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Hacia la IV Conferencia del MAI
Recibida de MAI el 29-11-2005 a las 08:11

IV Conferencia del MAI: Hacer balance, rectificar y reactivar la lucha por la Revolución Proletaria

El Movimiento Anti-Imperialista (MAI) se encuentra en un proceso de transformación, de cambio. A punto de cumplir diez años desde la que fuera su Conferencia Constituyente, y tras una reciente y difí­cil etapa en la que nos hemos asomado a los peligros del sectarismo, preparamos nuestra IV Conferencia, prevista para octubre o noviembre de este año, concluyendo así­ un periodo, iniciado hace ya varios meses, en el que nuestra organización está llevando a cabo un proceso de análisis, de balance, de debate, de rectificación de errores y de apertura de una nueva etapa en la que afrontar con renovadas energí­as la batalla por el resurgir del movimiento comunista y de la lucha proletaria, hacia la Revolución Socialista y el Comunismo.

La crisis vivida y los avatares que la han sucedido, hasta desembocar en el actual proceso conferencial, se producen en correspondencia con la etapa actual del desarrollo social, con el momento presente de la lucha de clases y de la Revolución Proletaria Mundial. La decadencia de la oleada revolucionaria que ocupó gran parte del pasado siglo XX, que acabó con la derrota de las experiencias revolucionarias y la destrucción del socialismo en la URSS y demás paí­ses socialistas, como consecuencia de la labor del oportunismo y del revisionismo, unidos a los propios errores de la dirección revolucionaria y a la agresión permanente de los imperialistas, y que tuvo como colofón la desaparición de la URSS y la disolución del PCUS, ha conducido la lucha de clases a un momento de repliegue del proletariado y de las masas a nivel mundial y su consecuente ofensiva por parte del capital. El imperialismo se ha hecho fuerte y aún hoy, pese a las importantes contradicciones internas que encierra y que no dejan de desarrollarse, prevalece la unidad de las diferentes burguesí­as en la represión de las masas y de todo intento de éstas por desprenderse de las cadenas del capitalismo.

Este proceso de descomposición de los diferentes Estados en que el proletariado habí­a alcanzado a tomar el poder y la consiguiente reacción de ofensiva imperialista han generado en la clase obrera y en las masas en general una profunda confusión y un desencanto que, no obstante, ya comienzan a amainar. Tras la gran polvareda de la caí­da del muro, se va viendo algo claro y la vanguardia y los sectores más activos de la clase empiezan a buscar respuestas y caminos, a tratar de entender lo que ha pasado y preguntarse por dónde seguir y cómo emprender de nuevo, pero mejor pertrechados, la batalla por acabar con el sistema social que hoy domina las relaciones sociales y condena a gran parte de la humanidad a la miseria y el sufrimiento. Son los primeros pasos hacia una nueva ofensiva futura de la Revolución Proletaria Mundial, cuyos destellos se mantienen y crecen en luchas revolucionarias como las de Nepal o Filipinas y que se apuntan en los grandes movimientos de masas contra la invasión de Irak o contra el G-8 y el FMI que vienen teniendo lugar desde hace algunos años. El proletariado y, en primer lugar, su vanguardia se encuentran, pues, en un momento de necesidad de respuestas, de hacer balance, de aprender y corregir, de armarse polí­tica, ideológica y organizativamente para una nueva oleada revolucionaria mundial que realmente sea definitiva para acabar con la explotación capitalista.

La experiencia del MAI

El MAI nació fruto de la reacción contra el dominio del revisionismo y la desorientación producida por el declive del Movimiento Comunista y frente a la degeneración a la que el oportunismo habí­a conducido a éste. Por eso, sus ejes centrales de actuación siempre han sido la lucha contra el oportunismo de derecha y el trabajo constante por la recuperación de los principios del Socialismo Cientí­fico. Eso ha significado una trayectoria de permanente batalla contra el espontaneí­smo y de continua labor de estudio y difusión del Marxismo-Leninismo. Así­, nuestra principal labor se ha centrado en las tareas de formación y en un trabajo de masas que se ha dirigido principalmente a los diversos destacamentos de vanguardia de la clase obrera, labor que condujo, como resultados positivos de la misma, a una mayor preparación ideológica y a un importante avance en la denuncia del oportunismo en el plano teórico.

Pero nuestro trabajo de masas estaba lastrado por una insuficiente implicación en el movimiento de la clase y una acentuada disociación entre la labor teórica y la labor práctica que desarrollábamos. Esto, a su vez, limitaba los resultados de nuestro propio trabajo entre el resto de la vanguardia, al tiempo que nos alejaba de la realidad de la lucha de clases. No andábamos encerrados en el aislamiento, pero tampoco alcanzábamos el grado de vinculación necesario para llevar a cabo un trabajo efectivo de vanguardia, como pretendí­amos. Por otra parte, considerando erróneamente que los sectores más avanzados de la clase eran aquellos que se concentraban en los diversos movimientos de solidaridad, por aquello de que su labor altruista estaba más cerca del socialismo que las reivindicaciones económicas y demás luchas reivindicativas de los obreros, circunscribimos nuestra actuación a tales movimientos y redujimos prácticamente nuestro ámbito de actuación a las cuestiones de polí­tica internacional. Esto, ya desde el principio, mostraba una cierta visión intelectualista, pues nos conducí­a a la búsqueda de un sujeto externo al proceso de lucha de la clase, confiando idealmente en construir la vanguardia exclusivamente a partir de unos valores supremos situados por encima de la propia clase. Nuestra atención, además, se dirigí­a al análisis y crí­tica del movimiento revolucionario en todo el mundo, en consecuencia con el internacionalismo proletario por el que abogamos, pero, como en el resto de las luchas en el marco del Estado Español, quedaba reducido a un discurso crí­tico externo que trataba de dar lecciones y no se implicaba prácticamente.

Todo ello fue conduciendo a la organización a la situación de estancamiento y de crisis en la que desembocamos hace unos pocos años. La reacción a tal crisis fue una deriva intelectualista que nos abocó a un mayor aislamiento y enfiló al MAI por los raí­les del sectarismo. Ello se tradujo en una lí­nea de masas reducida al debate teórico con determinados sectores de la vanguardia (los considerados más avanzados), a un menosprecio por los elementos positivos encerrados en el conjunto de las luchas de la clase y sus organizaciones, y a una actitud de cierta prepotencia en las relaciones con el resto de la vanguardia. Quizá no se llegó a acentuar tanto esto, pero la desconexión con el movimiento proletario y el distanciamiento del movimiento comunista eran cada vez mayores. El intelectualismo pequeño-burgués y el sectarismo se estaban apropiando de la organización. El giro que la dirección dio en ese sentido quedó establecido en el editorial del número 15 de El Martinete , titulado -Metamorfosis- , en clara alusión a la transformación que entonces imprimí­amos al MAI. Aunque no habí­amos llegado a trabajar el balance de la crisis y sus conclusiones en profundidad, actuábamos convencidos honestamente de lo justo de la nueva lí­nea, cuyos ejes quedaron básicamente expuestos en el Nuevo Manifiesto del MAI , publicado como editorial de El Martinete, en su número 17, aparecido en septiembre del año pasado.

Pero los resultados a que nos conducí­a el nuevo camino trazado no mostraban sino una profundización en muchos de los errores cometidos anteriormente y un claro agravamiento de la situación. La experiencia desarrollada en esta última etapa nos ha acabado de desconectar del movimiento del proletariado, en sus diversas formas, y ha provocado en sus sectores más destacados, unas veces, incomprensión y, otras, rechazo. Pero, a pesar de que, al principio, considerábamos ello como una reacción propia de oportunistas o de ignorantes, se fue abriendo camino entre nuestras filas una reflexión más seria sobre lo que ello implicaba. Como consecuencia de esto, se ha desarrollado una lucha de lí­neas interna en la que, por un lado, se han acentuado actitudes autoritarias y exigentes, poco dispuestas a profundizar en el análisis de los errores o a aceptar que la rectificación llevada a cabo no estaba dando resultados, pero, por otra parte, la organización, mayoritariamente, ha reaccionado de modo positivo y se ha lanzado a bucear con mayor ahí­nco en las razones de la crisis y la búsqueda y aplicación de una lí­nea más consecuente con la lucha revolucionaria.

De los errores a la rectificación

Iniciamos en el MAI, de este modo, desde hace ya unos meses, un proceso de rectificación, un periodo de profundización en nuestro propio balance, tras el aprendizaje de la nueva experiencia vivida, después de una dura etapa que nos ha abierto los ojos ante el abismo del comportamiento sectario. Habí­amos comprendido hace tiempo, con nuestra experiencia anterior y la del propio movimiento comunista, que la lí­nea proletaria sólo se podrí­a abrir camino enfrentándose al oportunismo y al revisionismo. Pero pusimos nuestros ojos principalmente en el que hoy dí­a sigue siendo el mayor lastre para la clase obrera: el oportunismo derechista, el -economismo- que denunciara Lenin. Y la lucha contra el espontaneí­smo sigue vigente con la misma fuerza. Pero ahora debemos corregir también la tendencia opuesta, el sectarismo izquierdista, y advertir de su peligro al resto del movimiento.

Así­, comprendemos (una vez más, a través de la experiencia) la necesidad de realizar un importante giro. Un giro que no implica una novedad original para la lucha de la clase, ni tampoco en su totalidad para el MAI. De alguna manera, retomamos elementos importantes de nuestros inicios, cuando habí­a cierta conexión con la lucha de las masas. Es fundamental cambiar nuestra relación con el movimiento proletario. Ahora vemos que hemos de retornar al movimiento de la clase, del que andábamos bastante alejados, y nos preparamos para incorporarnos de nuevo a fondo en él. Retomamos una labor abandonada, pero lo hacemos de un modo distinto. Esta vez hay toda una experiencia detrás que es preciso aprovechar.

Reaccionamos, pues, ante nuestra última experiencia, con la intención de volver al prolí­fico cauce del movimiento de nuestra clase, la clase obrera, tratando de aportar lo mejor que hemos aprendido en todos estos años y luchar con vigor en la tarea de la reconstrucción del movimiento revolucionario del proletariado. Y esto implica replantearse las tareas actuales, tanto para nosotros como las que creemos esenciales para el conjunto del movimiento comunista. Como ya planteábamos, de alguna manera, en nuestro Nuevo Manifiesto del año pasado, y a pesar de nuestra errónea concepción de la lí­nea a seguir y de la equivocada orientación que defendí­amos en el mismo, se hace necesario realizar el balance de la experiencia y, a partir de las lecciones extraí­das, iniciar un plan de actuación. Ello es lo que nos embarca en este proceso conferencial, cuya conclusión está prevista para el otoño próximo, y del que exponemos aquí­ las lí­neas fundamentales.

La relación con el movimiento del proletariado

Como destacamento de vanguardia, debemos sumarnos a la lucha de la clase con una nueva perspectiva: la de contribuir seriamente a la reconstrucción de la vanguardia revolucionaria y del Partido Comunista como principal instrumento revolucionario del proletariado desde el propio movimiento de éste, en su seno, y en unidad y lucha con el resto de destacamentos comunistas y obreros avanzados. La concepción leninista del Partido Comunista deja clara la necesidad de deslindar campos con el oportunismo en la construcción de aquél, como también sitúa con ní­tida transparencia la importancia de combatir al espontaneí­smo. Pero nuestro sectarismo nos llevó a entender ese espontaneí­smo como toda participación en las luchas de las masas. Sin embargo, el espontaneí­smo es el seguidismo de estas luchas, no la intervención en ellas como vanguardia. El papel de los elementos de la vanguardia es precisamente el de intervenir en el movimiento de la clase para dirigirla, al tiempo que alimentarse de ese mismo movimiento y su experiencia. El proletariado debe ser sujeto de su propio proceso liberador y no un mero receptor de unas ideas prefijadas. Por eso, ha de ser el protagonista de la construcción de su propio Partido y, por tanto, debe estar implicado desde el principio en la formación de la vanguardia revolucionaria y en la recuperación y desarrollo de la ideologí­a cientí­fica que sintetiza y guí­a su lucha revolucionaria. Y la formación de esa vanguardia revolucionaria sólo podrá realizarse a través de la relación dialéctica con todos aquellos destacamentos y sectores de vanguardia de la clase hoy dispersos. Una relación que implica lucha, pero también unidad. Lucha, contra toda forma de oportunismo, que ha de llevarse a cabo allí­ donde precisamente se manifiesta éste con más peligro para los intereses del proletariado, y que no se puede realizar sino en todas sus formas: ideológica, polí­tica y económica. Y unidad, en aquello que realmente se comparta y ayude a avanzar en el desarrollo de la lucha de la clase y la reconstitución partidaria. Una unidad que debe construirse sobre la efectiva y real aplicación de la crí­tica y la autocrí­tica, sobre la rectificación de errores y la conformación de un plan y un programa revolucionario que lleven a buen fin la liberación del proletariado.

La lí­nea de masas es, entonces, el eje que articula la rectificación que ahora emprende el MAI. Y ello es así­ porque la relación de los diversos elementos de la vanguardia con las masas de la clase es lo que ha estado en el centro de la desviación sufrida y en la que descansaban los principales errores de concepción de nuestra polí­tica. Porque partí­amos de la equivocada idea de que la vanguardia se forja al margen de la clase y luego acude a ella con la ideologí­a elaborada para que ésta la asuma (la -verdad- revelada). Pero la ideologí­a marxista-leninista, la ideologí­a cientí­fica del proletariado como clase revolucionaria, sólo se produce a partir de la existencia y la lucha de clase de éste, que, posteriormente, desde el análisis cientí­fico de la realidad existente, sintetizará teóricamente tal experiencia de lucha y retornará a la práctica desde una perspectiva más elevada, proceso en el que la vanguardia de la clase juega el papel principal, pero no al margen de ésta. La relación de la vanguardia con las masas de la clase es, por tanto, una relación que se mantiene a lo largo de todo el proceso revolucionario, desde el principio, y no recorre etapas compartimentadas en las que la clase espera su papel al final de ese camino, como creí­amos entender en un principio. La clase es, desde el primer momento, y con su vanguardia a la cabeza, la protagonista de su revolución.

Las necesidades y las tareas actuales

Junto con la rectificación de los errores apreciados y la definición de la lí­nea polí­tica a seguir, será fundamental en nuestro proceso conferencial observar las necesidades actuales de la lucha revolucionaria y establecer las tareas que de ello se derivan para la clase y, especialmente, para su vanguardia, elementos que delimitarán el Plan de Trabajo del que deberá dotarse nuestra organización a partir de su próxima IV Conferencia.

Entre los resultados del repliegue sufrido por el proletariado y el conjunto de las masas explotadas tras las experiencias revolucionarias del pasado siglo, podemos constatar una elevada confusión acerca de la teorí­a revolucionaria en el seno de la vanguardia misma y en el conjunto de la clase. Luchar por recuperar los principios del Marxismo-Leninismo y difundirlos es una de las tareas que debemos afrontar; una tarea que ya formaba parte de nuestro trabajo desde la constitución del MAI. Y esto es importante reseñarlo, porque lo que ha fallado en las experiencias de poder proletario (URSS, China...) no ha sido el Marxismo-Leninismo, ni podemos hablar exclusivamente de unas ideas mal interpretadas por quienes encabezaron aquellas revoluciones. La ideologí­a del proletariado se construye sobre la experiencia de la lucha revolucionaria de éste y, por tanto, junto a concepciones erróneas de las ideas expuestas por Marx y Engels o Lenin y junto a algunas herencias negativas de experiencias pasadas, habrá que hablar también, y sobre todo, de problemas de aplicación y desarrollo de los principios ideológicos del proletariado ante problemas nuevos, así­ como de lo nada extraordinario que supone que, en el curso histórico de las luchas de clases, se sufran fracasos y derrotas provocadas también por una mayor fuerza circunstancial de los elementos reaccionarios. Lo que no es de recibo es que haya una ideologí­a pura que fuese mal interpretada o concebida y que haya que depurar ahora.

El curso de la historia muestra lo suficientemente claro la acumulación de éxitos y de fracasos de los que los sujetos revolucionarios van aprendiendo en el proceso de su lucha. No se trata de que no hubiesen sabido hacerlo o lo hubiesen hecho mal, sino de una rica y compleja experiencia novedosa de la que hay que aprender y en la que se han dado, por supuesto, errores de concepción acerca del Marxismo-Leninismo y los consiguientes fallos en su aplicación práctica, pero, fundamentalmente, en la que se han llevado a cabo intentos serios, con sus aciertos y sus errores, de mandar al vertedero de la historia la caduca sociedad capitalista y construir una nueva sin explotadores ni explotados. Por ello, sigue en pie, para el conjunto del Movimiento Comunista y Obrero Internacional, la importante tarea de hacer balance de la experiencia histórica revolucionaria y extraer las lecciones necesarias, sin prejuicios ni dogmatismos, pero también sin hacer borrón y cuenta nueva, inventándonos nuevas etapas, como vení­amos prácticamente a plantear antes. El movimiento del proletariado debe recoger lo positivo, el aporte, el bagaje de esa experiencia y corregir los errores, aprender y rectificar. Superar y elevarse, en definitiva, partiendo de lo que hubo en realidad y no de lo que, en teorí­a, debió haber.

Junto a esto, en la construcción de la vanguardia revolucionaria del proletariado, y siempre se ha considerado así­ en nuestro movimiento, es crucial la formación de cuadros comunistas, de auténticos militantes y dirigentes de masas revolucionarios. El MAI se ha tomado esto en serio desde el principio y por eso ha sido y sigue siendo para nosotros la formación una tarea central. Una formación fundamentalmente polí­tica, pero también cientí­fica y cultural en general, es decir, que sitúe a los militantes en un conocimiento general del desarrollo histórico de la materia, de la naturaleza y de la sociedad y los prepare para la investigación y el análisis crí­tico tanto como para la propia lucha polí­tica. Una formación que ha de estar necesariamente vinculada, por un lado, al estudio y balance de la experiencia de la lucha de clases del proletariado "“pues de ella debe aprender- y, por otro, de las necesidades polí­ticas actuales de la revolución. Y una formación que, ante todo, ha de ser práctica, en ligazón con el trabajo militante de masas.

Precisamente, no sólo ha de haber actividad teórica. De hecho, lo principal "“y al contrario de lo que vení­amos afirmando recientemente, es la práctica. Claro que no cualquier práctica. Por eso es fundamental para el Movimiento Comunista definir correctamente su lí­nea de masas. En el MAI, tras la experiencia vivida, sabemos que nos hemos equivocado bastante en ello, pero ahora también tenemos un mayor bagaje del que partir. Y, entre otras cosas, estamos aprendiendo que tanto teorí­a como práctica forman parte de una relación dialéctica que se da permanentemente. Aunque en determinados periodos predomine uno de los dos aspectos, han de desarrollarse conjuntamente, influyéndose y enriqueciéndose constantemente los dos. En esta relación, sin embargo, la práctica no es sólo un criterio de comprobación de lo acertado de la teorí­a, sino el aspecto principal: la verdadera transformación de la realidad, el verdadero movimiento, es práctico, y cualquier problema de la revolución o de la liberación de la clase obrera de sus cadenas es esencialmente un problema práctico. Por eso no podemos reducir la práctica actual para los destacamentos de la vanguardia marxista-leninista a la mera confrontación teórica con el resto de la vanguardia más avanzada ideológicamente, en total desconexión con el resto de la clase: eso es reducir la lucha de clases a uno de sus aspectos, el ideológico, y constreñir la lí­nea de masas de una parte de la vanguardia a un reducido sector de las masas (que, en parte, no es ni siquiera de la clase, sino también de la pequeña burguesí­a).

La lí­nea de masas debe implicar, para un destacamento de vanguardia, una relación de unidad y lucha con el resto de la vanguardia y dentro del movimiento de la clase, en sus luchas de resistencia, allí­ donde la polí­tica sitúe las principales contradicciones del sistema, combatiendo al oportunismo donde se concentre mayormente e interviniendo con polí­tica revolucionaria comunista entre las masas proletarias, principalmente donde éstas se muestren más dispuestas a la lucha. El trabajo de los comunistas se tiene, por tanto, que llevar a cabo en todos los frentes: ideológico, polí­tico y económico. Y el trabajo es esencialmente polí­tico: ése es el eje de la actividad. Un trabajo que, por lo mismo, ha de ser realizado desde la práctica y para la práctica, pues todo aprendizaje teórico, todo fruto recogido de la práctica llevada a cabo, debe revertir en una nueva práctica revolucionaria más elevada, superior. Aprender a intervenir como verdadero destacamento avanzado de la clase entre sus propias filas y en sus luchas va a ser uno de los compromisos más difí­ciles de llevar adelante para nuestra militancia.

Pensamos que esto también va a exigir de la vanguardia comunista la puesta en marcha de una auténtica prensa obrera que forme militantes, que organice la lucha del proletariado, que ayude a construir vanguardia y reconstituir el Partido de la clase obrera, que propague la ideologí­a cientí­fica proletaria y que agite a las masas contra el sistema y por la Revolución Socialista. Hacia ella queremos caminar desde el Movimiento Anti-Imperialista y ese será otro de nuestros retos.

Por otra parte, la aplicación efectiva de los principios revolucionarios y la configuración de una correcta lí­nea polí­tica, así­ como del mayor acierto en la aplicación de las diversas tácticas de lucha, obligan a emprender y profundizar nuestro conocimiento de la realidad actual, de las contradicciones y formas de la lucha de clases en el presente, haciendo efectivo el principio marxista de llevar a cabo el análisis concreto de la realidad concreta para una correcta polí­tica revolucionaria. Esa tarea investigadora deberemos también afrontarla en nuestra nueva etapa, incondicionalmente vinculada al trabajo práctico en los movimientos de las masas.

Este análisis es la base para alcanzar una de las premisas de la construcción del Partido del proletariado: la elaboración del programa revolucionario de la clase. Y nuestra obligación como miembros de la vanguardia de la misma es contribuir a ello. Por lo mismo, otra de nuestras tareas será la de comenzar su confección. La clase obrera articula su proyecto de transformación social en torno de un programa revolucionario. La vanguardia debe ir elaborándolo sobre la base de la lucha de la clase a la que pertenece, y en pleno desarrollo de su conformación como tal vanguardia, a través de la unidad y de la lucha en su propio seno y en el de la clase misma.

Finalmente, y después de lo expuesto, cabe concluir con la deducción misma de que este proceso requiere precisamente de la batalla constante por esa unidad: justamente esa unidad que en nuestro pasado más reciente hemos llegado a menospreciar, y que la práctica nos ha mostrado como algo de esencial importancia, en necesaria vinculación dialéctica con la lucha (ideológica y polí­tica) contra el oportunismo de toda í­ndole, frente a todos los elementos burgueses y pequeño-burgueses existentes en el seno de nuestro movimiento. Unidad comunista y unidad de la clase, porque ése es, en definitiva, el gran y verdadero reto del Movimiento Comunista. Porque esa unidad se ha de trabajar dí­a a dí­a y no se va a poder construir sin el concurso de la crí­tica y la autocrí­tica, pero tampoco sin el acercamiento, sin el debate abierto y sincero; no la alcanzaremos sin la denuncia de los elementos que traicionan y frenan la lucha del proletariado, pero tampoco con el rechazo y la infravaloración de los aspectos correctos y positivos de los diversos destacamentos de vanguardia y de las múltiples y variadas manifestaciones de lucha de la clase obrera. Una clase que, pese a la doliente situación actual que sufre de retroceso y apatí­a, cuando no de división y aburguesamiento, es la única en condiciones de acabar con el dominio de la explotación y la miseria del capitalismo. Y el propio desarrollo de este miserable sistema conduce constantemente a esa clase, al proletariado, a cuestionarlo y la moviliza, convirtiéndola en germen de esa revolución que no necesita ser inventada ni idealizada por ninguna vanguardia, sino tan sólo prepararla y dirigirla; ese movimiento revolucionario que no tiene un diseño preconcebido, pero sí­ un camino recorrido y unas lecciones que ofrecer; esa clase en marcha que no requiere planes perfectos ni fórmulas acabadas, pero sí­ orientación y propuestas concretas, que no va a aceptar fórmulas preconcebidas, pero sí­ va a querer participar e intervenir con voz propia. Y la vanguardia no tiene que esperar a que el movimiento espontáneo de la clase le resuelva estos problemas, evidentemente. Eso sí­ serí­a espontaneí­smo. Pero tampoco puede pretender configurarse como tal desde unas premisas ideales y teóricas construidas al margen del movimiento real de la clase cuya lucha revolucionaria abandera.

Una nueva andadura...
...que se tendrá que ver realmente en la práctica

En el Nuevo Manifiesto del MAI publicado el pasado septiembre en El Martinete nº 17 como decí­amos más arriba, planteábamos elementos de un cierto balance de nuestra actividad y de la del conjunto de la vanguardia y de la lucha de las masas, así­ como exponí­amos las conclusiones a las que entonces llegábamos, ofreciendo una serie de propuestas de tareas y llamando a la clase y, especialmente, a los destacamentos más avanzados de su vanguardia a sumarse a las mismas. Era una declaración de intenciones y el anuncio de una nueva etapa que se ofrecí­a como original, pero que la práctica se encargó de mostrar como algo nada novedoso en el seno del movimiento (el sectarismo es viejo conocido en la experiencia comunista internacional y española), ni tampoco en nuestra propia historia, pues ya aparecí­an elementos de carácter ideologista en nuestra anterior trayectoria, si bien no acentuados ni agravados como en esta última experiencia. En definitiva, creábamos el espejismo de un periodo nuevo y original que parecí­a que iba a abrir al proletariado las puertas definitivas de la esperanza de su liberación. Y la práctica la ha ido desmintiendo, aunque aún quede mucho por batallar en ese aspecto.

En este sentido (y por esto viene a cuento lo anterior), este editorial no deja de ser algo similar, pero diferente a la vez. Es algo similar porque, en definitiva, no viene a ser sino otra declaración de intenciones y una nueva serie de propuestas o de posibles lí­neas de actuación (la IV Conferencia del MAI dirá). Pero también es algo distinto. Y lo es porque, en primer lugar, quiere, adelantándose a la propia IV Conferencia y sirviendo de anuncio de ésta misma, mostrar las lecciones extraí­das fundamentalmente de nuestra propia experiencia y servirlas al conjunto de la clase; en segundo lugar, porque muestra sobre todo una autocrí­tica y una rectificación que nacen de esa experiencia, pero que no nos llevan a inventar nada nuevo, sino a retomar elementos correctos abandonados por error o a buscar otros que el mismo movimiento de la clase y su vanguardia (repetimos: por muy mal que puedan estar ahora) nos pueden enseñar; y, en tercer lugar, porque reconocemos, y avisamos, que sólo son palabras todaví­a, y que la práctica, como siempre, acabará mostrando si tenemos razón en lo que afirmamos, si realmente cumplimos lo que anunciamos o prometemos y si nos hemos equivocado o hemos acertado en nuestros análisis. Muy lejos del carácter bastante autosuficiente y algo vanidoso de entonces. Y no se trata de ser falsamente modestos o de aceptar ahora cualquier posición o razonamiento polí­tico o ideológico; en absoluto estamos ofreciendo un planteamiento tendente al eclecticismo o la condescendencia polí­tica. Se trata tan sólo de querer mostrar nuestra experiencia tal y como la estamos viviendo y valorando; de aportar al movimiento revolucionario de la clase lo mejor que podamos de la misma; de corregir en la medida de lo posible nuestros errores y ponerlo en conocimiento del proletariado y de su vanguardia para contribuir a que corrijan, a su vez, los suyos; de intentar acabar por fin con el idealismo tanto como con el derechismo en nuestro movimiento. Es por eso por lo que también queremos recordar bien alto y bien claro a todos que seguimos enarbolando la defensa y la aplicación lo más consecuente posibles del Marxismo-Leninismo, sin demagogias ni dogmatismos, con honestidad y firmeza comunistas.

Anunciamos aquí­, pues, la celebración de la IV Conferencia del Movimiento Anti-Imperialista, que desde hace varios meses está significando para nosotros un proceso de balance, de análisis y de rectificación, así­ como la elaboración de un Plan de Trabajo que nos permita acercarnos con mayor éxito al proceso revolucionario de nuestra clase, la clase obrera, abanderando, desde nuestras posiciones de vanguardia, junto al resto de destacamentos de vanguardia comunistas y lo más avanzado del proletariado, la marcha hacia la reconstitución del Partido Comunista, por la Revolución Socialista en el Estado Español, el fortalecimiento del Movimiento Comunista Internacional y la Revolución Proletaria Mundial, hacia la sociedad sin clases ni explotación: el Comunismo.

Desde nuestro órgano de expresión, El Martinete, así­ como desde nuestra página web, www.mai.org.es, y a través de nuestras organizaciones de base, aprovechamos este momento de análisis y debate para invitar a nuestros camaradas del resto de organizaciones comunistas y a todos los obreros y obreras situados en la vanguardia de la lucha proletaria, por la unidad de acción y la batalla contra todo lo burgués, contra el capitalismo, dentro y fuera de las filas de nuestro movimiento, a participar y aportar cuantas opiniones y crí­ticas consideren oportunas, conscientes de que habrá numerosas ocasiones de enmendar, ampliar, recortar y mejorar sus resultados en el curso de la propia práctica revolucionaria venidera.




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