El joven Lili fue detenido, junto a decenas de ciudadanos saharauis, y llevado a la comisaría de policía, donde fue interrogado bajo torturas y puesto en libertad después de alegarle falsa acta de declaración.
Las manifestaciones se extendieron a la mayoría de los barrios y las calles de la ciudad, donde fueron izadas banderas saharauis y gritados eslóganes en contra de la ocupación.