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Latinoamérica: Más migrantes necesitan protección
Recibida de ADITAL el 22-03-2006 a las 10:03

El número de migrantes de la región aumentó desde 21 millones de personas en el 2000 a casi 25 millones en 2005, sumando el 13% del total mundial.

Esta cifra revela la necesidad de impulsar medidas para la gobernabilidad de la migración internacional desde una perspectiva latinoamericana, facilitar la movilidad, potenciar externalidades positivas y protejer los derechos humanos de todos los migrantes, sostiene la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

El documento -Migración internacional, derechos humanos y desarrollo en América Latina y el Caribe- fue presentado ante los delegados de los gobiernos reunidos en el 31° perí­odo de sesiones de la CEPAL, que tiene lugar en Montevideo del 20 al 24 de marzo. Allí­ se ofrecen orientaciones para hacer frente a los desafí­os y oportunidades para el desarrollo que presenta la migración, con un enfoque de los derechos humanos de los migrantes y sus familias.

México, la Comunidad del Caribe y Colombia, tienen la mayor cantidad de emigrantes, superando el 1 millón de personas en cada caso. Otros nueve paí­ses sobrepasan el medio millón (Argentina, Brasil, Cuba, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Haití­, Perú y República Dominicana) cada uno. En varios paí­ses caribeños más del 20% de la población se encuentra en el exterior, mientras que en América Latina los porcentajes más altos corresponden a Cuba (8,7), El Salvador (14,5), México (9,4), Nicaragua (9,6), República Dominicana (9,3) y Uruguay (8,3).

Estados Unidos sigue siendo el destino preferido. Hacia el 2004 habí­a 18 millones de inmigrantes provenientes de la región y junto a sus descendientes nacidos allá ya son la primera minorí­a étnica del paí­s. Entre sus caracterí­sticas destacan los fuertes lazos que este grupo mantiene con sus paí­ses de origen. Por otro lado, casi la mitad de los latinoamericanos y caribeños vive en forma indocumentada.

El estudio de la CEPAL registra también la ampliación y diversificación de los destinos de la migración. Desde los años 90 ha aumentado el número de latinoamericanos que se dirige a Europa (en particular a España), Japón y Canadá, que se estima en 3 millones de personas. España es el segundo destino de la emigración regional, con 1,2 millones de personas en 2004.

Argentina, Costa Rica y Venezuela se mantienen como los principales destinos de la migración intraregional, aunque ahora hay paí­ses que combinan su condición de receptores con la de emisores, de tránsito y retorno (varios Estados insulares del Caribe, México, los paí­ses del Istmo Centroamericano y algunos del Cono Sur).

Estos migrantes suman 3 millones de personas y se desplazan entre paí­ses fronterizos o geográficamente cercanos, lo que coincide con las iniciativas destinadas a la facilitación de la movilidad en la Caricom, el Mercosur y la Comunidad Andina de Naciones.

La mitad de los migrantes internacionales de la región son ahora mujeres, que viajan muchas veces solas en busca de oportunidades laborales y se ocupan en servicios domésticos. La migración calificada sigue causando pérdidas para los paí­ses emisores, y el potencial beneficio a través de la circulación y del retorno no parece materializarse. En todo caso, existen iniciativas en varios paí­ses para establecer ví­nculos con sus comunidades de emigrados y apoyar redes cientí­ficas asociadas a las diásporas. La situación de los paí­ses de economí­as más pequeñas preocupa por la emigración de profesionales, especialmente de sus enfermeras y profesoras. Los paí­ses más poblados experimentan igualmente pérdidas sensibles en áreas especializadas y su flujo constante amenaza las masas crí­ticas de conocimiento.

Otro rasgo novedoso de la migración es el gran crecimiento de las remesas, que se han transformado en una de las principales fuentes de financiamiento externo para la región. México, Brasil y Colombia concentran más del 60% de las remesas percibidas en la región, y un 20% es captado por Guatemala, El Salvador y República Dominicana.

Las remesas reflejan la vinculación de los trabajadores migrantes y son un apoyo a la economí­a nacional que desafí­a a las polí­ticas públicas. En paí­ses como Haití­, Nicaragua y Honduras representan el 24%, 11% y 10% del PIB, respectivamente, y en economí­as más grandes como las de El Salvador y República Dominicana, el 14% y el 10%. Su utilización, su medición, los costos de transferencia, el potencial productivo, son temas de debate. Un estudio reciente de la CEPAL indica que su repercusión en términos de pobreza en toda la población es poco significativa, si bien para los hogares que las reciben son un ingreso estratégico.

Junto con ser una salida al desempleo y la falta de oportunidades, la migración internacional acarrea crecientes riesgos y vulnerabilidades. Los derechos humanos de muchos migrantes, ya sea a lo largo de sus travesí­as, durante su inserción en las sociedades de destino o durante el proceso de repatriación, suelen ser vulnerados de manera alarmante, señala la CEPAL.




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