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Haití-Conflicto Armado. El miedo se apodera de Puerto Príncipe
Recibida de ADITAL el 08-03-2005 a las 10:03

\"Habitantes de Bel Air no salgan a las calles\". El mensaje es repetido insistentemente por las principales radios de Puerto Príncipe, capital haitiana. En la mañana del 28 de febrero, un año después de la renuncia de Jean-Bertrand Aristide a la presidencia de Haití, las chimí­Â¨ (del criollo, \"quimeras\"), matones que él mismo financió y armó, organizan una manifestación.

Son una centena de personas que descienden por las laderas de Bel Air, la mayor villa miseria del paí­s. Exigen el retorno de Aristide. Se escuchan tiros. En las calles, sólo los manifestantes. A cien metros de allí­, en un puesto de tap tap, taxis colectivos, principal medio de transporte de la población de Puerto Prí­ncipe, la comerciante Marthe Lambert resume la aprehensión de todos: "Esperamos lo peor\".

Llegan los vehí­culos de la Policí­a Nacional de Haití­ (PNH). En los dí­as anteriores, en entrevistas por las radios locales, representantes de la institución avisaban a las bandas de matones: no serán permitidas las manifestaciones de las chimè. Acompañan a los policí­as haitianos soldados de la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití­.. La dispersión de la marcha de las chimè es instantánea. De Bel Air salen disparos contra los policí­as, van a cualquier lado, alcanzando casas y las paredes de una escuela.

El dí­a 28, el balance de muertos es alto: las radios hablan de ocho, pero sin confirmación oficial. A la tarde, temprano, la población vuelve a las calles. Los policí­as dicen que no hay más peligro. Los tap tap vuelven a circular. El conductor Jean Pierre-Louis comenta: \"Hoy no fui alcanzado. ¿Y mañana? ¿Y dentro de una semana?\"

Tensión galopante

En este dí­a de confrontación, el miedo de la población viene cargado con los recuerdos de los acontecimientos de las últimas semanas. El 19 de febrero, 481 presos huyeron de la Penitenciarí­a Nacional, en Puerto Prí­ncipe. Fueron liberados en la acción, supuestamente realizada por traficantes de droga, diversos integrantes de las chimè. De acuerdo con representantes del gobierno, la operación contó con la participación de policí­as, que habrí­an dejado las puertas del presidio abiertas.

Durante la fuga, no hubo disparos, ni por parte de la policí­a, ni de las personas que organizaron el rescate. Algunas horas después del incidente, polí­ticos de varias de las 120 agrupaciones que agitan el escenario partidario haitiano comenzaron a exigir la salida del primer ministro Gérard Latortue. Lo consideran incapaz de gobernar el paí­s.

En Bel Air, una semana después de la fuga, tres policí­as haitianos fueron muertos y dos soldados de la Misión de la ONU heridos, después del intercambio de tiros con los matones. La información es de las radios locales, que contabilizan el asesinato de ocho integrantes de la policí­a nacional en febrero.

El dí­a 26 de febrero, en exclusiva para Brasil de Fato, el general brasilero Heleno Ribeiro Pereira, responsable de la coordinación de las tropas de la misión internacional, declaró que la situación de Puerto Prí­ncipe está bajo control, y no presenta más riesgos que estar en Rí­o de Janeiro (RJ). También afirmó que la población de Haití­ recibe de brazos abiertos a los militares extranjeros.

No existen estadí­sticas o investigaciones confiables sobre la reacción de los haitianos a la intervención de la misión militar de la ONU en su paí­s. Sin embargo, integrantes de organizaciones populares tienen visiones diferentes que las del general brasilero. \"La sociedad civil organizada está radicalmente en contra de los soldados de las Naciones Unidas, pues considera que ocupan injustificadamente Haití­-, destaca Chavannes Jean-Baptiste, de la coordinadora del Movimiento de Campesinos de Papay (MPP), principal organización social del paí­s. Agrega que, en general, la población es crí­tica. Dice que las tropas no hacen nada para garantizar la seguridad de las personas y que los militares están en Haití­ haciendo turismo.

Terror cotidiano

El dí­a 28, como todos los otros dí­as, la inseguridad y la incertidumbre se enseñorean al atardecer. A partir de las 16h30, el movimiento en las calles se desvanece. La población está en sus casas, y no pretende salir. \"No salgo a la noche, pues no sé lo que puede suceder. Las calles están llenas de chimè\", explica Marc-Arthur Fils-Aimé, director del Instituto Cultural Karl Lévíªque (ICKL). En Canapé Vert, barrio donde vive, esqueletos de automóviles desmontados por ladrones de la región o destruidos en confrontaciones entre la policí­a y los matones, impiden el paso de las personas por las veredas y las calles.

A fines de enero, según el periódico haitiano Le Nouvelliste, en virtud de acciones policiales contra las bandas armadas, se inició un éxodo de la Ciudad de Dios, villa miseria de Puerto Prí­ncipe. Las personas huí­an de la violencia, pero no tení­an a donde ir. Durmieron algunos dí­as en las calles, y terminaron volviendo, al terror de siempre.

La burguesí­a local, aterrorizada, abandona Puerto Prí­ncipe. Se instala en condominios residenciales cerrados, vigilados por seguridad privada, en la comuna de Kinscoff, en las proximidades de la capital. Sus casas dominan los montes donde, en el siglo 19, los héroes de la Independencia de Haití­ observaron la desbandada de los soldados y colonos franceses del paí­s. Cuando pueden, los haitianos más ricos mandan sus hijos a escuelas y universidades en el exterior, principalmente República Dominicana y Estados Unidos. Esperan que nunca tengan que volver a Haití­.

La población pobre, el 85% de los cerca de 8 millones de habitantes del paí­s, no tienen a donde ir. Algunos huyen a República Dominicana, y pocos a Estados Unidos, paí­ses donde se rinden al subempleo. La mayorí­a de la población pobre no tiene para donde correr. Queda en el medio de los tiroteos entre la policí­a nacional y las bandas de matones armados.

En el paí­s, el caos es institucional

El gobierno haitiano no es un gobierno electo, y su legitimidad es cuestionada diariamente por diversos sectores de la sociedad. El presidente Boniface Alexandre, que asumió después de la renuncia de Jean-Bertrand Aristide al cargo, en febrero de 2004, huye de la responsabilidad. No ejecuta, no opina sobre el rumbo del paí­s, no da la cara. Gérard Latortue, el primer ministro, fue imposto por la comunidad internacional - Estados Unidos, Francia y Organización de Estados Americanos (OEA).

Los integrantes del Consejo de Sabios, reunión de autoridades haitianas que ejercen un tipo de poder moral sobre la polí­tica nacional, a quien le correspondí­a la elección del premier, no conocí­an a Latortue, que vivió la mayor parte de su vida en otros paí­ses, trabajando para organismos financieros internacionales.

\"Alexandre y Latortue no tení­an grandes tareas. Sólo tení­an que consolidar mí­nimamente las instituciones haitianas, solapadas por Aristide, y garantizar las elecciones, previstas para octubre y noviembre. Son tan incompetentes que hundieron el paí­s en un caos institucional todaví­a mayor\", analiza la directora del Centro de Investigación y de Formación Económica y Social para el Desarrollo (Cresfed), la socióloga Suzy Castor, una de las principales intelectuales del paí­s.

En Haití­, las directrices para el desarrollo son actualmente decididas por organismos internacionales.. El Banco Mundial y la Organización de las Naciones Unidas (ONU) trazan metas para el futuro de Haití­, invierten millones de dólares en proyectos que consideran importantes. No hay seguimiento por parte del gobierno, y la sociedad, está fuera del juego, lejos de las esferas decisorias.

Para contener la violencia creciente, principalmente en las grandes ciudades, hay sólo 3.500 policí­as - para 8 millones de personas. Encargada de formar más integrantes para a Policí­a Nacional de Haití­ (PNH), la Misión de las Naciones Unidas para la Estabilización de Haití­, que ocupa el paí­s con miles de soldados desde junio de 2004, hace esfuerzos puntuales e insuficientes.

Confusión electoral

Hay 120 partidos inscriptos en el paí­s. El sociólogo Anselme Remy, ex-presidente del Consejo Electoral Nacional, afirma que muchas de las agrupaciones no tienen más que una o dos personas. Según él, existen 30 partidos que parecen funcionar, diez de los cuales realmente funcionan. En la población, la multiplicidad de grupos polí­ticos genera enorme confusión. Agrupaciones surgen de la noche a la mañana, no presentan programas y ocupan la arena pública, pues están formadas por personas con influencia sobre los medios de comunicación.

En el primer semestre de 2004, fue creado el Consejo Electoral Provisorio, con integrantes de la sociedad civil, para organizar en 2005, los escrutinios municipales (en octubre), legislativos y presidencial (en noviembre). Con el aval de Latortue, la OEA creó misiones especiales para gerenciar las votaciones.

Técnicos extranjeros van a elegir los lugares de votación y van a controlar la fiscalización de las elecciones. El trabajo de las misiones de la OEA es mantenido en secreto absoluto, y las actividades del Consejo están paralizadas. \"Es un grave ataque a la soberaní­a nacional, pues una organización internacional prepara la disputa electoral de Haití­, sacando de las manos del paí­s el control sobre los medios por los cuales se elige a sus gobernantes\", comenta Remy.

La OEA va a financiar 41,7 de los 44 millones de dólares que van a ser gastados en las elecciones, y el gobierno haitiano el resto. Concluye el sociólogo: \"Con semejante inversión, es de esperar que la OEA quiera un gobernante que la apoye. No nos extrañaremos si los resultados de las elecciones huelen a cosa armada\".

\"Para contener la lucha popular, que adquirí­a contornos de una marea en defensa de cambios sociales radicales, las grandes potencias tuvieron que actuar. No podí­an permitir la efervescencia social. Sacaron a Aristide del poder, un hombre que apoyaban, y ocuparon el paí­s\", analiza la socióloga Suzy Castor
La desestabilización llamada Aristide

Exilado en África del Sur, el ex-presidente de Haití­, Jean-Bertrand Aristide, todaví­a tiene peso sobre el escenario polí­tico del paí­s. Con una fortuna personal estimada en 800 millones de dólares, financia grupos para propagar informaciones positivas a su figura.

Es el caso del Instituto para la Justicia y la Democracia en Haití­, con sede en Estados Unidos y dirigido por Brian Concannon, que enví­a notas para agencias de noticias en todo el mundo. En Haití­, la estrategia es otra.. Antes de su renuncia, Aristide organizó - y armó - bandas de jóvenes para mantener firme su base en barrios populares. Descontroladas, y altamente financiadas, las -gangues- (bandas de matones) actualmente diseminan el terror en las principales ciudades.

En febrero de 2004, Aristide renunció, y fue secuestrado por soldados estadounidenses, que lo llevaron a África. Considerado por varios grupos del mundo un hombre de izquierda, dedicado a las clases populares, en el momento de su salida el ex-presidente era criticado por la mayorí­a del pueblo por sus polí­ticas anti-nacionales.

En el gobierno, Aristide concedió privilegios substanciales a empresas extranjeras, causando el colapso de la producción nacional, principalmente agrí­cola, organizó privatizaciones y reprimió a sus opositores. Descontenta, a partir de finales del 2003, la población salió a las calles y exigió su renuncia.

Traducción: Daniel Barrantes - daniel.barrantes@gmail.com




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