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Débora Arango: una revolución inédita del arte colombiano
Recibida de Museo de América el 23-09-2004 a las 07:09

El Museo de América presenta entre los días 23 de Septiembre y 21 de Noviembre 2004 en su sala de exposiciones temporales DEBORA ARANGO Una revolución inédita en el arte colombiano que ha sido posible gracias a la colaboración de la Embajada y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia. La muestra es una selección de 30 obras, 16 acuarelas y 14 oleos de gran formato, escogidas de entre las 233 obras que la artista donó de forma altruista al Museo de Arte Moderno de Medellín y que conforman casi la totalidad de su obra.

Es la primera vez que podemos disfrutar en Europa de una muestra individual de esta gran artista, considerada patrimonio nacional de Colombia.

Débora Arango nace el 11 de Noviembre de 1907 en Medellí­n, Colombia. Es la octava hija de una familia católica tradicional antioqueña de doce hermanos. Su obra ha sido objeto de duras crí­ticas y a sus 97 años, sigue siendo una de las figuras más frescas y renovadoras del arte en Colombia. Su peculiar obra aún debe encontrar su hueco en la historia del arte latinoamericano.

El escándalo de su producción se debe tanto a la fealdad de su temática como a la violencia en el uso del color, que acentúa la expresión y el dramatismo, de donde surge su singular fuerza expresionista a través de los contrastes y de la exageración.

En la obra de Débora Arango convergen tres fuerzas: La memoria, los conflictos sociales y la circunstancia de ser mujer. Débora es la primera pintora colombiana en vincular el valor moral con el arte.

Hasta 1930 su vida se divide entre las clases de pintura y su formación autodidacta a través de sus lecturas de filosofí­a y de escritores de todas las tendencias. Impulsa su formación académica estudiando pintura en el Instituto de Bellas Artes de Medellí­n donde experimenta el desnudo a escala.

Su condición de mujer artista está estrechamente viculada al tratamiento del desnudo: Con una naturalidad sin lí­mites y un profundo conocimiento de la anatomí­a humana, nos ofrece recursos expresivos únicos. En sus desnudos, paisajes en carne humana, sus modelos no posan y sus miradas nos retan con desfachatez, lujuria y maldad. Su arte puso en evidencia la ambigí¼edad moral de la sociedad colombiana.

Débora Arango encontró en la temática social aliento para su originalidad pintando y tomando apuntes de las escenas más patéticas que la vivencia de la modernidad deja en la urbe. Su pintura de denuncia polí­tica y social rompe con la opresión del pasado y por ello, fue considerada una rebelde. Débora carga de emoción las escenas cotidianas rudas y violentas.

En la década de 1930, la región de Antioquí­a sufrió una serie de cambios polí­ticos y sociales que se manifestaron en la creación de la artista colombiana. Este ambiente de agitación social provocó la formación del grupo -Los Independientes-, que respaldaron el movimiento revolucionario de los artistas latinos, que tuvo su forma de expresión en el mural.

Así­, la antioqueña pasa a convertirse en icono de lo marginal y firma su condena al retratar lo antisocial. En sus pinturas, las clases más desfavorecidas (servidumbre, borrachos, huérfanos y prostitutas) adquieren protagonismo denunciando la marginalidad como consecuencia de la injusticia social.

En 1940 expuso individualmente en el Teatro Colón de Bogotá y al dí­a siguiente se desmontó la exposición por presiones morales y polí­ticas. En 1955, mostró su obra en Madrid por invitación del Instituto de Cultura Hispánica, pero inexplicablemente, y a pesar del éxito de público y de crí­tica, la exposición fue clausurada por orden del gobierno del general Franco.

En 1986 Débora dona a la colección del Museo de Arte Moderno de Medellí­n 230 obras, entre acuarelas y óleos. Los años 90 son un periodo de rehabilitación de la artista. El reconocimiento se materializa a través de muestras de su obra, homenajes, premios y distinciones.

Débora Arango, además de mujer y pintora, es prisionera polí­tica de su realidad social. Su compromiso es con el arte y con su momento social. Sus telas, acuarelas y dibujos nos enfrentan a nuestra condición humana; exhiben lo prohibido y no lo hermoso de las cosas. Su desinterés por la belleza le condujo a consolidar una estética propia de lo feo.

Del 23 de septiembre al 21de noviembre de 2004. Sala de Exposiciones temporales.

Museo de América (Avda. Reyes Católicos, 6)

ENTRADA LIBRE




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