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Colombia: MSF transfiere el programa contra la violencia urbana al gobierno en Cali Recibida de ADITAL el 21-12-2004 a las 12:12
Después de seis años al frente de un proyecto revolucionario de atención a las víctimas de la violencia urbana en Cali, Colombia, la organización humanitaria internacional Médicos Sin Fronteras (MSF) está dejando el distrito de Aguablanca, uno de los más violentos del país. A partir de este lunes 20 de diciembre, toda la infraestructura, los equipos, vehículos y pacientes del Programa de Rehabilitación Integral y Prevención de la Violencia estarán a cargo de la ESE Oriente, una empresa social ligada a la alcaldía de la ciudad. A pesar de Cali haber sido la sede de uno de los mayores carteles de cocaína de América Latina y estar próxima a regiones todavía dominadas por la guerrilla de izquierda o Paramilitares de derecha, menos del 20% de los homicidios en la ciudad tienen relación directa con el comercio de drogas, y en todo el país no llegan al 15% de las muertes relacionadas con el conflicto interno. Como en la mayor parte de los países de América del Sur, los altos índices de violencia reflejan mucho más cuestiones económicas y de exclusión social. – MSF vino a Cali en 1996 para intentar ayudar a disminuir el número de adolescentes embarazadas y de muertes en los partos, pero también encontramos este cuadro terrible de violencia, con bandas de jóvenes desocupados luchando entre sí, familias completamente desestructuradas, vecinos matándose por motivos fútiles y adolescentes sin perspectivas a largo plazo deseando sólo el consumo inmediato de símbolos de status, como zapatillas importadas, y no preocupándose si tienen que matar por ello-, cuenta Justine Simons (foto), coordinadora del Programa de MSF. -Uno de los grandes motivos fue el dinero fácil de las drogas a mediados de los años 90, asociado a la falta de presencia del Estado, y el hecho es que no existe ningún trabajo real para desarmar esta cultura de violencia-. Si no hay un trabajo cultural, ni una transformación social a la vista, por lo menos en el campo médico la situación está cambiando. En los primeros años, el MSF intentó atraer a los jóvenes hacia centros de recreación, pero la iniciativa no tuvo gran repercusión. Entonces, la entidad decidió concentrarse en la cuestión médica y ofrecer servicios post hospitalarios de atención integral a las víctimas de la violencia urbana que no eran proporcionados por el Estado. El Programa, iniciado en 1998, estuvo consolidado a partir del 2001 con una estructura de atención involucrando no sólo aspectos físicos, sino también sociales, familiares y psicológicos. El proceso comienza con la visita de los promotores entrenados por MSF a lesionados en los hospitales y también en las casas, para explicar el Programa e invitar a las víctimas de la violencia a participar del mismo. Los pacientes que quisieran ser parte del programa pasan primero por una entrevista con un asistente social que verifica la situación legal, de empleo, residencia, familia, etc. En seguida, el sector de enfermería hace una evaluación del cuadro clínico y de los procedimientos médicos realizados. El próximo paso es dado por los fisioterapeutas que definen el tratamiento de rehabilitación física, cuando es posible, o de disminución de las secuelas. Por último, los pacientes son atendidos por los psicólogos que hacen el seguimiento del impacto emocional que el evento violento produjo en la vida de las personas directamente tocadas e intentan involucrar a las familias en la recuperación. El objetivo es la promoción de la -convivencia pacífica-. En seis años, el Programa de Rehabilitación Integral y Prevención de la Violencia atendió a más de 2.700 personas (el hospital local recibe cerca de 3.000 víctimas de violencia por año). De éstos, el 20% sufrieron lesiones graves con incapacidades permanentes y reciben un tratamiento médico de cinco a seis meses para adaptarse a la nueva situación. El resto sufrió lesiones más simples, que en general pueden ser totalmente revertidas con dos o tres meses de cuidados y fisioterapia adecuados. Todo depende, claro, del esfuerzo de la persona damnificada y del compromiso de la familia en su recuperación. De cualquier forma, el Programa es un éxito absoluto y ha llamado la atención tanto del Estado como de la sociedad civil. Y además, muchos pacientes atendidos descubren un nuevo sentido en la vida y cambian el rumbo que llevaban. A causa del impacto positivo en la sociedad, la continuidad del programa es fundamental. Como no es un programa típico de MSF, sus coordinadores siempre supieron que un día tendrían que conseguir recursos para que se mantuviese en forma independiente, o fuese transferido al Estado. -En 2003 hicimos un estudio de financiamiento para programas de prevención de la violencia y descubrimos que existía dinero disponible tanto del BID como del propio Plan Colombia, pero que el gobierno no tenía ningún programa de salud que pudiese utilizar esos recursos-, explica la enfermera Madelen Hernandez. -Con esto conseguimos convencer a la alcaldía de Cali de que asumiera el Programa y nos responsabilizamos para transferir nuestro conocimiento y capacitar a todo el personal de atención de salud-. Incluso más, MSF decidió involucrar a toda la comunidad de Aguablanca. Además de los ocho médicos entrenados por cuatro meses en las directrices del Programa, los líderes comunitarios también fueron invitados a participar y cerca de 200 voluntarios fueron capacitados para difundir el proyecto en la comunidad. Siete ex-pacientes formaron un -grupo de escuchadores- para recibir reclamos o sugerencias de nuevos pacientes y otras ocho personas que están siendo atendidas están montando una -agrupación de usuarios-, también para garantizar que se mantenga el mismo nivel de calidad. Se produjeron además una exposición fotográfica y un libro, llamados Historias de Vida "“ Memorias en el Cuerpo, que tuvieron una gran repercusión en los medios de comunicación a nivel nacional. Con eso, la iniciativa traspasó las fronteras de Cali y se difundió por todo el país. – En este momento estamos traduciendo todo el material sobre el Programa para su distribución dentro de MSF y ofreciendo el acceso de la información a todas las ONGs interesadas, de tal manera de estimular su replicación en otras regiones y países-, cuenta Justine. -También hemos dado charlas y cursos en las universidades y hospitales de Cali-. El problema es que el Programa no es un proyecto de emergencia médica característico de MSF y la entidad, como todas las organizaciones humanitarias, está enfrentando una baja en las donaciones internacionales desde el inicio de la -Guerra contra el terror- estadounidense. De cualquier manera, la estrategia de divulgación ya está funcionando. Otros cuatro proyectos semejantes están en implementación en Cali y el propio MSF está analizando la posibilidad de implementar el Programa en Medellín. * Vinicius Souza y Maria Eugíªnia Sá son caloboradores de Adital y periodistas de Media Quatro. |
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