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MSF presenta el informe -Diez crisis humanas olvidadas del 2004-
Recibida de Médicos Sin Fronteras el 21-01-2005 a las 11:01

– Como organización de ayuda humanitaria directa a las víctimas, sentimos la obligación de llamar la atención sobre las crisis humanas condenadas al olvido por intereses políticos, económico o geoestratégicos.-

A la sombra de la catástrofe natural que asoló el sudeste asiático a finales del 2004, MSF publica hoy su informe anual "Diez Crisis Humanas Olvidadas del 2004". Un año que, a nivel informativo y polí­tico, estuvo dominado por la "guerra contra el terrorismo" y la invasión de Irak.

BURUNDI: el cobro de tasas a los pacientes excluye a los más pobres de la atención sanitaria

En Burundi, un paí­s que lucha por emerger de diez años de guerra civil, el sistema de cobro de tarifas a usuarios, o de recuperación de costes, se ha convertido en la piedra angular de la financiación de la asistencia sanitaria. Como resultado, los más pobres del paí­s están pagando un precio catastrófico. Una encuesta médica reciente realizada por MSF encontró que las tasas de mortalidad multiplican por dos el umbral de emergencia y que quienes no pueden pagar apenas tienen acceso a la atención médica. En regiones cubiertas por este sistema, las muertes por malaria fueron dos veces superiores a las de zonas que optaron por cobrar una tarifa plana reducida. Una de cada cinco personas encuestadas dijo que no acudí­a a los centros médicos ni siquiera cuando estaba enferma porque no lo podí­an pagar "“ cosa que no sorprende en un paí­s donde casi el 99% de las personas vive con menos de 1 dólar americano al dí­a y entre un 85 y un 90% de la población sobrevive con 1 dólar americano a la semana. Para muchos, incluso una simple consulta cuesta los ingresos medios de doce dí­as de trabajo. Para acceder a asistencia médica vital, los enfermos se arriesgan a empobrecerse todaví­a más, viéndose obligados a vender sus medios de subsistencia, herramientas y ganado, pidiendo prestadas sumas de dinero que tardarán años en devolver. Los hospitales mantienen confinados a los pacientes hasta que sus familiares encuentran el dinero para pagar el tratamiento recibido. La deficiente financiación del Estado y las prioridades de los donantes internacionales sólo refuerzan este sistema, aunque no hay evidencia de que éste contribuya ni a la sostenibilidad ni a una mejor y más eficiente atención sanitaria. Al final, es la salud de los habitantes más pobres de este paí­s devastado por la guerra la que padece las consecuencias de una polí­tica fallida.

CHECHENIA: El trauma causado por una guerra sin tregua

Una década de intenso conflicto continúa haciendo estragos entre la población de Chechenia. A pesar de que las autoridades repiten que la situación se está normalizando, las ciudades y pueblos están en ruinas y más de 260.000 desplazados viven en condiciones terribles tanto en Chechenia como en la vecina Ingusetia. Desde septiembre del 2003, las autoridades de Rusia e Ingusetia han presionado considerablemente a los desplazados en Ingushetia para que regresen a Chechenia, donde la guerra no cesa. A mediados del 2004, 52.000 personas permanecí­an en Ingusetia intentando sobrevivir las inclemencias del clima en lugares no aptos para la vida "“ campos de tiendas de campaña, vagones de tren, fábricas abandonadas y almacenes sin apenas acceso a servicios de salud, saneamiento o alimentos. Casi todas las 539 personas entrevistadas por MSF en el 2004 habí­an estado expuestas al fuego cruzado, bombardeos aéreos y fuego de mortero. Más de una de cada cinco habí­a sido testigo de asesinatos, y casi la mitad habí­an visto como miembros de su familia eran agredidos. Cerca del 90% de la población en los campos chechenos y del 80% en Ingusetia tení­an algún familiar que habí­a muerto a causa de la guerra. Más de un tercio de las personas en Ingusetia se sentí­an inseguras, mientras que en Chechenia dos tercios expresaron su preocupación por su seguridad. Los arrestos y "desapariciones" son frecuentes a ambos lados de la frontera. Las autoridades están dispuestas a continuar con el traslado forzado de los desplazados, de un emplazamiento inseguro e inapropiado a otro. El futuro de la población atrapada en esta pesadilla totalmente ignorada puede agravarse aún más.

COLOMBIA: La población civil atrapada en el fuego cruzado

Olvidado por gran parte del mundo, el largo conflicto de Colombia continúa causando miseria y desolación entre los civiles. Más de tres millones de desplazados internos viven principalmente en los arrabales de las grandes ciudades y la violencia es todaví­a la primera causa de muerte. Mientras el control sobre los cultivos de coca, el petróleo, la madera y otros recursos han alimentado este conflicto durante décadas, la mitad de la población colombiana vive en la pobreza más extrema. Resulta casi imposible permanecer ajeno al conflicto, porque tanto el gobierno como las fuerzas antigubernamentales consideran a todo el mundo como potencial informador o colaborador. En zonas donde el control cambia de manos, los civiles atrapados en medio pueden ser ví­ctimas de amenazas, ataques o asesinatos. Varias facciones armadas luchan por el control dentro de los suburbios, convirtiendo a la violencia y la intimidación en parte de la vida cotidiana de la gente. El personal médico sometido a amenazas se ve obligado a huir, mientras a los pacientes se les saca por la fuerza de las ambulancias para ejecutarles. Incluso los suministros médicos se han convertido en un objetivo estratégico. Las herramientas de diagnóstico y tratamiento para la leishmaniasis cutánea están fuertemente controladas porque la enfermedad, que principalmente afecta a los habitantes en zonas rurales, es percibida como un indicador de posibles insurgentes o de quienes les dan apoyo. La vida en un estado de miedo constante también está causando estragos en la salud mental de la población. Algunos pacientes caminan durante horas hasta una clí­nica para conseguir aspirinas para su dolor de cabeza, cuando podrí­an conseguirlas en su aldea. Las consultas suelen ir seguidas de visitas con los miembros del personal a cargo de la salud mental, que revelan las aterradoras condiciones de vida en Colombia.

COREA DEL NORTE: la población padece privaciones masivas y represión

Un cataclismo provocado por la mano del hombre continúa haciendo estragos en Corea del Norte, donde la población lucha contra la violenta represión y las privaciones masivas en un paí­s que está prácticamente cerrado a cal y canto al mundo exterior. Según estimaciones, a finales de la década de los 90, de dos a tres millones de personas pasaban hambre y recientes testimonios de refugiados revelan que la situación alimenticia y sanitaria es todaví­a calamitosa. Aunque en el paí­s entran grandes cantidades de ayuda internacional, no hay forma de saber si ésta llega a los más necesitados y son muchos los que sospechan que gran parte de la asistencia recibida simplemente es desviada por el régimen militar. Las reformas económicas, introducidas en julio del 2002, han exacerbado los problemas, disparando la inflación que socava la capacidad de la población para conseguir los alimentos más básicos. Para muchos desesperados norcoreanos, ni siquiera la huida de su paí­s consigue acabar con su angustiosa situación. Considerados como inmigrantes económicos por las autoridades chinas, la mayorí­a viven escondidos porque temen ser arrestados y repatriados a Corea del Norte, donde se les encarcelará y someterá a un trato brutal. Los trabajadores humanitarios que intentan ayudar a estos refugiados se enfrentan al peligro de represalias por parte de las autoridades chinas, que consideran la asistencia como una ofensa criminal. El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) hace años que no ha visitado la región fronteriza aunque China es un paí­s signatario de la Convención para los Refugiados de 1951. Mientras el interés internacional continúa centrándose en el programa de armas nucleares de Corea del Norte, se presta muy poca atención al intenso sufrimiento que padece la población de este paí­s, tanto dentro como fuera de sus fronteras, sin apenas acceso a los servicios más básicos y la seguridad que necesitan para sobrevivir.

ETIOPÍA: Constantes amenazas de hambruna y enfermedades infecciosas

Debido a la carencia crónica de alimentos y a la emergencia de enfermedades, más del 10% de los niños nacidos en Etiopí­a no pasan de su primer año de vida. Con grandes zonas de este árido paí­s propensas a las hambrunas, se estima que un 41% de los 63 millones de etí­opes están desnutridos. Las sequí­as en 1999 y 2001 fueron especialmente severas y el bajo nivel de pluviosidad desde principios del 2003 ha provocado la muerte de un 50% del ganado. Afortunadamente, las recientes lluvias han dado un respiro. Para hacer frente a la persistente inseguridad alimentaria, el gobierno ha iniciado un proceso de varios años de reasentamiento de millones de personas en las fértiles tierras bajas. Este programa de reasentamiento a gran escala ha tenido unas consecuencias fatales para algunas comunidades, exponiéndolas por primera vez a zonas donde el paludismo es endémico. Los competentes médicos etí­opes luchan con los pocos recursos que poseen contra enfermedades infecciosas como el VIH/SIDA, la malaria, la TB y el kala-azar, cuyo tratamiento es caro y a menudo inaccesible. En concreto, la malaria está causando estragos porque la resistencia a los medicamentos hace que los antipalúdicos habituales sean prácticamente inútiles. El gobierno ha cambiado su protocolo de tratamiento de la malaria incluyendo ahora el uso de la alternativa más efectiva hasta la fecha, la terapia combinada con artemisinina (TCA), pero los insuficientes stocks internacionales de TCA amenazan con romperse.

Etiopí­a, importante aliado de EEUU en su "Guerra contra el Terrorismo", cuenta con equipos de militares americanos desplegados en las regiones cercanas a Somalia que califican su trabajo de "ayuda humanitaria". Los equipos médicos de MSF están viendo cómo la situación de seguridad se va deteriorando debido a esta confusión de roles.

LIBERIA: La guerra ha terminado pero la crisis continúa
Los intensos combates en el verano del 2003 en la capital de Liberia, Monrovia, acabaron con la vida de más de 2.000 personas y provocaron numerosos heridos. Pero más de un año después del fin de esta guerra civil que ha durado 15 años, la situación de crisis continúa reinando en Liberia. Quedan pocas infraestructuras en pie, dejando a la población sin los servicios más básicos como agua y electricidad. Los servicios de salud, escasos en las principales ciudades, apenas existen en las zonas más remotas del paí­s y únicamente 30 médicos liberianos trabajan hoy en este paí­s de más de 3 millones de personas. Las mujeres continúan siendo ví­ctimas de la violencia sexual "“ desde octubre del 2003 a julio del 2004, más de 800 personas habí­an acudido a MSF en busca de tratamiento provenientes de campos de desplazados que albergan a 35.000 personas en el norte de Monrovia. La frágil paz en Liberia peligra con las presiones internas y externas. Según estimaciones, las partes en su dí­a enfrentadas sólo depusieron una tercera parte de las armas durante el proceso de desarme que oficialmente terminó en octubre del 2004, mientras la inestabilidad en los paí­ses vecinos, Costa de Marfil y Guinea, amenaza con traspasar la frontera. Y a medida que va creciendo el descontento general en muchos segmentos de la sociedad, más de 300.000 personas viven todaví­a desplazadas dentro del paí­s, con 300.000 más refugiadas en los paí­ses vecinos.

REP. DEM. DEL CONGO (RDC): un interminable y devastador conflicto
La población volvió a ser ví­ctima de la violencia cuando estallaron los combates en el Norte de Kivu en diciembre del 2004. Casi 150.000 personas huyeron desesperadamente de Kayna, Kayanbayanga y Kirumba pocas semanas después de la huida de otros miles en la región de Mitwaba. Éstos son los capí­tulos más recientes de una década de guerra, que ha costado la vida de aproximadamente tres millones de personas y ha arruinado las infraestructuras de un paí­s sumido en la pobreza. Ciudades como Bunia, provincia de Ituri, todaví­a padecen las cicatrices de los combates del año pasado, con unos í­ndices de violaciones en aumento. Las divisiones étnicas y polí­ticas causan estragos en un paí­s del tamaño de Europa occidental y muchos congoleños no pueden hacer frente ni a las necesidades más básicas. Las milicias locales y tropas gubernamentales se aprovechan de los civiles en el Este del paí­s. En la provincia de Katanga, la precariedad y la falta de accesibilidad a las estructuras de salud se ven agravadas por la llegada de desplazados internos que retornan a sus lugares de origen. En todo el paí­s, los servicios médicos, cuando existen, son totalmente deficientes, la cobertura vacunal contra el sarampión apenas supera el 50% y las pobres condiciones de saneamiento y la falta de agua potable causan frecuentes brotes de cólera y fiebre tifoidea. Un acuerdo de paz firmado por siete facciones enfrentadas en diciembre del 2002 condujo a un gobierno de transición y al despliegue de las fuerzas de paz de la ONU en el Este, pero la situación continúa deteriorándose. Incluso con las elecciones programadas para junio del 2005, queda mucho por hacer para restaurar la sensación de seguridad o la esperanza a una población devastada por una guerra sin un final a la vista.

SOMALIA: devastada por la anarquí­a y el caos
Catorce años de violencia han afectado de forma dramática a la población de Somalia de nueve millones de habitantes, con aproximadamente dos millones de desplazados o muertos desde que estalló la guerra civil en 1990 y, según estimaciones, cerca de cinco millones de personas sin acceso a agua limpia o a atención sanitaria. El colapso del sistema de salud, junto con la de otros servicios gubernamentales, ha afectado particularmente a mujeres y niños: una de cada dieciséis mujeres muere durante el parto, uno de cada siete niños muere antes de cumplir su primer año de vida y uno de cada cinco antes de cumplir los cinco años. Las catástrofes naturales como las inundaciones en los valles de Juba y Shabelle no han hecho más que empeorar el desastre humano, causando elevados í­ndices de desnutrición crónica y enfermedades prevenibles. Aunque el recientemente elegido gobierno central ofrece un rayo de esperanza, la violencia todaví­a hace estragos entre la población mientras las depredadoras milicias y los señores de la guerra ejercen el poder para conseguir beneficios económicos. De enero a noviembre del 2004 en Galcayo, en una de las zonas más estables de Somalia, MSF trató a casi 1.000 personas con traumas provocados por la violencia, incluyendo a 262 heridos por armas de fuego. La inseguridad reinante en muchas zonas y la falta de atención internacional tiene como resultado un desierto de asistencia de emergencia, abandonando a muchos segmentos de la sociedad en una situación desesperada en medio del más apabullante olvido.

TUBERCULOSIS: una enfermedad fuera de control
La Tuberculosis (TB) mata a una persona cada 15 segundos, acabando cada año con millones de vidas en los paí­ses en ví­as de desarrollo aunque la enfermedad sea curable. En realidad, una tercera parte de la población mundial está infectada con el bacilo de la TB y cada año ocho millones de personas desarrollan TB activa. Actualmente, la mayorí­a de programas de lucha contra la TB basan su diagnóstico en el análisis de esputos al microscopio, desarrollado en 1882, y gran parte del tratamiento administrado depende de medicamentos creados hace 60 años. La terapia puede tardar hasta nueve meses en completarse, mientras las cepas multirresistentes a los medicamentos (MDR-TB) y la coinfección con el VIH/SIDA no han hecho más que aumentar el balance de ví­ctimas, convirtiendo la desastrosa situación en una pesadilla. Existe la acuciante necesidad de cambios radicales en la forma de abordar la TB a nivel global, desde la investigación y desarrollo de nuevos medicamentos, análisis de diagnóstico que detecten todas las formas de TB en todos los pacientes "“ especialmente en los niños y personas que viven con el VIH/SIDA "“ a programas de tratamiento innovadores que vayan más allá del Tratamiento de Observación Directa a corto plazo (DOTS). "Ha llegado el momento de admitir abiertamente que nunca conseguiremos "˜controlar la TB"™ prescribiendo más de lo mismo," afirma la Dra. Francine Matthys, asesora de TB de la Campaña para el Acceso a Medicamentos Esenciales de MSF. "Se necesitan grandes inversiones de inmediato para poder diagnosticar y tratar de forma efectiva a todas las personas con TB en el plazo de tiempo más breve posible."

UGANDA: Dolor y miedo intenso en el norte del paí­s
Durante 18 años, los habitantes del norte de Uganda han tenido que soportar un brutal conflicto sin repercusión para el mundo exterior. Más de 1,6 millones de personas "“ un 80% de la población del norte de Uganda "“ se han visto obligadas a abandonar sus hogares y ahora viven en condiciones miserables. Los civiles son agredidos y asesinados por el Lord"™s Resistance Army (LRA) en sus propias aldeas y en los campos en los que han buscado refugio. El LRA ha raptado a decenas de miles de niños, obligándoles a combatir y a convertirse en esclavos sexuales, un temor que provoca que 50.000 niños se dirijan cada noche en tropel a los centros de las ciudades en todo el norte provenientes de lugares incluso a 20 kilómetros de distancia en busca de un lugar seguro donde dormir. El ejército ugandés ha trasladado contra su voluntad a cientos de miles de civiles a "aldeas protegidas" que ofrecen poca seguridad y apenas ningún tipo de asistencia, y somete a la población a redadas brutales contra cualquier sospechoso de pertenecer a las milicias del LRA. Mientras el balance de muertos por la violencia directa alcanza las decenas de miles de personas, la escasez crónica de alimentos y de agua en 200 asentamientos provisionales en todo el norte del paí­s también se ha cobrado un precio muy elevado. Sólo en noviembre del 2004, MSF registró un incremento de la tasa de mortalidad en seis campos en los distritos de Lira y Pader, donde enfermedades prevenibles como la malaria, las infecciones respiratorias y la diarrea están acabando con la vida de muchas personas. Las recientes propuestas de paz por parte del LRA y del gobierno no han llevado a una mejora palpable de la situación para unas personas que viven en condiciones deplorables y con un temor constante.




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