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Mujer y trabajo Recibida de Mujeres Libres-C.G.T. el 07-03-2002 a las 06:03
En estas fechas cuando se acerca el 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora, y desde nuestra solidaridad reivindicamos que todas las mujeres del mundo dejen de sufrir malos tratos, violencia, vejaciones, en definitiva cualquier discriminación por razón de género. Desde Mujeres Libres-C.G.T. de Granada queremos haceros llegar algunas reflexiones y conclusiones sobre "Mujer y Trabajo", ya que en esta fecha nos parece obligado hacerlo. Eso sí entendiendo trabajo como actividad, como ocupación y no como empleo, que sería aquella parte del trabajo que se intercambia por un salario. Si bien es verdad que la situación de las mujeres en nuestro país ha cambiado mucho en los últimos años, no es menos cierto que el camino que nos queda por recorrer es largo, siendo muy numerosos los obstáculos que impiden que podamos hablar de igual valoración del trabajo "reproductivo" y trabajo "productivo" (empleo) entre hombres y mujeres. Haciendo un poco de historia en la sociedad pre-capitalista la noción de trabajo es distinta de la actual, en estas sociedades, básicamente agrícolas, en el hogar se solapaban todo tipo de actividades: se reproducía la vida y se producían bienes (lo que no quiere decir que no hubiese división sexual del trabajo). Ya en la sociedad industrial se va abriendo una clara distinción entre trabajo productivo y el trabajo reproductivo, entre el espacio de trabajo y el espacio de vida, asignándosele a las mujeres el trabajo doméstico y a los hombres el asalariado. Volviendo al presente vemos como el trabajo familiar ya no cuenta. Es una actividad invisible y totalmente olvidada, para el mercado solo cuenta el trabajo asalariado. Ignorar la interdependencia entre el funcionamiento de la esfera mercantil y el de la esfera domestica impide entender la subordinación de las mujeres. No es posible comprender la organización social del trabajo sin interrelacionar el trabajo domestico y el asalariado, entre otras cosas porque la disponibilidad para el mercado laboral se apoya mayormente en la producción doméstica. Observamos como reproducción y cuidado de personas dependientes aparece como algo ajeno al sistema económico y las empresas e incluso nosotras como trabajadoras asalariadas llegamos a pensar que todo esto tiene que ver más con la vida familiar, convirtiéndolo en un asunto personal y privado que cada cual resolverá como pueda. Debemos reflexionar sobre que la especie humana no nace autónoma. Tienen que pasar muchos años para llegar a serlo e incluso, en nuestra vida adulta seguimos necesitando cuidados. Atravesando momentos en los que volveremos a ser dependientes, y con los años a no ser autonomos. Y siguiendo con esta reflexión de que somos las mujeres las que mediante las tareas domésticas no solo estamos cuidando a nuestras familias sino que estamos resolviendo necesidades humanas. No trabajamos para obtener beneficios, lo hacemos por amor y solidaridad. Y aunque parezca contradictorio estamos trabajando para el capital, ya que se nos ha asignado el papel reproductor para mantener de esta forma la mano de obra (fuerza de trabajo). Todo esto provoca que aquellas mujeres que tienen un estatus económico alto contratan a otras mujeres para que les resuelvan sus problemas cotidianos (domésticos), ¿qué hacen estas otras mujeres para resolver estos mismos problemas? Aquí vemos que no les queda mas remedio que abusar de abuelas y abuelos para garantizar el equilibrio familiar. El trabajo reproductivo, que no es ni más ni menos que la organización y dirección del entorno familiar sigue estando en manos de mujeres, apareciendo este tipo de trabajo como algo ajeno al sistema económico, como anteriormente señalabamos. Sin embargo, un reciente estudio encargado por el Institud Catalí de la Dóna si se tuviera en cuenta este trabajo en los parámetros de producción y se incluyera en el Producto Interior Bruto supondría un 65% del mismo. Siguiendo con el estudio, anteriormente mencionado, se calcula que para realizar correctamente esta actividad se necesitan 53,8 horas semanales. El actual reparto del trabajo perjudica claramente a la mujer que 45,8 horas, frente a las 6,2 del hombre y 1,8 del resto de integrantes de la familia. Por tanto hay que denunciar la invisibilidad de este trabajo, que se sustenta oficialmente en la no consideración de población activa a las llamadas "amas de casa". Y aunque se precisa dar una solución a este grave problema creemos que esta no pasa por el sueldo al ama de casa, que pensamos podría llevarnos a las mujeres a un aislamiento aún mayor, sino por un reparto real tanto del trabajo doméstico como del empleo. Pero no sólo la discriminación es visible en el trabajo "reproductivo", también lo es en el trabajo "productivo". Así tenemos que a pesar de haber aumentado la tasa de actividad femenina, en Andalucía se sitúa en torno al 37%, todavía queda muy lejos de la de los hombres, en torno al 63,5%. En cuanto a la distribución de la población femenina ocupada en los distintos sectores económicos es muy significativa la concentración que se registra en el sector servicios (80%), en detrimento de sector agrícola, industrial o los puestos directivos y de responsabilidad en donde sigue existiendo el famoso "techo de cristal". Otra de las discriminaciones en el empleo es la que hace referencia al alto porcentaje de mujeres con empleo a tiempo parcial o contrataciones no fijas que refuerzan la precariedad que sufrimos las mujeres. Y por último, aunque no por ello menos importante, las mujeres seguimos teniendo un salario por igual trabajo mucho más bajo que los hombres (según la Oficina Estadística de las Comunidades Europeas este desequilibrio se sitúa en España en el 26%). A todo esto hay que añadir que la tasa de paro de mujeres dobla a la de hombres (en Andalucía se situaba según la Encuesta de Población Activa en torno al 30% en mujeres frente al 16% de los hombres). Y por todo ello, reivindicamos: – Una sociedad en que tengan cabida todas las personas. – El reparto del trabajo, de todo el trabajo. Entendemos que compartir las responsabilidades nos dará una nueva perspectiva social cuyo eje principal sea el bienestar y no la economía. – Una nueva ética, ética que genera responsabilidades hacia los demás y consigue una interdependencia entre todos los seres humanos. Finalmente y como Mujeres Libres lucharemos por estas reivindicaciones que creemos nos llevarán al mundo al que aspiramos, aunque algunos nos llamen utópicas, mientras tanto seguiremos luchando porque mediante medidas concretas (escuelas infantiles, centros para personas mayores, igualdad de salario por trabajo realizado, ...) ayuden a erradicar las desigualdades y discriminación que sufrimos las mujeres en el mundo del trabajo. (queremos dar las gracias al CAES por sus documentos sobre "TRABAJOS Y MUJERES. MATERIALES PARA UNA INTERVENCIÓN FEMINISTA" que nos han ayudado muchísimo en el análisis y reflexiones que aquí os presentamos). |
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