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Sudán: Una delegación de Amnistía Internacional visita un campo próximo a Al Yeneina Recibida de Amnistia Internacional el 17-09-2004 a las 04:09
La delegación de Amnistía Internacional en Al Yeneina visitó un campo de desplazados internos en Sissi, localidad situada a 40 kilómetros de la ciudad de Al Yeneina. – De camino al campo encontramos varios poblados que habían sido destruidos por el fuego y estaban ya prácticamente cubiertos de vegetación. Vimos rebaños de camellos, cabras y vacas a cargo de pastores nómadas en tierras donde anteriormente se levantaban poblados de tribus agrícolas. Nos dijeron que las cabras y las vacas probablemente habían sido robadas en los poblados incendiados-, afirma Judith Arenas, portavoz de la organización En el camino, la delegación se encontró con un grupo de mujeres desplazadas que habían ido a buscar leña y regresaban ya al campo de Al Yeneina. En el momento en que los delegados empezaron a hablar con ellas, apareció un nómada a caballo que las amenazó por llevarse leña de esas tierras,que aseguró que le pertenecían. Este incidente mostró a pequeña escala las tensiones existentes entre las comunidades nómadas y agrícolas que coexistían anteriormente en la zona. En el campo de Sissi, la delegación habló con una gran reunión de jefes,así como con mujeres. El campo acoge en la actualidad a unas 11.600 personas de 53 poblados y 106 jeques, la mayoría de las cuales habían acudido allí al ser sus hogares brutalmente atacados y destruidos entre diciembre de 2003 y febrero de 2004. Los delegados les oyeron contar las atrocidades que les habían obligado a huir de sus poblados. Los desplazados internos afirmaron que sus poblados habían sufrido bombardeos aéreos y que entre los atacantes había hombres con uniformes del ejercito y de las Fuerzas Populares de Defensa. La población parecía estar traumatizada aún por la experiencia y parecía no confiar en la capacidad y la voluntad del gobierno para protegerles,a pesar de que era evidente que las autoridades habían aumentado el número de policías y de patrullas policiales en Sissi y sus alrededores. La gente del campo contaba que se entía "sitiada" y que era "peor que estar en la cárcel". Decía que había muchos yanyawid en los alrededores y que la policía no hacía nada cuando los hombres armados se paseaban por el campo y robaban a los desplazados. Los hombres aseguraban que no salían del campo porque temían que los mataran, y las mujeres se aventuraban a salir para buscar leña, por ejemplo, pero, a menudo, los jinetes las azotaban o golpeaban. La delegación se enteró de que, desde febrero de 2004, habían sido violadas 76 mujeres, dos de ellas hacía sólo unos días, que habían salido a recoger leña, y que ocho estaban embarazadas a causa de ello. La gente no se molestaba en presentar denuncia, porque pensaba que los responsables actuaban con el apoyo de la policía. En vez de denunciar, la mayoría de las víctimas de violación se mudaban a otros campos de Al Yeneina para no ser reconocidas ni estigmatizadas. La delegación no vio que se prestaran servicios médicos, sociales ni de ningún otro tipo a las víctimas de violación en el campo. De camino al campo, la delegación se encontró con un grupo de unos 40 desplazados internos que habían levantado con plásticos un campamento provisional, al lado de una comisaría de policía con ochenta agentes, recién instalada en las inmediaciones de Habila Kanare. Sin embargo, los desplazados no se sentían seguros en absoluto; llevaban allí sólo unas noches, pues habían ido para recoger mijo silvestre, juncos y leña, y pensaban volver en seguida al campo de la Al Yeneina del que precedían. La mayoría de los desplazados pertenecían a los poblados destruidos o incendiados de la zona de Habila Kanare que la delegación había visto antes. Los delegados hablaron con varias mujeres que reiteraron con vehemencia que tenían miedo, que les gustaría regresar lo antes posible a su campo de la ciudad y que sólo se habían aventurado a salir de él porque necesitaban desesperadamente comida, juncos para techar las chozas y leña. En total, la delegación habló con varias decenas de desplazados, ninguno de los cuales se sentía seguro y todos los cuales afirmaban con vehemencia que no confiaban en el gobierno porque no creían que hubiera hecho suficiente para garantizar la protección de sus derechos humanos ni antes ni ahora. Información General |
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