adquirieron tamaños enormes e incluyeron a los mayores félidos conocidos. Según los investigadores, estas especies se adaptaron a la caza de grandes animales del tamaño de jirafas, cebras o búfalos.

Los macairodontinos desarrollaron un método de caza más rápido y seguro que el de los felinos, que matan a sus presas por asfixia. El equipo de paleontólogos del Museo llegó a esta conclusión tras realizar el primer estudio sobre la anatomí­a funcional de estos animales que vivieron durante el perí­odo Mioceno superior.

Según el investigador, la creciente especialización de los macairodontinos podrí­a haber sido la causa de su extinción. -Una de las posibles causas fue un cambio en las faunas de herbí­voros, que hizo que durante cierta época del año las presas grandes migraran, como hacen los ñúes en África. Los macairodontinos tendrí­an problemas para alimentarse de animales más pequeños durante esa época del año, y así­ fueron haciéndose cada vez más escasos en las faunas hasta que desaparecieron-, apunta. Los últimos tigres con dientes de sable fueron los del género Smilodon, que vivieron en América hasta hace tan sólo 10.000 años y llegaron a ser mayores que cualquier felino actual. De ellos sí­ se conservan numerosos restos, esqueletos enteros con unos caninos de hasta 18 centí­metros de largo.

El Cerro de los Batallones: un yacimiento revelador

A pesar de su nombre común, los tigres con dientes de sable no fueron antepasados de los tigres ni de ningún felino, sino que formaban un grupo independiente. Hasta ahora poco se sabí­a de los primeros miembros dada la escasez de restos fósiles. Sin embargo, en el sur de la provincia de Madrid se ha descubierto un filón de pistas para explicar su origen evolutivo. El yacimiento de Batallones-1 (existen siete yacimientos en esta zona) ha proporcionado restos de al menos 24 individuos de Paramachairodus ogygia.

Este yacimiento madrileño podrí­a revelar nuevas claves sobre los orí­genes de otros grandes depredadores, dada su gran riqueza en restos de carní­voros. Los investigadores creen que en el Mioceno el lugar fue una trampa natural en la que también cayeron, entre otros animales, mofetas, martas, hienas primitivas, felinos de pequeño tamaño o anficiónidos (unos carní­voros extinguidos del tamaño de un oso), además de un curioso animal (el Simocyon batalleri) emparentado con el panda rojo y que como él poseí­a un "falso pulgar".




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