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Donald Trump ridiculiza y minimiza la tragedia del huracán María en Puerto Rico
Recibida de Más Voces el 09-10-2017 a las 11:10

En solo dos semanas, desde el devastador paso del huracán María hasta la ridícula visita de Donald Trump, los puertorriqueños volvieron a darse cuenta de que Washington los trata como ciudadanos de una simple colonia de Estados Unidos. El huracán acabó con todo. Llegó con vientos de 240 kilómetros por hora y olas gigantescas, lo que lo convirtió en el más fuerte en 80 años, y arrancó techos, arrasó colegios y evaporó conexiones a Internet. “Esto es un desastre mayor. Que a nadie le quepa duda de eso”, dijo a la mañana siguiente el gobernador Ricardo Rosselló, que le pidió al presidente estadounidense que declarara la isla “zona de desastre”. Una semana más tarde, más del 90 por ciento de la gente seguía sin luz y un porcentaje aún mayor no encontraba agua para calmar la sed. Presa de la angustia, la alcaldesa de San Juan, Carmen Yulín Cruz, señalaba que la gente bebía de cualquier quebrada o río, con el consiguiente peligro de contraer enfermedades. “La ineficiencia nos está matando. Le suplico a quien nos oiga: ayúdennos”, imploró. Fue entonces cuando entró en escena Trump, que no tuvo reparo en criticar a la alcaldesa por su “falta de liderazgo” frente a la tragedia. Lo curioso, sin embargo, es que el presidente llevaba más de una semana sin anunciar viaje a Puerto Rico, un ‘estado asociado' de Estados Unidos desde los años cincuenta, cuyos habitantes gozan de pasaporte estadounidense, pero solo tienen un representante en el Congreso en Washington, con voz, pero sin voto. Como no le quedaba más remedio, Trump voló finalmente a Puerto Rico junto con su esposa, Melania. Tras aterrizar en una base aérea, casi todo lo que dijo e hizo después fue absurdo. Ante Rosselló y varios líderes locales advirtió que el huracán María no había sido “una tragedia real” porque solo había dejado 16 muertos, mientras que el Katrina se había cobrado en New Orleans “centenares, centenares y centenares de vidas”. Pero además acusó a Puerto Rico de hacer descarrilar el presupuesto nacional. Y luego, en una iglesia en Guaynabo, repartió bolsas de papel de cocina, arrojándolas a la multitud como quien lanza un balón de baloncesto. Y se marchó. A esto se suman las denuncias que acusan al Gobierno de Estados Unidos de confiscar en el puerto las donaciones que han realizado países de la región y que no pueden ser distribuidas entre la población. Lo más dramático es que se estima que Puerto Rico debe conseguir 70.000 millones de dólares para ponerse nuevamente en pie. El problema es que esa cantidad es muy similar a la deuda impagada en los últimos años, por lo cual el pasado mes de mayo Puerto Rico se declaró en quiebra y quedó en la lista negra para pedir créditos de cualquier tipo. Escucha a la periodista puertorriqueña, Marisela Robles.





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