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Burundi: Cierre de los campos tras la partida de los refugiados congoleños
Recibida de Médicos Sin Fronteras el 29-10-2004 a las 11:10

La masacre de 160 personas en el campo de Gatumba (Burundi) el pasado mes de agosto, ha precipitado la partida de los refugiados congoleños y el cierre de los campos en la provincia, por lo que MSF ha decidido poner fin a sus actividades en los campos. Aunque la mayoría de los refugiados ha regresado a la República Democrática del Congo (RDC), mil de ellos han preferido quedarse en Burundi y han sido trasladados a un campo más seguro en el centro del país.

Dos meses después de la masacre en el campo de Gatumba, en la provincia de Cibitoké, al noroeste de Burundi, se han cerrado todos los campos de refugiados congoleños en la región, por lo que MSF ha tenido que poner fin a sus actividades en la provincia. La gran mayorí­a de refugiados han decidido regresar a sus aldeas en la RDC, donde vuelve a reinar la calma y se aproxima la época de cultivo. únicamente mil refugiados han preferido quedarse en Burundi. Se trata principalmente de Banyamulenges, la etnia que fue objeto de las matanzas en el campo de Gatumba. Estos refugiados, con la ayuda del gobierno burundés y bajo la protección del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), han sido trasladados a un campo situado en el centro del paí­s, donde otra organización humanitaria se encargará de asistirles con la atención médica que necesiten.

Refugiados -con experiencia-

En junio, cerca de 10.000 refugiados congoleños llegaron a la provincia de Cibitoké, región burundesa fronteriza con la RDC y Ruanda. Ese mismo mes los combates entre el ejército congoleño y soldados disidentes liderados por el coronel Jules Mutebusi en el este de la RDC, en los alrededores de las ciudades de Bukavu y Uvira, obligaron a algunos de estos refugiados a huir. Los dos campos más grandes que se establecieron al noroeste de Burundi, el de Rugombo y el de Karurama, albergaban cada uno a cerca de 4.000 refugiados, según estimaciones de los equipos de MSF.

– Nos encontramos con refugiados "˜con experiencia"™, por desgracia habituados la mayorí­a de ellos a abandonar sus aldeas y concentrarse en campos donde improvisar lo más parecido a una vida normal y corriente.- explica Cyril, médico en los dos campos. -La vida en los campos se organizó con gran rapidez. Nos ocupamos de la asistencia primaria de salud; otras organizaciones no gubernamentales y agencias de la ONU atendí­an otras necesidades: construcción, abrigo, distribución de alimentos, suministro de agua potable, etc.-

Una situación sanitaria rápidamente bajo control

MSF instaló un dispensario en cada uno de los campos donde equipos móviles se hací­an cargo de las consultas. -Cada dí­a realizábamos consultas en cada uno de los campos-, explica Charline, enfermera del centro de salud en Karurama. -En tres meses realizamos un total de 11000 consultas. Referimos los casos más graves así­ como a las mujeres ví­ctimas de violencia sexual a los hospitales de Bujumbura. Durante los primeros dí­as de nuestra intervención, realizamos una campaña de vacunación contra el sarampión y en cinco dí­as vacunamos a 3.000 niños de edades comprendidas entre los 6 meses y los 15 años.-

Los equipos de MSF instalaron inicialmente su base en Bujumbura, la capital de Burundi, situada a unos 80 kilómetros de la provincia de Cibitoké. -Tení­amos que hacer el viaje de ida y vuelta cada dí­a-, comenta Charline. -Las consultas empezaban a las 8 de la mañana, y tení­amos que interrumpirlas al cabo de 15 horas ya que debí­amos llegar a Bujumbura, a dos horas en coche, antes del anochecer. Durante nuestra ausencia, la permanencia en los dispensarios estaba asegurada por una de nuestras enfermeras en los campos.- A principios de agosto, a fin de reducir el tiempo de viaje diario y poder ampliar los horarios de consulta, los equipos decidieron trasladar su base a Cibitoké.

Retorno precipitado

Pero el ataque y la matanza perpetrada el 13 de agosto de 2004 en el campo de Gatumba, a menos de 5 kilómetros de la frontera con la RDC, precipitaron el regreso de los refugiados. El gobierno burundés decidió cerrar los campos en la provincia de Cibitoké, situados demasiado cerca de la frontera para poder garantizar la seguridad de los refugiados en un contexto polí­tico regional muy tenso. Una vez superada la situación de emergencia durante la cual nuestros equipos se ocuparon de la asistencia médica y quirúrgica de los heridos del campo de Gatumba, el número de refugiados se redujo con gran rapidez, así­ como el ritmo de las consultas. En octubre, se puso fin a las actividades de MSF en los campos.




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